En el cortometraje El Tesoro, Adriana Barraza interpreta a una madre que se hace pasar por vidente para localizar los cuerpos que enterró su propio hijo sicario antes de morir. Y ahí, en ese jardín que en la ficción pertenece a un exgobernador, está retratado el México de hoy: 135 mil personas desaparecidas y apenas 3,869 carpetas de investigación abiertas entre 2006 y 2026. La casa del poder construida literalmente encima de la fosa.
Don Felipe, el campesino, encuentra los huesos de su hijo y lo reconoce por la camisa de cumpleaños que pensó nunca le había gustado. Esa es la crisis forense mexicana en una sola escena: 72 mil cuerpos sin identificar en el sistema, mientras los padres reconocen a los suyos por un tenis, un llavero, una playera. El Estado tiene los laboratorios; las familias tienen la memoria. Y con eso están cargando el país.
Que el corto se haya liberado gratis en @YouTube justo cuando las madres buscadoras irrumpieron en la inauguración del Mundial con la consigna “que no se juegue con nuestro dolor” no es coincidencia, es puntería. Mientras el país se disfraza de fiesta, hay 4,500 fosas clandestinas ya localizadas y contando. El Tesoro dice más sobre nuestra realidad que cualquier informe oficial. Véanlo. Y después expliquenme cómo seguimos fingiendo normalidad.
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La democracia no se muere de golpe. Primero se le vacía el alma: se dice “ganamos”, luego “podemos todo”, después “la Constitución estorba”. Ferrajoli lo vio con absoluta claridad: una mayoría sin derechos no es democracia; es poder contando votos.
La Constitución no está para decorar discursos ni para inclinarse ante quien ganó una elección. Está para poner una línea roja: hay cosas que ninguna mayoría puede hacer, perseguir, censurar, desaparecer, discriminar, y cosas que ningún gobierno puede dejar de hacer, garantizar salud, educación, justicia y dignidad.
Por eso la democracia verdadera no pasa solo por las urnas: pasa por los derechos. Sin jueces independientes, sin límites al poder, sin garantías reales para los más débiles, el voto se vuelve coartada.
Gran carrera hoy y una de nuestras mejores hasta ahora. Gran ritmo después de solucionar los problemas de la clasificación. ¡Ahora todo el apoyo para México esta noche! 🇲🇽💪 ¡Vamos!
Es imposible no emocionarte con este video que subió la Selección de México, confío que hoy le vamos a ganar a Inglaterra y haremos historia una vez más🇲🇽❤️
No hay nada más hermoso en esta vida que ser mexicano🥹✨
¡HONOR, CABO VERDE!
➟ En la primera Copa del Mundo de su historia.
➟ Empataron ante la Selección de España de Lamine Yamal, Pedri, etc.
➟ Empataron ante la Selección de Uruguay de Fede Valverde, Muslera, Loco Bielsa, etc.
➟ Sumaron sus primeros puntos en su historia de las Copas del Mundo.
➟ Llevaron hasta prórroga a la Selección de Argentina de Messi en los dieciséisavos.
➟ No perdieron ningún partido en los 90 minutos en todo el mundial.
➟ 3 de sus 4 partidos fueron ante Campeones del Mundo (España, Uruguay, Argentina).
➟ Aunque fue su primer mundial, parece que llevan jugando toda su vida jugando mundiales.
➟ Nos regalaron la mejor historia del mundial.
➟ Quedaron eliminados pero se ganaron el respeto de todo el mundo.
DE PIE ANTE LA SELECCIÓN DE CABO VERDE.
¿Qué ocurre si el Estado descubre la prueba que demuestra un delito… pero la obtuvo violando la Constitución? La respuesta ha dado origen a una de las doctrinas más importantes del derecho moderno: la prueba ilícita. Se trata de toda evidencia obtenida vulnerando derechos fundamentales —como el debido proceso, la inviolabilidad del domicilio, la privacidad de las comunicaciones o la prohibición de la tortura—. En derecho, el problema ya no es sólo qué se descubrió, sino cómo se descubrió.
Por esa razón existe la regla de exclusión. La Constitución y la jurisprudencia sostienen que una prueba obtenida mediante la violación de derechos fundamentales carece de valor jurídico y debe ser expulsada del proceso. Incluso, si de esa prueba nacieron otras evidencias, también pueden quedar invalidadas. Es la célebre teoría del fruto del árbol envenenado: si el árbol nació contaminado, sus frutos también lo están. El Estado no puede construir un juicio legítimo sobre la base de una ilegalidad.
Durante décadas, los tribunales han debatido si esa regla admite excepciones, pero el principio sigue siendo extraordinariamente poderoso: la justicia no sólo se mide por las condenas que consigue, sino por los límites que respeta para conseguirlas.
Inglaterra es una potencia mundial, pero ofrezco un dato.
El equipo inglés ha jugado 3 partido contra México en la CDMX. Dos en el Azteca y uno en CU.
Ha perdido dos y empatado uno.
Ahí queda.
¿Procede conceder la suspensión para que puedas registrar tu línea telefónica sin necesidad de entregar datos biométricos? En el Tribunal consideramos que sí.
Una persona promovió amparo contra la obligación que le impuso una operadora de servicios telefónicos de entregar sus datos biométricos o tramitar su CURP biométrica para poder registrar su línea.
La @SCJN acaba de tocar una fibra profunda del derecho familiar mexicano: la sangre no siempre cuenta toda la historia. Un padre ausente no puede aparecer al final de la vida de un hijo sólo para reclamar una herencia, mientras quien cuidó, acompañó y sostuvo queda borrada por una lectura fría del Código Civil.
La sucesión legítima presume afectos; pero las presunciones también se rompen. Y cuando una hermana fue la familia real, la que estuvo en la enfermedad, en la casa, en la vida cotidiana y en el último tramo, el derecho no puede cerrar los ojos y premiar al abandono con el patrimonio.
Este criterio importa porque reconoce algo elemental: familia no es sólo quien aparece en un acta; familia también es quien cuida. La sangre puede abrir una puerta jurídica, pero el cuidado demuestra quién habitó de verdad la vida de una persona.
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Kafka entendió algo que los abogados a veces olvidamos: el Derecho no fracasa únicamente cuando se viola la ley. También fracasa cuando, cumpliendo todas sus formas, deja sola a la persona frente al expediente, al sello, al trámite, al juez invisible y a una autoridad que nunca explica, pero siempre exige.
La miseria del Derecho aparece cuando la justicia se vuelve oficina; cuando el proceso deja de ser garantía y se convierte en castigo; cuando la ley ya no protege al débil, sino que organiza su impotencia. Ahí nace lo kafkiano: no en el absurdo literario, sino en la experiencia real de quien busca justicia y solo encuentra pasillos cerrados.
Leer a Kafka como juristas es incómodo, pero necesario. Nos obliga a preguntarnos si el Derecho que practicamos libera o somete; si escucha o aplasta; si humaniza o administra culpas.
Un arrendatario fue demandado por rentas vencidas y rescisión del contrato. Su defensa fue decir: “sí pagué, pero en efectivo; la arrendadora nunca me dio recibos”. El detalle decisivo era otro: en el contrato se había pactado que la renta se pagaría por cheque o depósito bancario.
El Tribunal dijo algo de enorme importancia práctica: la presunción legal de pago protege al inquilino cuando el arrendador recibe la renta y no entrega recibos, pero sólo si el pago se hizo conforme a lo pactado. Si el contrato exigía medios bancarios —que dejan huella— el arrendatario no puede cambiar por su cuenta a efectivo y luego pretender que la falta de recibos juegue automáticamente a su favor.
La resolución manda un mensaje brutal para la vida diaria: en derecho, pagar no es sólo entregar dinero; es cumplir en tiempo, forma y modo convenidos. La confianza, la costumbre y el “así nos arreglábamos” se derrumban cuando llega el juicio. Y cuando no hay prueba, el contrato termina hablando más fuerte que cualquier explicación.
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Un niño con autismo tenía una pensión alimenticia ordenada por un juez. Su padre simplemente dejó de pagar. Ante el incumplimiento, su madre acudió a los tribunales para pedir que los abuelos paternos respondieran de manera subsidiaria, como permite la ley cuando los padres no pueden garantizar los alimentos. Sin embargo, los jueces le cerraron la puerta: dijeron que los abuelos no tenían obligación porque el padre no estaba “absolutamente imposibilitado” para trabajar.
El caso llegó a un Tribunal Colegiado, que hizo una pregunta mucho más importante: mientras los adultos discuten quién debe pagar, ¿qué pasa con el niño? La respuesta fue contundente. Tratándose de una persona menor de edad con discapacidad, la obligación de los abuelos no puede depender de demostrar que los padres están física o mentalmente incapacitados de manera absoluta. Lo relevante es saber si el niño está recibiendo realmente lo necesario para vivir con dignidad. Y esos alimentos no son sólo comida: incluyen terapias, rehabilitación, educación, cuidados especializados y todo aquello que le permita desarrollar sus capacidades y participar plenamente en la sociedad.
Esta tesis cambia la conversación. Le recuerda a los jueces que el centro del juicio no es la comodidad de los adultos, sino las necesidades del niño. Porque cuando un padre incumple y esa omisión pone en riesgo el desarrollo de una persona menor de edad con discapacidad, el Derecho no puede quedarse observando desde la barrera. La justicia existe precisamente para impedir que un niño pague las consecuencias del abandono de los mayores.
Aquí puedes consultar las tesis que generó este caso: https://t.co/tVrOEly6q9
El radio taiso japonés, ese ejercicio que mucha gente recomienda.
Es súper útil para mantener la salud de los hombros, corregir la postura y fortalecer el cinturón de los hombros.
Durante años, muchas mujeres llegaron a juicio diciendo: “mi jefe me acosó, me aisló, me presionó, me cambió las condiciones de trabajo y después me dejaron fuera”. Y demasiadas veces el expediente respondió con frialdad: “no hay pruebas suficientes”. Como si el acoso laboral ocurriera con testigos, actas notariales y confesiones firmadas.
La @SCJN acaba de fijar un criterio decisivo: cuando una trabajadora denuncia acoso laboral vertical descendente, el juez no puede esconderse detrás de una supuesta neutralidad. Debe juzgar con perspectiva de género: mirar la jerarquía, el miedo, la dependencia económica, la posibilidad de represalias, los silencios, los indicios y las estructuras de poder que muchas veces no aparecen en el contrato, pero sí destruyen una vida laboral.
Esta tesis es brutalmente importante porque cambia la pregunta. Ya no es: “¿puedes probar desde el inicio que te discriminaron?”. Ahora es: “¿investigó el tribunal si hubo una desigualdad real detrás del conflicto?”. En un país donde el poder suele disfrazarse de normalidad administrativa, esta jurisprudencia recuerda algo elemental: la justicia que no ve el contexto termina protegiendo al abuso.
Aquí puedes consultar la tesis que generó este caso: https://t.co/zb6yxrpEvP
El Derecho no fue creado para que lo entiendan únicamente los abogados. Cuando una sentencia, una ley o una resolución están escritas en un lenguaje oscuro, excesivamente técnico o innecesariamente enredado, algo falla. La justicia no puede hablar un idioma ajeno a los ciudadanos.
Durante décadas se confundió profundidad con complejidad y solemnidad con claridad. Pero un lenguaje jurídico inaccesible no fortalece al Derecho: lo aleja de la gente. La verdadera técnica consiste en explicar con precisión, sencillez y rigor aquello que afecta la vida de las personas.
La justicia también se construye con palabras. Un lenguaje jurídico claro, sencillo y comprensible no es una concesión ni una moda: es una exigencia democrática. Porque los derechos que no se entienden son derechos más difíciles de ejercer y de defender.
Un abogado no se hace con un título colgado en la pared. Se hace cuando entiende que detrás de cada expediente hay una vida en riesgo: una familia, una libertad, un patrimonio, una reputación. La abogacía empieza cuando dejamos de jugar al trámite y asumimos la responsabilidad brutal de defender a otro ser humano.
El buen abogado no improvisa, no repite ciegamente lo que le dice el cliente, no litiga “a ver qué pasa”. Investiga, pregunta, incomoda, prueba, ordena, escucha y piensa. Porque un documento puede mentir, una versión puede caerse y una palabra mal dicha puede costar una injusticia.
Ser abogado no es hablar bonito ni citar leyes de memoria. Es saber cuándo hablar, cuándo callar, cuándo negociar, cuándo pelear y cuándo decirle al cliente la verdad aunque duela.
Indicaciones para llegar al estadio Azteca a la inauguración.
Tomar la marcha de los empleados de la salud en periférico, transbordar a la marcha de las madres buscadoras, se bajan en Tlalpan y toman la de los maestros de la CNTE, esa los deja a 2 km del estadio... 😬😬😏😢😠