cuando finalmente aprendes la diferencia entre las personas que te aman, las que aman estar contigo y las que solo aman lo que puedes hacer por ellas, todo cambia.
Tanto el infiel como el asaltante de banco suelen pedir perdón no por genuino arrepentimiento, sino por haber sido descubiertos. El infiel no se arrepiente de la traición hasta que su pareja lo atrapa. El asaltante no lamenta el robo hasta que cae preso. Un verdadero arrepentimiento reconocería el error de voluntad, no forzado por las consecuencias de ser desenmascarado.