Twitter es como mantener un cuarto ordenado, si se te acumula la mierda en tu TL acabas pasándote el día cabreado y frustrado. Es importante silenciar/bloquear a los que solo te generan reacciones negativas como odio o crispación. Vivirás mejor y Twitter te será más util
@Rakelmarkos Hemos respetado las normas que entre todos hemos acordado. La ley se puede cambiar si nos parece injusta; saltárnosla según el caso no es humanidad, es arbitrariedad. El Estado de derecho consiste precisamente en que la ley no dependa de cuánto nos conmueva cada caso
@giraldeo No hacéis un carajo con el problema de vivienda en 8 años y ahora deprisa y corriendo y por una viejecita os ponéis la capa de héroes. Hacer política bajo presion mediática. Es lamentable, pero eso sí, seguid dando la prioridad a ir protegiendo chamizos
La escalada de la inflación empuja la subida de las pensiones por encima del 3% en 2027: el jubilado medio cobrará más de 1.625 euros https://t.co/3kiFs6lLCy
El verdadero drama de la vivienda en este país no son los pensionistas; son los jóvenes.
Y, en buena medida, porque padecen la mayor transferencia intergeneracional de riqueza de nuestra historia para pagar pensiones.
Es increíble lo fácil que es pastorear a la gente para que se entretengan unos días con el tema de la abuelita. Lo mejor es que en 3 días se les habrá pasado el berrinche y seguiremos con el mismo gobierno que no ha hecho una mierda con temas de vivienda en 8 años. Borregos
We’re sharing a solution to the Navier-Stokes Millennium Prize Problem, one of the deepest problems at the frontier of mathematics.
The proof was produced by a group of agents, using an OpenAI next-generation model significantly more capable than GPT-6 Astra.
The problem concerns whether the description of smooth three-dimensional fluid motion modeled by the Navier-Stokes equations can break down. It has remained unresolved for roughly 90 years.
If the European welfare state looks like a pyramid scheme, its pharaohs are the “baby boomers”. We explain how the cohort has pulled off an intergenerational heist https://t.co/amTivdcdkT
@ldpsincomplejos Algún día tendréis que entrar en razón... El envejecimiento eleva la generosidad de las pensiones: quien se jubile ahora recibirá un 62% más de lo aportado | Economía | EL PAÍS https://t.co/BAG862Ceif
@rosa_rossmari30@wallstwolverine El envejecimiento eleva la generosidad de las pensiones: quien se jubile ahora recibirá un 62% más de lo aportado | Economía | EL PAÍS https://t.co/BAG862Ceif
Lose weight any way, diet, surgery, or Ozempic, and 25 to 30% of it is muscle. For older people, that's the risky part, since muscle keeps you strong and steady, and it's especially hard to rebuild.
A new class of drugs changes that math. Apitegromab, the one @scottisaacsmd's flagging, drops the muscle you lose from about 30% to 15%. @Regeneron's and @EliLillyandCo's versions go further, and Lilly's bimagrumab even added muscle while the fat came off.
Three companies, same idea, no steroids. The next weight-loss drugs let you keep the muscle.
@XMihura Jajajajaja meter ahí que la culpa es de los inmigrantes con calzador... se te ha visto el plumero. Los españoles son los menos cívicos de europa aunque no hubieses metido a un solo inmigrante en los últimos 20 años. A veces os olvidáis de hemos sido país moro 7 siglos
Researchers once asked 909 women to write down how they felt during every part of their day. The commute came in dead last, below housework, below their actual jobs. The study came from Daniel Kahneman, the psychologist who won a Nobel Prize for studying how people make decisions, and later research using bigger groups keeps finding the commute near the bottom.
The math behind it is strange. You take a longer commute to get something back: a bigger house, a better school district, a higher salary. In theory it should even out. Two economists at the University of Zurich tested that against nearly twenty years of German survey data, and it didn't. People with longer commutes were just less satisfied with their lives. When they ran the numbers, someone with a one-hour drive each way would need to earn about 40% more to be as happy as someone who walks to work. The raise that justified the move mostly fails to pay for the daily grind of getting there.
The body keeps a tally too. A study of about 4,300 adults in Texas found that once a one-way drive passed 10 miles, blood pressure started creeping up, along with blood sugar and cholesterol. Past 15 miles, people exercised less and were more likely to be obese. Sitting in a car that long crowds out the walk or the gym you meant to fit in.
Then there is the cost to relationships. A Swedish researcher tracked 2 million Swedes who were married or living with a partner, and found that when one of them commuted 45 minutes or more, the couple was about 40% more likely to break up. The risk peaked in the first few years, and it usually landed on the same setup: the man takes the far job, the woman takes a smaller one near home and does more of the childcare.
None of this is rare. The average American commute runs about 27 minutes each way now, close to an hour round trip, and roughly one in eleven workers spends 60 minutes or more in each direction. Britain's statistics agency found that every extra minute of commuting pushes happiness and life satisfaction down and anxiety up, with the worst stretch being a commute of one to one-and-a-half hours each way.
The part that keeps showing up in the data is that people sign up for the long commute anyway. The bigger house and the higher salary are easy to picture. The hour in traffic, every day, for years, is the part the brain quietly tunes out.
¿Es el problema de la corrupción en España solo de reglas o de nuestros políticos? No. Tenemos reglas horrorosas, sí, y una selección de élites pésimas, pero cualquiera que pasee por una calle de una ciudad española comprobará cómo muchos españoles (españoles de España, para que no haya duda) se saltan constantemente las reglas, aparcando donde les da la gana, tirando basura donde no corresponde o llevando al perro sin cadena en sitios donde no se puede (ejemplos que vi en solo dos días de noviembre, la última vez que fui a Madrid).
Ya sé lo que me van a decir: estas son anécdotas, no es evidencia seria. Pero resulta que sí tenemos evidencia seria.
Hasta 2002, los diplomáticos de las Naciones Unidas tenían inmunidad diplomática respecto de las multas de aparcamiento en Manhattan, por lo que podían aparcar donde quisieran, sin más límite que las normas culturales de sus países (o las reglas internas de las embajadas).
A dos economistas, Raymond Fisman y Edward Miguel, se les ocurrió considerar las multas de aparcamiento impagas de los diplomáticos de cada país como una medida de la corrupción en ese país. Si los diplomáticos “pasaban” de las reglas de aparcamiento porque no había consecuencias, era una medida de lo corrupto de ese país (o al menos de un grupo de élite, que son sus diplomáticos).
El resultado es un artículo muy famoso, “Corruption, Norms, and Legal Enforcement: Evidence from Diplomatic Parking Tickets”, publicado en una de las mejores revistas de economía del mundo.
¿Cómo salen los diplomáticos españoles? Mal. El diplomático español medio acumuló 12,9 multas sin pagar por año en cada uno de los cinco años del estudio, es decir, algo más de una multa al mes (como referencia, en 1998 había 15 diplomáticos españoles acreditados en las Naciones Unidas en Manhattan). Como se ve en la tabla, España está al nivel de Ruanda o Ghana.
En comparación, los diplomáticos de Noruega o Suecia no acumularon ninguna multa impaga. Como me contó uno de los autores del trabajo: cuando un diplomático sueco vio el estudio, le respondió que una multa de tráfico no pagada hubiera sido un escándalo tan grande en Suecia que el ministerio de asuntos exteriores entero tendría que haber dimitido.
Para contrastar, una vez un alto funcionario español, trabajando en Estados Unidos (no político, funcionario de los de oposición rimbombante), me explicó, ante mi sorpresa: ¡Estar en las Naciones Unidas es fantástico (bueno, empleó otra palabra más fea), puedes aparcar donde te salga de las narices!
Pero lo interesante es que cuando las reglas cambiaron en 2002 y los diplomáticos perdieron su inmunidad, las multas de tráfico de los diplomáticos españoles cayeron a 0,5 de media al año.
¿Cuáles son las conclusiones que saco de este artículo?
Primero, España es un país con una cultura de normas pobre. Un grupo de élite, los diplomáticos en las Naciones Unidas, abusaba, en promedio, de manera descarada del sistema (me imagino que habría mucha heterogeneidad, con algunos diplomáticos con pocas multas y otros con centenares). Y encima presumían de ello.
Segundo, los cambios en las reglas funcionan: las multas cayeron de 12,9 a 0,5.
Tercero, a largo plazo probablemente el cambio de reglas llevaría a que cambiara la cultura.