Puedes decirle a alguien: "eres irremediablemente imbécil" o abrir La Odisea y decir: «mal hablaste, mi huésped: pareces persona sin seso; bien se ve que los dioses no dieron a todos los hombres por entero sus gracias, talento, facundia y belleza».
La mujer más derechista de Francia y yo diría que de Europa, acaba de decir que lo que hizo Estados Unidos es un peligro para todos.
Pero aquí dicen que estamos llorando dictadores.
The history of US interventionism in Latin America is a history of human rights violations, human experimentation, slavery, poverty and genocide, not emancipation. Maduro is a monster who does not care about his people, but let’s not be naive: neither does the US
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.
Esto apenas se entiende, pero hay hechos firmes: Maduro es un dictador y un déspota. Trump es un autoritario con ínfulas de dictador. Estados Unidos nunca invade por decencia, sino por interés, y lo que deja atrás es también muerte y miseria.
Bombardear un país, así sea con la bien intencionada idea de derrocar un dictador, tiene consecuencias, que en la mayoría de casos, suelen ser negativas.
Lo de Caracas no es motivo de alegría sino de alerta, no sabemos qué pasará en unas horas con la reacción de países aliados.
Mi marido sabe que al primer "tengo hambre" mío, tenemos una media hora para resolver algo de comida, porque después de ahí el hijueputa malgenio no me lo quita nadie y la mujer sociable y querida que la gente conoce se esfuma.
Solo era para recordarles que, durante mucho tiempo, ustedes decían: yo voto por el que ponga preso a Uribe. Pues les cuento que ese alguien ya es candidato presidencial.
¿Ustedes se imaginan que la idea de de hacer un mar en Medellín la hubiera propuesto el Presidente Gustavo Petro? La derecha ya estaría -otra vez- pidiendo una valoración de la salud mental del Presidente.
Bueno eso.