Rechazó la Legión de Honor, el banquete de Estado en el Elíseo y la visita privada a Notre Dame con Macron. El vicario de Cristo no necesita el visto bueno de un Estado que ha apartado a Cristo.
"Aquellos que huyen de la Iglesia por la hipocresía o la imperfección de los religiosos, olvidan que, si la Iglesia fuera perfecta en el sentido que pretenden ¡no habría lugar para ellos en ella!".
(Venerable Fulton J. Sheen)
En pocas horas, el Arzobispo Fulton Sheen, será declarado Beato de la Santa Iglesia Católica. Que por su intercesión y valiente testimonio apostólico, el Señor nos fortalezca en la fidelidad a la Verdad.
Esta noche a las 22h dedicaremos la tertulia de @LSDLVdirecto a su vida y labor evangelizadora.
El progreso tecnológico nunca es simplemente una cuestión técnica. Toda tecnología refleja, explícita o implícitamente, una determinada concepción de la persona humana, de la sociedad y del futuro que deseamos construir. El progreso científico y tecnológico, por tanto, debe ir acompañado de un correspondiente aumento de la responsabilidad. Cuanto mayor sea nuestro poder para transformar el mundo, mayor debe ser nuestra capacidad de discernir lo que sirve verdaderamente a la dignidad humana que Dios nos ha dado, de gobernar sabiamente y de cuidar de quienes podrían sufrir las consecuencias más graves de nuestras decisiones.
«¡Bendita tú, María, puerto seguro de los navegantes en el mar del mundo, fuente de la que brotó la Vida para saciar a los sedientos, y escala celestial por la que Dios descendió a la tierra!»
— Santiago de Sarug (m. 521 d. C.)
Recuérdalo: está más cerca de Dios el malhechor
que se avergüenza de haber actuado mal,
que el hombre honesto
que se avergüenza de hacer el bien.
Padre Pío
Hoy celebramos la memoria de san Pío de Pietrelcina, uno de los santos más queridos del siglo XX.
Fraile capuchino, sacerdote, confesor incansable y hombre profundamente unido a la Pasión de Cristo, su vida nos recuerda que la santidad nace de algo muy sencillo: oración, sacrificio, obediencia y amor a las almas.
1️⃣ Francesco Forgione nació en Pietrelcina, Italia, en 1887, en una familia humilde y profundamente cristiana.
Desde muy joven sintió la llamada a consagrarse a Dios. Entró en los capuchinos y tomó el nombre de fray Pío. Fue ordenado sacerdote en 1910.
2️⃣ Su vida sacerdotal estuvo marcada por una profunda unión con Cristo crucificado.
El 20 de septiembre de 1918 recibió los estigmas, heridas semejantes a las de la Pasión de Cristo, que permanecieron en su cuerpo durante décadas.
Pero san Pío nunca quiso convertir aquello en espectáculo. Para él eran, ante todo, sufrimiento y participación en la Cruz.
3️⃣ El centro de su vida fue la Santa Misa.
Quienes asistían a sus celebraciones quedaban impresionados por el recogimiento con que celebraba. Para san Pío, el altar no era simplemente el lugar de una ceremonia: era el Calvario sacramentalmente presente.
Comprendió profundamente que el sacerdote está llamado a unirse a la ofrenda de Cristo.
4️⃣ Pasaba incontables horas en el confesionario.
Miles de personas acudieron a San Giovanni Rotondo para confesarse con él.
Era exigente cuando debía serlo, pero aquella exigencia no nacía de la dureza, sino del deseo de llevar a cada alma a una verdadera conversión.
Sabía que la misericordia de Dios no consiste en negar el pecado, sino en perdonarlo y transformar al pecador.
5️⃣ San Pío fue también un gran hombre de oración.
El rosario estuvo constantemente entre sus manos.
Decía con frecuencia a quienes acudían a él que rezasen y confiasen. Toda su espiritualidad estaba atravesada por una certeza: Dios actúa cuando el hombre aprende a abandonarse en Él.
6️⃣ Su devoción a la Virgen María fue inmensa.
No concebía la vida cristiana sin María. El rosario acompañaba sus jornadas, sus sufrimientos, su ministerio y su intercesión por tantas personas que confiaban en sus oraciones.
Para él, acercarse a María significaba siempre acercarse más a Cristo.
7️⃣ Pero su amor a Dios no quedó encerrado en el convento.
Impulsó la Casa Sollievo della Sofferenza, un gran hospital inaugurado en 1956.
Quería que la ciencia médica y la caridad cristiana caminaran juntas al servicio del enfermo.
El dolor humano debía ser acompañado, cuidado y ofrecido, nunca despreciado.
8️⃣ También conoció la incomprensión y las restricciones.
Hubo períodos en los que la autoridad eclesiástica limitó públicamente algunos aspectos de su ministerio.
San Pío sufrió mucho, pero permaneció dentro de la Iglesia y aceptó la obediencia.
Es una de las grandes lecciones de su vida: incluso cuando no comprendía determinadas decisiones, no convirtió su sufrimiento en rebelión.
9️⃣ Murió en San Giovanni Rotondo el 23 de septiembre de 1968.
San Juan Pablo II, que lo había conocido personalmente siendo joven sacerdote, lo canonizó el 16 de junio de 2002.
Millones de personas siguen acudiendo hoy a su tumba.
🔟 San Pío de Pietrelcina nos recuerda una verdad que nuestro tiempo fácilmente olvida: la fecundidad de un sacerdote no se mide principalmente por su notoriedad, sus proyectos o sus éxitos.
Se mide por cuánto pertenece a Cristo.
Misa.
Confesionario.
Oración.
Rosario.
Sacrificio.
Caridad.
Obediencia.
No necesitó inventar un cristianismo nuevo. Vivió radicalmente el de siempre.
Que san Pío de Pietrelcina interceda por nosotros y, de manera especial, por todos los sacerdotes, para que nunca dejemos de poner a Cristo en el centro de nuestra vida.
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Hoy celebramos la memoria de san Pío de Pietrelcina.
Estas imágenes suyas besando a la Virgen de Fátima dicen mucho sin necesidad de grandes explicaciones: la ternura de un hijo hacia su Madre, la confianza de un sacerdote que lo puso todo bajo su protección y el amor de un santo profundamente mariano.
San Pío sabía bien que quien se acerca a María nunca se aleja de Cristo.
San Pío de Pietrelcina, enséñanos a amar a la Virgen con esa misma sencillez, confianza y ternura filial.
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Querido Padre Pío:
Hoy he pensado hacer lo que hicieron tantos durante su vida: escribirle.
No sé muy bien cómo se escribe a un santo. Supongo que como se escribe a alguien en quien uno confía: sin demasiadas explicaciones.
Usted sabe que soy sacerdote.
Y sabe también que estos últimos tiempos no siempre han sido sencillos.
Hay cansancios que no se cuentan. Preocupaciones que uno lleva por dentro mientras sigue celebrando, predicando, atendiendo a la gente y procurando que nadie note demasiado el peso.
Hay momentos en que uno se siente comprendido y otros en que parece que todo se interpreta al revés.
También hay heridas.
Algunas vienen de lejos. Otras son recientes.
Y hay días en los que cuesta más de lo habitual seguir adelante con serenidad.
Por eso hoy le escribo.
Pida por mí.
Pida para que nunca me endurezca.
Para que las decepciones no me vuelvan desconfiado.
Para que las injusticias no me hagan injusto.
Para que las críticas no me conviertan en alguien preocupado por defender continuamente su imagen.
Para que no termine viviendo pendiente de lo que otros piensan de mí.
Pida, sobre todo, para que sea sacerdote.
Nada más.
Sacerdote cuando celebro.
Sacerdote cuando confieso.
Sacerdote cuando alguien necesita ser escuchado.
Sacerdote cuando estoy cansado.
Sacerdote cuando estoy solo.
Sacerdote también cuando nadie ve nada.
Usted sabe cuánto deseo celebrar bien la Eucaristía.
Ayúdeme a no acostumbrarme nunca al altar.
Que no convierta lo santo en rutina.
Que no busque protagonismo.
Que no celebre para agradar a nadie, sino para servir a Dios y a su Iglesia.
Que cada Misa me recuerde que mi vida ya no me pertenece completamente.
También quiero pedirle por mi oración.
A veces uno habla mucho de Dios y corre el peligro de hablar poco con Dios.
No permita que me suceda.
Enséñeme a permanecer.
A rezar cuando hay consuelo y cuando no lo hay.
A seguir tomando el rosario entre las manos aunque la cabeza esté llena de otras cosas.
A confiar en la Virgen como confió usted.
Hay también personas que llevo dentro.
Personas que sufren.
Personas por las que me preocupo.
Personas que me han pedido oración.
Personas a las que quiero y a las que no siempre sé cómo ayudar.
Usted sabe quiénes son.
Rece por ellas.
Y hay cosas mías que tampoco voy a escribir aquí.
Usted las conoce.
Mis temores.
Mis defectos.
Mis pecados.
Mis deseos.
Aquello que espero.
Aquello que me duele.
Aquello que todavía no comprendo.
Solo le pido una cosa: ayúdeme a llegar al final siendo fiel.
No brillante.
No admirado.
No importante.
Fiel.
Que cuando llegue la hora pueda mirar atrás y descubrir, incluso entre mis torpezas, que intenté querer a Jesucristo y servir a su Iglesia.
Tantas cartas recibió durante su vida, Padre Pío.
Añada esta a todas aquellas.
Y haga conmigo lo que hacía con quienes le escribían:
rece por mí.
San Pío de Pietrelcina, ruegue por nosotros.
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Durante el día, cuando no te sea permitido hacer nada más, invoca a Jesús, incluso en medio de todas tus ocupaciones... Vuela con el espíritu delante del sagrario... y allí desahoga tus ardientes deseos y habla, ora y abraza al Amado de las almas.
Padre Pío
De un sacerdote pueden contarse muchas cosas. Pueden circular opiniones, juicios, rumores y etiquetas. Pero hay un lugar donde resulta mucho más difícil fingir: el altar.
Basta observar cómo celebra la Eucaristía.
Ahí se transparentan muchas cosas: si se sabe servidor o protagonista; si obedece a la Iglesia o necesita inventarse a sí mismo; si celebra para Dios o para ser visto; si trata lo sagrado con reverencia o como algo propio; si las rúbricas son para él expresión de comunión con la Iglesia o un obstáculo para hacer lo que le apetece.
No se puede conocer toda el alma de un sacerdote viendo una Misa. Pero sí puede conocerse mucho de su manera de entender el sacerdocio.
San Pío de Pietrelcina hizo de la Eucaristía el centro de toda su existencia. Quizá por eso, antes de juzgar a un sacerdote por lo que otros cuentan de él, convendría alguna vez hacer algo mucho más sencillo: ver cómo celebra la Santa Misa.
El altar acaba diciendo mucho.
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Mi único mérito es la misericordia del Señor.
No seré pobre en méritos mientras Él no lo sea en misericordia.
Y como la misericordia del Señor es mucha, muchos son también mis méritos.
San Bernardo