01. Foi presença firme em protestos diante de clínicas de aborto;
02. Refutou René Descartes;
03. Casou-se com um filósofo;
04. Teve sete filhos, mas jamais abandonou o vigor intelectual;
05. Enfrentou o presidente dos Estados Unidos em plena Universidade de Oxford;
06. Herdou a cadeira de Wittgenstein;
07. Fundou uma nova subárea: a Filosofia da Ação;
08. Resgatou Aristóteles e Tomás de Aquino para desmascarar o consequencialismo moderno.
Prazer, Elizabeth Anscombe: uma das maiores mentes do século XX.
Hay algo más que entender de Foucault y Derrida (y de paso de Feyerabend, otro filósofo igual de destructivo aunque austríaco).
Los tres son, en esencia, un producto de la Segunda Guerra Mundial.
La obsesión por demostrar que los hechos no existen, sino sólo los relatos (determinados, además, desde las dinámicas de poder) es una consecuencia directa de haber sido testigos del colapso de la civilización occidental frente a sus propias narices (y mucha atención con esto, porque no se trata de descalificar sus ideas a partir de una condición personal en cada uno de ellos; eso sería un vulgar Ad Hominem; pero sería muy ingenuo suponer que esta experiencia traumática no influyó en su modo de pensar).
Feyerabend nació en 1924; Foucault en 1926; y Derrida en 1930. Tenían, respectivamente, 21, 19 y 15 años cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, y en ese momento los tres estaban en una situación vulnerable. Feyerabend, como soldado nazi herido y derrotado; Foucault, como francés que había visto a su país -la soberbia Francia- aplastada y destruida por la maquinaria militar alemana; y Derrida, como judío.
Cada uno tenía razones legítimas para cuestionar todo aquello que había generado el mundo en el que habían nacido (una Europa a punto de engullirse a sí misma).
Los tres de algún modo se plantearon la incógnita sobre el origen de todo aquello que estaba mal en sus países y en su continente, y llegaron a la misma conclusión. En lo más íntimo, los tres fueron fervientes creyentes en que el liberalismo ilustrado era el causante de todas las desgracias del mundo occidental.
¿Por qué terminaron remitiéndose a ese tema? Porque no hay otro. Todas las controversias ideológicas o filosóficas tienen como trasfondo el hecho de que desde hace unos 250 años se asentaron las condiciones para que el autoritarismo monárquico perdiera el poder ante el empuje de la burguesía liberal.
Parece mentira, pero esta es una situación que a la intelectualidad europea le ha costado mucho trabajo asimilar (de hecho, no lo ha logrado).
¿Por qué? Porque significa el triunfo del comerciante sobre el filósofo. Y es que el autoritarismo (monárquico en principio, sustituido luego por el fascismo y este a su vez por el marxismo) sólo se puede justificar y defender desde la teoría. O sea, desde las herramientas del filósofo. Bien usadas o mal usadas, no importa; son las herramientas del filósofo, el tipo que se sienta en su escritorio a tratar de descifrar al mundo, y a efectos prácticos no hay mucha diferencia si es Tomás de Aquino justificando el derecho divino de los reyes, Sartre defendiendo a Pol Pot, o el mismísimo Marx justificando la dictadura del proletariado en pro de alcanzar una sociedad sin lucha de clases.
Detrás de esto está acaso lo más aterrador de todo: el éxito del wokismo (cuya génesis está muy bien explicada por @brivael Le Pogam) no se debió nada más a la coyuntura del momento, o a una agenda antioccidental premeditada. Se debió a que el pensamiento liberal es todavía una anomalía en la historia. Aunque hay ejemplos de idea pre-liberales desde muy antiguo, el actual empoderamiento de la clase media apenas comenzó en la Edad Media, y las condiciones para que realmente pudieran despojar del poder a las monarquías apenas se logró después de la Revolución Industrial.
Y se logró en Europa. Por eso ese continente (y la "cultura blanca", por extensión) es el epicentro de las controversias.
La predisposición natural del ser humano (condicionamientos evolutivos, en pocas palabras) es hacia el colectivismo y el autoritarismo. La idea de ser libre es atractiva, pero las responsabilidades que se derivan de ello todavía le espantan a la mayoría de las personas, especialmente porque te confrontan con la incómoda realidad de que no somos iguales. Hay gente más hábil, más lista, más competente o más arriesgada que otras.
Eso, por supuesto, no es algo que no supiésemos. El detalle es que, para muchas sociedades, lo normal es que los más hábiles, listos, competentes o arriesgados y, por lo tanto, exitosos, sean los políticos. Puedes odiarlos, pero entiendes que ese es el orden natural del mundo, siempre lo ha sido 6 (crees que) siempre lo será.
La cosa duele más cuando el exitoso por hábil, listo, competente y arriesgado es tu vecino. Es cuando mucha gente se pregunta "por qué él y no yo", y es donde resulta muy cómodo pensar que el estado le puede poner el alto.
Foucault, Derrida y Feyerabend sólo regresaron a esa zona de confort en la que todo funciona mal, pero por lo menos sabes quién eres y qué es lo que debes hacer. Claro, lo hicieron desde su sofisticación filosófica, y por eso siguen engañando incautos. Pero el discurso al final es el mismo. Es Foucault y Derrida diciéndote que la ciencia no nos acerca a ninguna verdad porque sólo es un discurso que se valida desde el poder (y, por lo tanto, tu vecino no tiene ningún derecho a apelar a hechos concretos y válidos para todos que le ayuden a ser más exitoso que tú; si es más exitoso que tú, debe ser por alguna causa perversa), o Feyerabend diciéndote que, en la última de las instancias, la moderna astronomía y la antigua astrología son discursos igualmente válidos.
O acaso la idea más dañina de todas: Derrida diciéndole a su audiencia que nunca habíamos estado tan mal. Y su audiencia creyéndole.
Los datos nos indican otra cosa: nunca habíamos estado tan bien. Y esa es la diferencia entre el filósofo europeo y el comerciante estadounidense. Ante datos como ese, el filósofo europeo busca descalificar la validez de los hechos demostrables. El comerciante estadounidense depura su estrategia para vender más.
Por eso es que el liberalismo democrático, capitalista y occidental siempre termina por imponerse.
Los reyes europeos perdieron el poder. Los fascistas también. Los marxistas -el régimen más filosófico posible, o el turno de los filósofos para demostrar lo que podían hacer con el poder- igual. Los islamistas son los siguientes en la fila.
Si la mala noticia es que el wokismo es la versión moderna de la condición natural de las sociedades humanas, la buena noticia es que siguen siendo tan ineficientes como sus ancestros ideológicos.
No pueden corregirse a sí mismos. Si lo hacen, se vuelven demócratas liberales y capitalistas defensores del libre mercado, la propiedad privada y la igualdad ante la ley.
El wokismo no está perdiendo la batalla cultural porque existan buenos argumentos para apabullarlos (que existen, y por miles). La están perdiendo porque son unos inútiles.
Eso fue lo que Foucault, Derrida y Feyerabend (y muchos otros) no alcanzaron a ver. Lo suyo era mucho de trauma, mucho de rencor, pero envuelto en una gran capacidad intelectual para sofisticar el discurso y hacerlo potable e incluso deseable en el mundo académico.
Podían haber hecho más, y mucho mejor, si no se hubiesen replegado hacia esa zona de confort que es decir "la culpa es del individualismo". Su necesidad de explicar por qué la formidable Europa se había destruido a sí misma los llevó a creer que todo era culpa de esa anomalía histórica que es el verdadero pensamiento liberal llevado a la práctica. No se dieron cuenta que la conflagración que vivieron sólo era el colapso del mundo colectivista y autoritario surgido de manera natural de las relaciones económicas propias de los paradigmas de la era agrícola.
En eso se parecen a Marx. Vieron el problema, explicaron brillantemente muchas de sus aristas, pero no tuvieron las agallas para admitir que el problema era el colectivismo, y prefirieron culpar al comerciante, al artesano o al empresario. Por eso sus diagnósticos están equivocados, y sus estrategias no han funcionado ni funcionarán jamás.
Eso, aquí entre nos, ha dictado la sentencia al fracaso de la social-democracia, el modelo político económico woke por excelencia.
Estados Unidos y China no son la perfección, por cierto. Pero se han atrevido a experimentar con un tipo de capitalismo que, punto por punto, ha demostrado funcionar mucho mejor que la social-democracia.
Entonces no queda más alternativa que distorsionar los hecho (ah, la filosofía...): seguramente los Estados Unidos son un imperio que se desmorona, y sin duda el éxito económico chino fue gracias al socialismo o al comunismo.
Esa es la ventaja de ser filósofo. Puedes equivocarte (como Foucault, Derrida y Feyerabend, y hasta Marx), y alguien seguirá defendiendo tus ideas durante cientos de años (como los seguidores de Marx, Foucault, Derrida y Feyerabend).
La desventaja es que vas a fracasar en los hechos. Para poder sobrevivir como filósofo vas a tener que someterte a los principios liberales del libre mercado, y encontrar el nicho donde puedas vender bien tus ideas bobas. Si encuentras audiencias, cobrarás bien. Así, bien capitalista el asunto.
Von Mises y toda esa tropa de economistas austríacos estarían orgullosos de ver cómo funciona el mercado de los ideólogos de la izquierda, acaso uno de los mercados más libres y más honestos que hay, porque allí sólo tienen éxito los que saben vender su verborrea.
Con cada conferencia llena o cada cátedra bien pagada en alguna universidad de la Ivy League, los que más odian el capitalismo europeo democrático y liberal no hacen sino confirmar que el capitalismo europeo democrático y liberal tiene razón, y sepultará al wokismo, a Marx, a Foucault y a Feyerabend como ya lo hizo con las monarquías, el fascismo de Hitler y Mussolini, y a la Unión Soviética.
Al tiempo.
Listas desse tipo sempre variam com o tempo. De todo modo...
1. "Grande Sertão: Veredas", Guimarães Rosa
2. "São Bernardo", Graciliano Ramos
3. "O Velho e o Mar", Hemingway
4. "Três Contos", Flaubert
5. "Romanceiro da Inconfidência", Cecília Meireles
6. "O Leopardo", Lampedusa
7. "A Divina Comédia", Dante
8. "O Som e a Fúria", Faulkner
9. "Antônio e Cleópatra", Shakespeare
10. "Auto da Barca do Inferno", Gil Vicente
"Ninguém é capaz de servir aos outros o cardápio de Deus e do seu reino, nem o próprio crente pode servi-lo a si mesmo. Mas, por mais que a descrença se possa sentir justificada com isso, permanece de pé o horror daquele 'talvez seja verdade'. O 'talvez' representa o inevitável ataque ao qual se é incapaz de fugir, no qual se deve experimentar, na recusa, a irrecusabilidade da fé. Em outras palavras: crente e incrédulo, cada qual a seu modo, participam da dúvida e da fé, caso não se ocultem de si mesmos e da verdade da sua existência. Nenhum é capaz de evadir-se completamente à dúvida; nenhum pode escapar de todo à fé. Para um, a fé torna-se presente contra a dúvida; para outro, pela dúvida e em forma de dúvida. Temos aí a figura fundamental do destino humano: ser capaz de encontrar o definitivo de sua existência somente nesse inevitável embate de dúvida e fé, de agressão e certeza. Talvez esteja aqui o caminho para transformar em ponto de encontro, de contato, a dúvida que preserva a um e a outro do perigo de encapsular-se em si mesmo. Ambos estão impedidos de enrolar-se em si mesmos; o crente é impelido para o que duvida, e este para o crente. Para um temos aí uma participação no destino do incréu, para o outro, a forma pela qual a fé, apesar de tudo, continua sendo um desafio."
— Joseph Ratzinger. Introdução ao cristianismo. Cap. 1.
El wokismo no es simplemente un hijo degenerado de la "French Theory", como si las ideas viajaran solas por el aire y conquistaran universidades por seducción literaria.
Las ideas no mueven la historia por sí mismas. Las ideas se insertan en las instituciones, universidades, editoriales, departamentos, tribunales, partidos, ministerios, fundaciones, empresas, medios de comunicación...
El problema no es Foucault escribiendo en París. El problema es Foucault convertido en aparato administrativo.
El wokismo no es sólo una enfermedad intelectual. Es una ideología funcional de sociedades políticas en descomposición, especialmente en imperios satisfechos que empiezan a perder confianza en su propia estructura histórica.
No es una mera estupidez, es una tecnología de poder. La deconstrucción funciona como una trituración de formas históricas objetivas.
Tritura la nación, la familia, el sexo, la religión, la escuela, la autoridad, el mérito, la continuidad histórica, la idea de verdad, la idea de herencia...
Pero no lo hace desde una crítica racional superior, sino desde una sospecha universal que deja intacto un nuevo dogma.
Porque cuando se destruye una institución real, no aparece el vacío. Aparece otra institución.
Si se destruye la familia, aparece el Estado terapeuta.
Si se destruye la escuela como transmisora, aparece la escuela como laboratorio ideológico.
Si se destruye la nación, aparecen las identidades fragmentarias.
Si se destruye la verdad común, aparece la verdad gestionada por comités, expertos, sensibilidades y censores.
Es decir, la deconstrucción no libera al individuo. Lo entrega a otros poderes menos visibles.
Y no todo es poder, no porque el poder intervenga en las ciencias, en las instituciones o en los discursos.
La geometría no es verdadera porque la imponga una clase dominante. La cirugía no funciona porque la bendiga una institución burguesa. Un puente no se sostiene por consenso discursivo. Un antibiótico no cura por hegemonía cultural.
Hay verdades que no dependen de opiniones, identidades ni relatos, porque están operatoriamente ancladas en la realidad.
Una técnica funciona o no funciona. Un misil alcanza o no alcanza. Una presa resiste o se rompe. Un diagnóstico acierta o mata.
Por eso el relativismo posmoderno vive de una trampa. Niega la verdad en teoría, pero depende de ella en la práctica. Nadie quiere un cirujano deconstructivo cuando le abren el pecho.
El wokismo es una especie de religión política secularizada, pero de baja calidad doctrinal.
Tiene pecado original, que ya no es Adán, sino Occidente.
Tiene culpa hereditaria, que ya no viene por la caída, sino por raza, sexo, clase o nación.
Tiene confesión pública, que son las disculpas rituales.
Tiene herejía, que es la incorrección política.
Tiene inquisidores, que son activistas, burócratas, periodistas y departamentos universitarios.
Tiene salvación, que nunca llega, porque siempre aparece una nueva opresión que purgar.
Pero a diferencia del cristianismo, que al menos construyó catedrales, hospitales, universidades, órdenes, liturgias, calendarios y una idea fuerte de persona, esta religión política produce sobre todo lenguaje administrativo, culpa flotante y vigilancia moral.
No crea una civilización. Administra su resentimiento. Este fenómeno encaja con la izquierda indefinida, aquella que ya no sabe cuál es su sujeto político real.
La vieja izquierda podía equivocarse, pero hablaba de obreros, salarios, producción, propiedad, industria, soberanía, Estado, sindicatos, clases sociales...
La nueva izquierda habla de identidades, heridas, símbolos, sensibilidades, lenguaje inclusivo, privilegios invisibles y subjetividades vulnerables.
Ha pasado de la fábrica al seminario. Del conflicto económico al expediente psicológico. De la organización política a la liturgia moral. De transformar la realidad a fiscalizar el lenguaje. Ya no construye abundancia, gestiona la culpa.
Je veux présenter mes excuses, au nom des Français, pour avoir enfanté la French Theory (qui a enfanté la pire des merdes idéologiques : le wokisme).
Nous avons donné au monde Descartes, Pascal, Tocqueville. Et puis, dans les ruines intellectuelles de l'après-68, nous avons donné Foucault, Derrida, Deleuze. Trois hommes brillants qui ont fabriqué, dans l'élégance de notre langue, l'arme idéologique qui paralyse aujourd'hui l'Occident.
Il faut comprendre ce qu'ils ont fait. Foucault a enseigné que la vérité n'existe pas, qu'il n'y a que des rapports de pouvoir déguisés en savoir. Que la science, la raison, la justice, l'institution médicale, l'école, la prison, la sexualité, tout n'est qu'une mise en scène de la domination. Derrida a enseigné que les textes n'ont pas de sens stable, que tout signifiant glisse, que toute lecture est une trahison, que l'auteur est mort et que le lecteur règne. Deleuze a enseigné qu'il fallait préférer le rhizome à l'arbre, le nomade au sédentaire, le désir à la loi, le devenir à l'être, la différence à l'identité.
Pris isolément, ce sont des thèses discutables. Combinées, exportées, vulgarisées, elles forment un système. Et ce système est un poison.
Car voici ce qui s'est passé. Ces textes, illisibles en France, ont traversé l'Atlantique. Les départements de Yale, de Berkeley, de Columbia les ont absorbés dans les années 80. Ils y ont trouvé un terreau qui n'existait pas chez nous : le puritanisme américain, sa culpabilité raciale, son obsession identitaire. La French Theory s'est mariée à ce substrat, et l'enfant de ce mariage s'appelle le wokisme.
Judith Butler lit Foucault et invente le genre performatif. Edward Said lit Foucault et invente le post-colonialisme académique. Kimberlé Crenshaw hérite du cadre et invente l'intersectionnalité. À chaque étape, la matrice est française : il n'y a pas de vérité, il n'y a que du pouvoir, donc toute hiérarchie est suspecte, toute institution est oppressive, toute norme est violence, toute identité est construite donc négociable, toute majorité est coupable.
Voilà comment trois philosophes parisiens, qui n'ont probablement jamais imaginé leurs conséquences pratiques, ont fourni le logiciel d'exploitation à une génération entière d'activistes, de bureaucrates universitaires, de DRH, de journalistes, de législateurs. Voilà comment on a obtenu une civilisation qui ne sait plus dire si une femme est une femme, si sa propre histoire mérite d'être défendue, si le mérite existe, si la vérité se distingue de l'opinion.
C'est de la merde pour une raison simple, et il faut la dire calmement. Une civilisation se tient debout sur trois piliers : la croyance qu'il existe une vérité accessible à la raison, la croyance qu'il existe un bien distinct du mal, la croyance qu'il existe un héritage à transmettre. La French Theory a entrepris de dynamiter les trois. Pas par méchanceté. Par jeu intellectuel, par fascination du soupçon, par haine de la bourgeoisie qui les avait nourris. Mais le résultat est là. Une génération entière a appris à déconstruire et n'a jamais appris à construire. Une génération entière sait soupçonner et ne sait plus admirer. Une génération entière voit le pouvoir partout et la beauté nulle part.
Je m'excuse parce que nous, Français, avons une responsabilité particulière. C'est notre langue, nos universités, nos éditeurs, notre prestige qui ont donné à ce nihilisme son emballage chic. Sans la légitimité de la Sorbonne et de Vincennes, ces idées n'auraient jamais traversé l'océan. Nous avons exporté le doute comme d'autres exportent des armes.
Ce qui se construit maintenant, en silicon valley, dans les labos d'IA, dans les startups, dans les ateliers, dans tous les lieux où des gens fabriquent encore des choses au lieu de les déconstruire, c'est la réponse. Une civilisation se reconstruit par les bâtisseurs, pas par les commentateurs. Par ceux qui croient que la vérité existe et qu'elle vaut qu'on s'y consacre. Par ceux qui assument une hiérarchie du beau, du vrai, du bon, et qui n'ont pas honte de la transmettre.
Alors pardon. Et au travail.
Arte Namban. Así retrató Japón a los ibéricos del siglo cristiano.
Entre 1543 y 1639 Japón mantuvo contacto comercial y religioso con Portugal y España. A los recién llegados los llamaron nanbanjin, "bárbaros del sur", por la ruta marítima que los traía desde Macao y Manila. El término era descriptivo sin connotación despectiva. De ese contacto nació un género pictórico específico, el arte Namban. Biombos, lacas con nácar, paneles y kakemono donde los pintores japoneses retrataron a los europeos con minuciosa atención etnográfica.
Lo que más les fascinó fue el aspecto físico. Narices grandes, prominentes, casi siempre exageradas hasta convertirse en signo identificativo del europeo (los biombos las llaman tengu-bana, "narices de tengu", como las del demonio del folclore sintoísta). Ojos redondos y claros, en contraste con los almendrados japoneses. Barbas pobladas, a veces rojas o castañas, motivo por el que también los apodaron akahige, "barbas rojas". Cabello ondulado o rizado, nunca liso. Estatura alta, postura erguida y gesticulación expresiva con las manos.
El vestuario les pareció igual de extraño. Calzones bombachos de raso (calças tonosamas), camisas amplias con gorgueras blancas almidonadas (las lechuguillas de la moda austríaca), capas cortas de paño, sombreros altos cónicos o de ala ancha, botas altas de cuero, espadas largas y rectas al cinto. Todo lo contrario del kimono y la wakizashi del samurái. Los pintores Kanō representaron cada detalle textil con precisión casi documental.
Las escenas tipo del biombo Namban siguen un esquema fijo. En el lado derecho, una nao portuguesa fondea en la bahía de Nagasaki. El capitán-mayor desciende a tierra acompañado de su séquito, bajo un parasol negro distintivo. En el lado izquierdo, la comitiva avanza por la ciudad portuaria hacia la iglesia o la residencia jesuita, recibida por padres con sotana negra (jesuitas), franciscanos con hábito marrón y la población japonesa convertida o curiosa. Entre la procesión figuran esclavos africanos con turbantes, sirvientes asiáticos, mercaderes cargando rollos de seda y barriles, y animales exóticos: monos, leopardos, caballos árabes con gualdrapas, perros galgos europeos.
El catolicismo es protagonista. Iglesias con campanarios, cruces y pórticos arqueados; procesiones; padres oficiando misa; rosarios y breviarios visibles. Los biombos Namban son la mirada japonesa al siglo cristiano.
Muchos pintores Namban eran japoneses cristianos formados en la escuela artística jesuita de Arima (Kyushu), fundada por el padre italiano Giovanni Niccolò en 1583. Allí se enseñaba pintura al óleo, perspectiva y sombreado europeos a artistas japoneses convertidos. De esa escuela salieron retablos, vírgenes y cristos con técnica occidental y rostro japonés, además de pintores que volvieron a las grandes escuelas Kanō y Tosa y trasladaron el estilo Namban al biombo de gran formato.
El género se extinguió con el cierre del país. En 1639 el shogunato Tokugawa expulsó a los portugueses, persiguió a los cristianos y prohibió cualquier representación que evocara el contacto con el extranjero. Los biombos que sobrevivieron pasaron a colecciones europeas (Lisboa, Oporto, Roma, Madrid) o quedaron escondidos en residencias japonesas. Hoy se conservan unos noventa biombos Namban en museos de Japón, Portugal, España e Italia. Cada uno es un documento etnográfico irrepetible: el primer retrato extenso que una civilización oriental hizo de los europeos en su momento de mayor expansión planetaria.
Bibliografía recomendada:
– Alexandra Curvelo, Os Biombos Namban, Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa, 2018.
– Yoshitomo Okamoto, The Namban Art of Japan, Weatherhill, 1972.
– Charles R. Boxer, The Christian Century in Japan 1549-1650, University of California Press, 1951.
Have you heard of this great Italian mystic Maria Teresa Carloni ?
She said yes to Jesus’ offer for her to bear physical pain and mental anguish for the salvation of others and she was also given the gift of bilocation like Padre Pio.
She was born in 1919 and died saintly in 1983. In her younger years, she worked as a nurse, assisting the needy in Rome during World War II.
Her early years were spent away from the Church, but at age 32, her heart began to lean anew and she decided to go to confession and came across Fr. Cristoforo Campana who then became her spiritual director. In 1951, with the support of Fr. Campana, she made a vow of perpetual virginity.
She began a more spiritual life.
While working for poor children at a foundation in Milano, she began to hear an inner voice. Eventually, Fr. Campana himself also began to hear the same voice which was later found to be that of Jesus Christ.
She had on many instances assented to the offer of Jesus to suffer pains on behalf of people who were in their last agonies.
In the early weeks of 1953, Jesus asked if she would be willing to suffer pain for three hours to save the soul of Stalin who was already dying. She as usual, said yes.
So she suffered immense pain for three hours as witnessed by Fr. Campana who was so moved as to even shout, “Enough.”
But Fr. Campana said that Stalin himself rejected the grace offered to him by virtue of her suffering. Blessed Elena Aiello, another Italian mystic, was granted a vision of hell in which she saw the soul of Stalin, as well as horrible spaces there for his followers.
She was also gifted with the charisma of bilocation. In 1963, she bilocated to the bedside of Pope John XXIII as he lay dying.
Another bilocation happened on May 13, 1981, when Pope John Paul II was shot, she went to see him at 8 p.m. up to 1 a.m. at the hospital. This was put on record by Fr. Campana.
After much suffering, Maria died from a peritonitis on January 17, 1983.
A list of amazing books for children 13 and below:
The Tale of Peter Rabbit and other stories by Beatrix Potter
Heidi by Johanna Spyri
Wind in the Willows by Kenneth Grahame
Winnie the Pooh by AA Milne
The Narnia Series by CS Lewis
Charlotte's Web by EB White
The Magic Faraway Tree by Enid Blyton
Paddington Bear by Michael Bond
A Little Princess by Frances Hodgeson Burnett
The Secret Garden by Frances Hodgeson Burnett
King Arthur and His Knights by Howard Pyle
Peter Pan by JM Barrie
Treasure Island by Robert Louis Stevenson
Gulliver's Island by Jonathan Swift
The Fairy's Mistake by Gail Carson Levine
The Snow Queen by Hans Christian Andersen
The Little Mermaid by Hans Christian Andersen
1001 Arabian Knights
Mary Poppins by PL Travers
The Borrowers by Mary Norton
Howl's Moving Castle by Dianna Wynne Jones
A Wizard of Earthsea by Ursula K Leguin
Charlie and the Chocolate Factory by Roald Dahl
The Witches by Roald Dahl
Fantastic Mr Fox by Roald Dahl
Eragon by Christopher Paolini
Harry Potter series by JK Rowling
The Lord of the Rings by JRR Tolkien
San Agustín venció las tentaciones cuando dejó de fiarse solo de su propia fuerza y se abandonó a la gracia de Dios. Durante años conocía la verdad, pero seguía encadenado a sus pasiones; hasta que comprendió que la conversión exige cortar con el pecado, abrir la Escritura y pedir a Dios aquello que uno no puede darse a sí mismo.
Por eso su oración sigue siendo tan actual: «Da lo que mandas y manda lo que quieras». La castidad, la fortaleza y la conversión nacen de un alma humilde que se deja sanar por Dios.
San Agustín no venció por ser impecable, sino por dejar de huir de la gracia.
Sancte Augustine, ora pro conversione nostra.
Fuentes: San Agustín, Confesiones, VIII, 12, 29; X, 29, 40.
« Aimer signifie aimer l’invivable.
Pardonner signifie pardonner l’impardonnable.
La foi signifie croire l’incroyable.
L’espérance signifie espérer quand tout semble désespéré. »
— G.K. Chesterton (paraphrase fidèle à son esprit dans Heretics & Orthodoxy)
Este estupendo libro sobre el Imperio otomano tardío de un gran historiador social como Donald Quataert está ahora gratis en pdf. ¡A descargar, ciudadanos!
El próximo miércoles sale en castellano uno de los libros croatas más importantes de los últimos años: "Celebración", de Damir Karakaš, publicado por Galaxia Gutenberg con traducción y epílogo de un servidor. Aquí encontraréis más info y un fragmento: https://t.co/ipyBAJi3Ze
Desde los inicios de Automática, hemos querido compartir nuestro aprecio y predilección por la literatura rusa y sus distintas formas de ser narrada.
✨Esta es una pequeña muestra de nuestra biblioteca rusa.
“Feliz aquele que vive inteiramente unido e abandonado à vontade de Deus. Não fica orgulhoso com seus sucessos, nem fica desanimado com os fracassos, pois sabe que tudo vem da mesma mão de Deus. Só a vontade de Deus é a regra de seu desejo; por isso faz o que Deus quer e quer o que Deus faz. Não se preocupa em fazer muitas coisas, mas procura realizar perfeitamente aquilo que acha ser da vontade de Deus. Por isso coloca as menores obrigações de seu estado antes das ações mais grandiosas e gloriosas, porque percebe que nestas pode haver lugar para o amor próprio, enquanto que naquelas se encontra certamente a vontade de Deus.
Portanto, seremos felizes, se recebermos de Deus todas as coisas, em perfeita conformidade com a vontade divina, sem nos importarmos se são conformes ou contrárias ao nosso gosto.”
— Santo Afonso Maria de Ligório. A Prática do Amor a Jesus Cristo. Cap. XIII.
Definitivamente, el libro más fascinante que leí en mi vida.
Lo acabo de terminar y voy a empezar a distribuirlo.
Fue escrito por dos judíos de nacimiento y religión que abrazaron la fe cristiana y el sacerdocio: los hermanos Augustin Lemann y Joseph Lemann, quienes enseñaron hebreo y Sagradas Escrituras en la Universidad de Lyon, Francia.
La profundidad de detalles sobre la tradición y cultura judía, las expresiones en su contexto original y, especialmente, las irregularidades del proceso que condenó a Jesús de Nazaret bajo la propia ley judía, es impresionante.
Un libro escrito por personas con un conocimiento profundo tanto de la fe judía como de la fe cristiana.
C.S. Lewis on the difference between Romance and the Novel:
“The Romance differs from the Novel in one very important respect, that it has no need to explain its images away. For its world is the world in which such images are native. With the novel it is very different. There each image has to be carefully accounted for in naturalistic terms and provided with its causal pedigree. In Little Dorrit, for example, the final horror of the whole nightmare in which Affery has been living comes when she creeps downstairs to see what her terrible husband Flintwinch is doing—and sees two Flintwinches, a waking Flintwinch and a sleeping Flintwinch, exactly alike. Since the story is a novel, this terrific image has of course to be explained away by some nonsense about a long-lost twin brother. In The Faerie Queene, on the other hand, duplication could actually be performed—as in fact it is, by the witch in iii, viii, 5-8: ‘In hand she boldly tooke / To make another like the former Dame, / Another Florimell … The substance, whereof she the bodie made, / Was purest snow in massie mould congeald, / Which she had gathered in a shadie glade / Of the Riphoean hils, to her reveald / By errant Sprights …’ And in place of life, to rule the corpse she put ‘A wicked Spright yfraught with fawning guile, / And faire resemblance above all the rest, / Which with the Prince of Darknesse fell somewhile, / From heavens blisse …’ This particular duplication will presently be loaded by the poet with entirely conscious allegories. But that is not a necessary condition for the admittance of such impossibilities to Romance. Even without it, Shakespeare manages a not dissimilar effect. For when Troilus witnesses Cressida’s disloyalty, and exclaims ‘this is Diomed’s Cressida ... this is, and is not, Cressid’, it is much more than a way of saying that such unfaithfulness is not like her.” (Spenser’s Images of Life)
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