—¿Existen templos de ella aquí?
Sorprendido está, sí, pero nunca había escuchado de tal cosa. Aunque por el aroma que adverso desprendía suponía que era lo más normal.
—Mhm, ¿tiene muchos devotos?
Falanges de diestra son deslizadas por hebras carmín, agradecido de no haber caído en brazos de morfeo tras ese buen rato.
Curiosidad que nace a velocidad de la luz, haciendo girar torso para blonda encarar, reposando palmas sobre muslos propios.
Cometido estaba casi logrado, tan solo un detalle hacía falta. Cabellos junta, y cinta negra utiliza para atarlos, con un bonito y elaborado moño de por medio.
—¡Listo, quedó muy bien! ¡¡Umu!!
Palabras que más para si misma fueron. Total atención presto a palabras de varón
—No había conocido a alguien que tuviese esa habilidad, creo.
Sinceró, intentando recordar si en lo correcto estaba con su comentario, negando suavemente.
—Aún así dime, ¿cómo es? ¿Tiene un color en particular?
Preguntas que con lentitud lanza, más en timbre de voz se puede +
lentamente—. Aunque todo de ti lo es, mh.
Y no, él no se refería solo a su apariencia, después de todo su olfato iba más allá de percibir cosas que todo mundo puede.
Somnolencia se logra apreciar en faz masculina, quien batallaba para que párpados no cayeran gracias a delicadas manos impropias que por cabellera se paseaban.
—El tuyo también lo es... —breve silencio mantiene mientras ligero rubor adorna pómulos, cruzándose de brazos +
Dígitos de blonda danzaban entre cabellera de color fuego, de masculino adyacente. Sonrisa digna de Rengoku adorna faz fémina. Mano contraria que cepillo sostiene deslizó en hebras peinando; y siendo delicada al actuar pues no quería echar nada a perder.
—Es muy bonito, Koharu.