Note that the best refutation of @PikettyWIL 's argument is his own picture. Billionaires increased most in the two places where the economy grew and poverty drastically went down: South Asia and East Asia. The best solution to poverty is a freer, growing, dynamic economy.
El PIB real de España casi se ha doblado desde 1995. El PIB por hora trabajada apenas ha subido un 19%.
Casi todo el crecimiento viene de sumar factores: la población pasa de 39 a 49 millones y el empleo se dispara. La productividad, lo que sostiene salarios y bienestar a largo plazo, lleva treinta años plana.
Un documento de Red Eléctrica demuestra que operó el sistema al límite y ahora reclama 600 millones como solución.
El propio operador reconoce ahora lo que negó tras el apagón: el amortiguamiento de las oscilaciones estuvo durante muchas horas por debajo del 5% que exige su propio procedimiento de operación, y el avance asimétrico del fotovoltaico cambió los flujos respecto a lo planificado.
El sistema operaba al límite y la respuesta es pedir 607 millones de inversión y más ciclos de gas en "modo reforzado".
Por @raulmasa.
https://t.co/e2Ahmz8hdr
¿Por qué las listas abiertas son una estupidez?
Siempre que hablo de los problemas de España, en los comentarios surgen de inmediato dos ideas como “soluciones”: las listas abiertas y la barrera del 5% de entrada al Congreso de los Diputados. Ambas son propuestas erróneas. No solo no solucionarían nada: empeorarían la situación.
Hoy me ocupo de las listas abiertas. Del 5%, cuando tenga otro rato.
Lo primero que he descubierto es que cada cual entiende por listas abiertas lo que le da la gana. Unos piensan en un sistema mayoritario uninominal, como el de casi todas las elecciones en Estados Unidos. Otros, en la posibilidad de señalar preferencias dentro de la lista de un partido, de modo que a los diputados elegidos los determinen las preferencias de los electores y no su puesto en la lista.
El caso más general es el de las elecciones al Senado en España. (Vaya: resulta que YA tenemos listas abiertas para una de las dos cámaras de las Cortes.) En cada provincia peninsular, por ejemplo, cada elector puede marcar tres nombres entre los candidatos al Senado en la combinación que quiera: tres del PSOE, dos del PP y uno de Vox, lo que sea. Lo único que no puede hacer es escribir un nombre nuevo (en inglés lo llaman “write in”).
El argumento de sus defensores es que las listas abiertas harían el sistema más democrático y obligarían a los partidos a responder mejor a las demandas de los electores.
La pregunta obvia es: ¿y queremos que eso ocurra? La triste realidad es que, una y otra vez, en España y en muchos otros países, los electores no premian a los políticos más responsables y éticos, sino a los más demagógicos y corruptos. El político que manipula el presupuesto público en favor “de los míos” parte con ventaja en un sistema de listas abiertas. El político serio y responsable es el “empollón de la clase”, al que la gente no vota.
El marco de referencia de la literatura es Carey y Shugart (1995), sobre los incentivos al voto personal; el mecanismo que une listas abiertas y corrupción (el voto personal es caro y hay que financiarlo) lo desarrolla Chang (2005) y, condicionándolo a la magnitud del distrito, Chang y Golden (2007). En el plano transnacional, Persson, Tabellini y Trebbi (2003) y Kunicová y Rose-Ackerman (2005) encuentran correlaciones entre las reglas electorales y la corrupción, pero Treisman (2007) concluye que dichos efectos son frágiles y no resisten la inclusión de controles ni el cambio de año en los datos.
Y hay una razón de fondo para esa fragilidad: los sistemas electorales no se asignan al azar, los eligen los propios países. Lo que empuja a una sociedad a adoptar listas abiertas (su cultura política, su historia de partidos, su grado de clientelismo) suele ser lo mismo que determina su nivel de corrupción, de modo que cualquier correlación entre la regla y el resultado confunde el efecto del sistema con el sesgo de selección de quién lo adopta.
La conclusión es que las listas abiertas tienen efectos positivos minúsculos o, más a menudo, efectos negativos nítidos sobre la corrupción y la gobernanza.
A fin de cuentas, ¿ve alguien que el Senado funcione mejor que el Congreso? ¿Y no podrían los partidos, a fin de cuentas, seleccionar a sus candidatos igual que para el Senado, hasta volver irrelevantes las listas abiertas?
Más grave todavía: las listas abiertas fragmentan los partidos. Permiten que pequeños grupos de interés y camarillas personales se hagan con puestos de representación que intoxican aún más el sistema político.
En España ya tuvimos un sistema generalizado de listas abiertas: el de la Segunda República. Muchas cosas mataron a la Segunda República, pero la fragmentación y la radicalización que aquel sistema favoreció fueron una causa importante.
Entonces, ¿por qué está tan extendida la idea de las listas abiertas? Porque España es un país sin tradición analítica. Los argumentos son siempre “de letras”, sin mirar la evidencia internacional e histórica. Solo atendemos a si “suenan bien” y “lista abierta” suena fenomenal.
Pero las listas abiertas son una idea horrorosa.
Y sí, soy consciente de que tendré 200 comentarios negando la evidencia. Esto es España, y en España la evidencia y el rigor son ortogonales.
Referencias:
Carey, John M. y Matthew S. Shugart (1995). "Incentives to Cultivate a Personal Vote: A Rank-Ordering of Electoral Formulas." Electoral Studies 14(4): 417–439.
Chang, Eric C. C. (2005). "Electoral Incentives for Political Corruption under Open-List Proportional Representation." The Journal of Politics 67(3): 716–730.
Chang, Eric C. C. y Miriam A. Golden (2007). "Electoral Systems, District Magnitude and Corruption." British Journal of Political Science 37(1): 115–137.
Persson, Torsten, Guido Tabellini y Francesco Trebbi (2003). "Electoral Rules and Corruption." Journal of the European Economic Association 1(4): 958–989.
Kunicová, Jana y Susan Rose-Ackerman (2005). "Electoral Rules and Constitutional Structures as Constraints on Corruption." British Journal of Political Science 35(4): 573–606.
Treisman, Daniel (2007). "What Have We Learned About the Causes of Corruption from Ten Years of Cross-National Empirical Research?" Annual Review of Political Science 10: 211–244.
.@tylercowen on why AI creates more jobs than it destroys:
"One of the neatest properties of current AI models is they allow a small number of individuals working with AI to really do a lot more work than was possible previously."
"This will mean more companies, more projects, more nonprofits, just more ventures."
"One area is generally energy, electricity, the grid... It's completely screwed up. It will take twenty years, thirty years, forty years to fix... The AIs cannot do that on their own."
"The biomedical sector and medical trials, there will be many, many, many more ideas to test. AIs will help with the testing, but I don't think pure testing by simulation will be possible anytime soon."
"Simply care for the elderly. There will be robots, personal companions. We have this already. But the elderly also will want human care. It wouldn't surprise me if in the future, fifteen, twenty percent of all jobs were elderly care."
"Luis Garicano had an excellent online essay. He referred to what he called 'messy jobs': jobs where it's hard to explain exactly what the job is, but on a given day you're doing eleven different things, and it requires coordination and figuring out what you ought to do next and getting other people to help you... There's a real future in messy jobs."
Tyler Cowen with @dataWyatt
Informe sobre la crisis en las Humanidades y Ciencias Sociales
Un informe oficial publicado en abril de 2026, encargado por rectores de universidades de élite de Estados Unidos y dirigido por el filósofo Paul Boghossian, analiza el estado actual de las humanidades y las ciencias sociales humanísticas (como antropología, sociología cualitativa, estudios literarios y culturales).
El documento concluye que una parte importante de estas disciplinas atraviesa una grave crisis. En muchos departamentos y revistas académicas se ha sustituido el rigor científico, la búsqueda de la verdad y los estándares académicos tradicionales por criterios ideológicos y políticos, principalmente de justicia social y activismo progresista. Esto ha llevado a priorizar la “corrección política” por encima de la calidad, la objetividad y la evidencia.
El informe no critica todas las humanidades ni todas las ciencias sociales, pero advierte que en varios subcampos se ha producido una clara degradación: se rechaza la idea de objetividad, se marginan investigaciones que no encajan en la narrativa dominante y se contrata o publica más por alineación ideológica que por mérito académico.
En resumen, el informe es una seria llamada de atención desde dentro del mundo académico para recuperar los estándares de rigor, honestidad intelectual y debate abierto en las humanidades y ciencias sociales, antes de que su credibilidad y calidad sigan deteriorándose.
Trump, el primer presidente posmoderno:
Según Damon Linker, Donald Trump representa la llegada real de la política posmoderna al poder en Estados Unidos.
Linker explica que antes de Trump ya existían los teóricos franceses posmodernos (como Derrida, Foucault, Lyotard y Baudrillard), que en las décadas de 1980-1990 rechazaron las “grandes narrativas” universales -como la verdad objetiva, el progreso o el liberalismo internacional- y afirmaron que todo es poder disfrazado. La izquierda académica abrazó estas ideas para “deconstruir” el orden occidental.
Trump encarna esta visión de forma práctica y sin haber leído a esos filósofos. Trata la verdad como una herramienta para conseguir lo que quiere, no como algo fijo. Cambia de versión según le conviene, no construye narrativas coherentes y gobierna mediante espectáculo, contradicciones y puro poder. El mejor ejemplo, según Linker, es la guerra contra Irán en su segundo mandato: empezó sin justificación clara, sin apoyo del Congreso ni de la opinión pública, con explicaciones cambiantes y caóticas, convirtiendo la guerra en un show mediático de fragmentos contradictorios.
En definitiva, Trump es el primer presidente verdaderamente posmoderno porque ha abandonado cualquier pretensión de verdad objetiva o coherencia, reduciendo la política a tribalismo, poder desnudo y manipulación constante. Linker advierte que esto es el resultado de la erosión de las ideas universales liberales, y propone recuperar una forma modesta de universalismo para evitar que la política se convierta solo en caos y fuerza bruta.
Este artículo es una reseña del libro The Mind of a Bee de Lars Chittka, escrita por Tommy Blanchard en su Substack.
La idea principal es que aunque solemos pensar en las abejas como “pequeños robots” guiados por instintos simples, el libro muestra que las abejas individuales son sorprendentemente inteligentes y flexibles. Tienen capacidades cognitivas impresionantes a pesar de su cerebro diminuto. Algunas de estas capacidades sorprendentes son por ejemplo:
-Sentidos sofisticados: Las abejas detectan olores muy bien (incluso explosivos), cargas eléctricas en las flores (para saber si ya fueron visitadas), y ven en ultravioleta con patrones que los humanos no percibimos.
-Aprendizaje avanzado: Aprenden de otras abejas (transmisión cultural), resuelven problemas nuevos (como tirar de una cuerda para obtener recompensa) y generalizan reglas.
-Conceptos abstractos: Pueden aprender ideas como “igual” versus “diferente” y aplicarlas a colores o patrones distintos.
-Flexibilidad: Asocian recompensas con señales inesperadas (como campos magnéticos o feromonas de alarma) y tienen “tradiciones locales” diferentes según la región.
El autor reflexiona: si abejas con cerebros tan pequeños pueden hacer todo esto, ¿por qué los animales más grandes (como nosotros) necesitamos cerebros tan grandes? Esto desafía la idea de que la inteligencia requiere necesariamente cerebros grandes.
En resumen, es una reseña fascinante y accesible que revela la mente sorprendentemente compleja de las abejas, combinando ciencia cognitiva, ejemplos del libro y reflexiones sobre la evolución de la inteligencia. Muy recomendable si te interesa la cognición animal.
https://t.co/LwNFr8GJJO
It’s My Party and I’ll Die If I Want To: Rosalind Arden reviews the philosopher Kathleen Stock's book against assisted dying, and cites evidence that Stock's slippery slope argument is factually mistaken: countries that have legalized assisted dying have not seen abuses, disrespect for the disabled, or stinting on palliative care. https://t.co/GRVDvp2YQ9
Que la fontanera del PSOE guardara notas sobre cómo sacar a Oughourlian de Indra, comprar Prisa y fusionarla con Telefónica retrata un modelo de poder muy preciso: el Gobierno tratando las empresas estratégicas como piezas a colocar en su propio tablero.
La política industrial era el envoltorio. Dentro había una operación de captura del poder económico y mediático ejecutada desde las cloacas.
https://t.co/H5nsVWkVLA
This plan is incompatible with freedom- a global class of planners telling us how long to work, how much we can grow, what we can eat. It is also completely wrong. All advances for climate (including the huge drop in battery and solar and wind costs) have come (and will come) from more innovation, more competition, firms that grow and invent and innovate and produce energy solutions that replace fossil fuels. If you enforce degrowth in the West you will kill for ever the climate agenda.
La renta media del alquiler en Barcelona ha vuelto a subir tres trimestres seguidos y en 2025T4 está a solo un 2,7% de su máximo histórico, dos años después de los topes.
El "está funcionando" se sostiene cada vez peor. Lo que de verdad ocurre, en 4 gráficos.
The Vision of the Anointed
Thomas Sowell
★★★★☆ (4/5)
Pocos autores contemporáneos poseen la capacidad de Thomas Sowell para identificar los supuestos ocultos que subyacen a las ideas políticas de moda. En "The Vision of the Anointed" no se limita a criticar determinadas políticas públicas, sino que dirige su atención hacia la cosmovisión de quienes se consideran moral e intelectualmente llamados a guiar a la sociedad.
El concepto central del libro es tan sencillo como provocador. Según Sowell, existe una clase de intelectuales, expertos, activistas y líderes de opinión que se perciben a sí mismos como poseedores de una comprensión superior de los problemas sociales. Estos "ungidos" no solo creen conocer las soluciones adecuadas, sino que también tienden a interpretar cualquier oposición como fruto de la ignorancia, los prejuicios o intereses inconfesables.
Uno de los mayores aciertos del libro es que desplaza el foco desde las políticas concretas hacia los mecanismos psicológicos e institucionales que permiten que ciertas ideas sobrevivan a pesar de sus fracasos. Sowell describe con precisión los patrones recurrentes mediante los cuales determinadas élites reinterpretan los hechos cuando la realidad contradice sus predicciones. En lugar de revisar los supuestos de partida, suelen atribuir el fracaso a una aplicación insuficiente de la política, a factores externos o a la resistencia de quienes no comparten la visión dominante.
El autor también ofrece una reflexión sugerente sobre la relación entre prestigio intelectual y responsabilidad. En numerosos ámbitos, sostiene, los profetas más admirados continúan siendo venerados incluso cuando sus predicciones han resultado erróneas de forma sistemática. Mientras que en el mundo empresarial o científico los errores suelen tener consecuencias inmediatas, en el ámbito de las ideas políticas y sociales los incentivos funcionan de otra manera. El prestigio puede sobrevivir a los hechos.
Especialmente interesante resulta el análisis de las grandes cruzadas intelectuales del siglo XX. Aunque los movimientos examinados son muy distintos entre sí (desde la eugenesia hasta ciertas corrientes del ecologismo, pasando por diversas formas de intervencionismo estatal), Sowell encuentra un patrón común: la convicción de que una minoría esclarecida debe corregir los defectos de una mayoría incapaz de comprender la magnitud de los peligros que la amenazan. De ahí surgen narrativas familiares, como la existencia de una amenaza existencial, la urgencia de actuar, la necesidad de ampliar el poder gubernamental y la descalificación moral de los críticos.
La principal virtud del libro es su capacidad para obligar al lector a examinar sus propios presupuestos ideológicos. Incluso quienes discrepen profundamente de las conclusiones de Sowell encontrarán aquí una crítica aguda al dogmatismo político y a la tendencia humana a proteger las creencias frente a la evidencia.
Sin embargo, la obra no está exenta de limitaciones. En ocasiones, el autor parece tan convencido de la existencia y coherencia de esta "visión de los ungidos" que corre el riesgo de simplificar la enorme diversidad de posiciones existentes dentro del mundo intelectual. Algunos lectores también pueden percibir cierta asimetría en el análisis, pues Sowell dedica mucha menos atención a los sesgos, dogmatismos o fracasos presentes en corrientes ideológicas distintas de las que critica.
Aun así, "The Vision of the Anointed" sigue siendo una lectura extraordinariamente estimulante. No es tanto un libro sobre izquierdas o derechas como sobre una tentación permanente de la condición humana, esto es, la creencia de que nuestras buenas intenciones nos eximen de rendir cuentas ante la realidad. Tres décadas después de su publicación, muchas de sus observaciones siguen resultando incómodamente actuales.
La economía política del caso Leire va mucho más allá del epifenómeno de los pagos ilegales a la “fontanera” del PSOE.
La evidencia apunta a que se montó una estructura, casi con seguridad desde Moncloa, para subvertir los pilares del Estado de derecho y preservar el poder de Pedro Sánchez. Es, desde el caso GAL, el escándalo más grave de nuestra democracia.
Este socavamiento, sin embargo, forma parte de un patrón más amplio: el desmantelamiento del Estado en el que el PSOE se embarcó el 13 de noviembre de 2003, cuando Zapatero prometió en el Palau Sant Jordi que “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”.
La realidad electoral española, cada vez más clara, es que el PSOE solo puede gobernar con los votos del nacionalismo (o cuasinacionalismo) de Cataluña, País Vasco y Navarra. Sin los escaños de estas tres comunidades, la derecha nacional habría tenido mayoría absoluta en todas las elecciones desde 1996 hasta 2023, salvo en 2004.
Pero para lograr esos votos, el PSOE tiene que comprometerse con el desmantelamiento del Estado, ya sea de forma directa (la reforma de la financiación autonómica) o indirecta (el control partidista de las instituciones). De ahí a intentar destruir la UCO solo hay un paso, y se da a la primera tentación.
Por tanto, el PSOE solo elegirá como secretario general a alguien como Zapatero o Sánchez, a quienes el Estado trae al fresco. No son accidentes: son la respuesta estructural del sistema. No hay “PSOE bueno”, porque un “PSOE bueno” no puede gobernar y la mayoría de sus militantes no tienen vocación de suicidio político. Para suicidarse, es mucho más rápido apuntarse a Podemos.
Enfrente solo hay un PP sin la menor visión de futuro (la reciente visita de Feijóo a Cataluña demuestra, por enésima vez, que el PP no tiene plan para nada) y un Vox con un Santiago Abascal que no da más de sí (que Vox ronde el 18%-20% en las encuestas, dada la situación actual, debería leerse como un fracaso).
El problema es que no veo salida en el marco actual. Tras la crisis del euro surgieron dos proyectos de reforma: C’s y Podemos. Los votantes rechazaron ambos. Sí, los dos partidos cometieron errores tácticos y de liderazgo, pero, a fin de cuentas, el votante mediano prefirió lo malo conocido (PSOE y PP) a lo malo por conocer (C’s y Podemos). El votante mediano no quiere que nada cambie porque vive del Estado, de forma directa (pensiones, empleo público) o indirecta (transferencias varias, regulaciones).
Creo que todo esto saltará por los aires en algún momento hacia 2030, año arriba o año abajo. Pero no descarto que sigamos, en su lugar, un camino de declive irreversible. Con una fecundidad de 1,1 hijos por mujer y la inmigración que tenemos, quizá en 2080 la España que conocemos desde 1492 ya no exista.
Y si usted, lector, me pregunta qué se puede hacer: no solo no lo sé, sino que dudo que pudiera arreglar nada aunque yo fuera el que tomara las decisiones.
Tonterías selectas de Gonzalo Miró. Según él mismo, dicen que es idiota.
¿Los del PP no tienen ningún respeto por la democracia? ¿Son dictadores? ¿Autoritarios?
¿Si quieres que no te investiguen, tal vez puedes no delinquir?
Gonzalo Miró: "Todo esto tiene muchísimo más que ver con la peor decisión que ha tomado el PSOE a lo largo de estos 8 años de gobierno, que es pactar con el PP la renovación CGPJ. Si realmente no quieres que te investiguen como están haciendo ahora, a lo mejor no tienes que pactar esos nombramientos con los que no tienen ningún respeto por la democracia"