@GustavoAdolf_ Gran reflexión. Sin duda es factor de empobrecimiento del pensamiento profundo. Solo una crítica muy respetuosa. En el español los signos de interrogación se ponen desde el inicio de la pregunta, no solo al final.
Si una inteligencia artificial puede producir exactamente el trabajo que le pedimos a un estudiante para demostrar que aprendió, tenemos dos posibilidades.
Prohibirle usarla.
O preguntarnos si ese trabajo realmente demostraba aprendizaje.
La segunda pregunta me parece bastante más incómoda.
Durante mucho tiempo una respuesta correcta, un ensayo bien escrito o un ejercicio resuelto funcionaron como evidencias razonables de que una persona sabía.
Hoy esa relación ya no es tan evidente.
Una IA puede producir una respuesta correcta.
Puede estructurar un argumento.
Puede resumir un texto.
Puede redactar algo impecable.
Entonces el desafío educativo empieza a desplazarse.
¿Cómo sabemos ahora que alguien entendió?
Quizá tengamos que mirar menos el producto final y mucho más lo que una persona puede hacer con él.
¿Puede explicar por qué cree que esa respuesta es cierta?
¿Puede defenderla?
¿Puede encontrar sus límites?
¿Puede reconocer una evidencia que contradiga su posición?
¿Puede cambiar de opinión?
¿Puede tomar una decisión cuando no existe una respuesta inequívocamente correcta?
La inteligencia artificial está obligándonos a revisar algo que, en realidad, deberíamos haber revisado hace tiempo:
qué consideramos evidencia de aprendizaje.
No creo que esta sea una conversación sobre cómo proteger la educación de la IA.
Es una oportunidad para preguntarnos qué parte de educar nunca debió reducirse a producir una respuesta correcta.
Ne vous disputez pas avec les gens de plus de 60 ans. Vraiment, évitez.
Ce n’est pas seulement une question d’âge : c’est une véritable leçon de survie.
Ils ont grandi sans Google, sans livraison de repas à domicile, sans podcasts de développement personnel et sans bouton « Annuler ». Quand quelque chose tombait en panne, ils attrapaient du ruban adhésif, du WD-40, un marteau et affichaient un air tellement déterminé que même l’appareil en panne finissait par douter de lui-même.
Enfants, ils savaient exactement dans quelle humeur était leur mère rien qu’au bruit qu’elle faisait en posant plus ou moins violemment la poêle en fonte sur la cuisinière.
C’était la génération des enfants qui rentraient seuls de l’école, avec la clé de la maison autour du cou et des consignes très claires : réchauffer le déjeuner et surtout ne pas mettre le feu à la cuisine. À dix ans, ils étaient capables d’aller à vélo jusqu’à l’épicerie du coin, d’acheter une bouteille de lait pour la voisine, de nourrir le chien et d’avoir encore le temps de jouer dehors avec les copains jusqu’à la tombée de la nuit.
Leurs genoux étaient en permanence couverts d’égratignures, de bleus et de traces de désinfectant. Leur trousse de premiers secours universelle ? Un petit rinçage rapide sous le tuyau d’arrosage et un pansement. Tant qu’aucun os ne dépassait, tout allait bien.
Ils buvaient directement au tuyau d’arrosage, mangeaient du pain de mie couvert de beurre et de sucre, partageaient une seule bouteille de Coca à cinq et, mystérieusement, survivaient malgré cette absence totale de désinfection.
C’est la génération qui sait rembobiner une cassette audio avec un crayon. Celle qui connaît le suspense d’attendre toute une semaine qu’un film passe à la télévision, parce que si on le ratait… c’était fini. Elle se souvient des téléphones à cadran, des énormes annuaires en papier dans lesquels on cherchait le numéro d’une famille, et de l’excitation provoquée par l’arrivée de la télévision en couleur.
Ils ont connu les lignes téléphoniques partagées, les rubans de machines à écrire, les premiers téléphones portables gros comme des briques, puis les téléphones à clapet. Et aujourd’hui, il leur arrive peut-être de vous envoyer accidentellement un message vocal de sept minutes dont les six premières sont essentiellement constituées de leur respiration et de :
« Allô ? Tu m’entends ? »
Et ne vous avisez surtout pas de rire.
Parce que sans GPS, ces gens étaient capables de traverser la moitié du pays avec pour seuls guides une vieille carte routière en papier, une glacière remplie de sandwichs et cette conviction profonde que :
« La sortie ne devrait plus être très loin… »
Ce sont les maîtres absolus de la débrouille domestique. Ils savent recoudre, resserrer, recoller et réparer à peu près n’importe quoi. Et quelque part dans leur placard, ils possèdent un fameux « sac à sacs » rempli de sacs en plastique, probablement plus vieux que la moitié des gadgets électroniques que vous possédez.
Alors, laissez tranquilles les gens de plus de 60 ans.
Ils ont connu le monde avant Internet, puis ils ont appris à vivre dans celui d’après. Et pendant tout ce temps, ils ne se sont pas contentés de survivre : ils se sont débrouillés, adaptés et ont continué à avancer.
Et si vous fouillez leurs poches aujourd’hui, vous y trouverez probablement un bonbon à la menthe, un mouchoir soigneusement plié, un comprimé contre la douleur « au cas où »… et surtout une sagesse acquise à la dure qu’aucun App Store ne pourra jamais vous permettre de télécharger.
El Plan Nacional de Inteligencia Artificial debería ser lectura obligada para la abogacía mexicana. No porque vaya a sustituir abogados, sino porque está cambiando el terreno sobre el que vamos a ejercer: el Estado utilizará cada vez más algoritmos, datos y sistemas de IA para administrar, fiscalizar y tomar decisiones. Y al mismo tiempo vendrán nuevas reglas, derechos y responsabilidades jurídicas.
🔴 Formarnos en IA. Ya no basta conocer leyes y jurisprudencia. Tendremos que entender cómo funcionan los sistemas que vamos a contratar, regular, defender o impugnar.
🟠 Dominar el nuevo compliance algorítmico. Transparencia, explicabilidad, proporcionalidad, no discriminación, supervisión humana y sistemas de alto riesgo serán nuevos territorios jurídicos.
🟡 Entender datos y privacidad. La IA pública depende de enormes bases de información. Finalidad, seguridad, perfilamiento, datos sensibles y responsabilidad estarán en el centro del debate.
🟢 Aprender a impugnar algoritmos. Si SAT, aduanas u otras autoridades utilizan IA, el abogado tendrá que preguntar: ¿qué datos usó?, ¿qué modelo?, ¿por qué llegó a esa conclusión?, ¿quién supervisó?, ¿cómo se controvierte?
🔵 Rediseñar contratos. Propiedad de datos, entrenamiento de modelos, confidencialidad, auditorías, errores, ciberseguridad, propiedad intelectual y responsabilidad tendrán que negociarse expresamente.
🟣 Prepararnos para la prueba algorítmica. Logs, bases de datos, modelos, tasas de error, trazabilidad y peritajes tecnológicos empezarán a entrar a expedientes y tribunales.
⚫ Trabajar con ingenieros, científicos de datos y expertos en ciberseguridad. El litigio tecnológico será necesariamente multidisciplinario.
La conclusión es incómoda pero inevitable: el abogado que sólo sepa Derecho va a empezar a quedarse corto. El abogado que entienda Derecho, tecnología, datos y derechos fundamentales tendrá frente a sí uno de los campos profesionales más grandes de las próximas décadas.
Aquí se puede consultar el plan en su totalidad: https://t.co/8dNHKUJzB6
Here's a thought experiment they don't teach in American schools.
Imagine a foreign power, significantly stronger than the United States, decided after a disputed intelligence assessment that the American government posed a threat.
It assembled a coalition, invaded, removed the government, disbanded the military, releasing hundreds of thousands of armed men into unemployment, and installed a transitional authority composed largely of exiles who had been living in the foreign power’s country for twenty years.
It then spent the next decade conducting night raids on American homes.
It ran detention facilities where Americans were held without charge and in some cases tortured.
It operated checkpoints in American cities where American citizens were stopped, searched, and sometimes killed by foreign soldiers who did not speak English and could not distinguish a civilian from a combatant and in many cases did not particularly try.
A generation of American children grew up in this environment.
Would you describe those children's resulting hostility to the foreign power as:
(A) A rational response to their lived experience
or
(B) Evidence of a cultural pathology that requires theological and anthropological analysis?
You already know the answer.
You knew it before I finished the sentence.
The exercise is only necessary because the question is never asked the right way around.
@JesusArman71563@LectorHistoria Cierto. Reflexionemos los hechos históricos violentos sin acusar a un pueblo o nación; acusarnos como humanidad, para poder superarnos, debemos empezar por admitir el problema de la violencia humana ante la incapacidad de lograr las cosas por otros medios.
@Ar1zZ17@Dario_Madrid_F Exactamente ese el punto. No es difícil entender que es un nombre propio. Nos podríamos ahorrar toda la argumentación sobre lo correcto de palabras similares. Tan solo queremos que respeten el nombre propio.
@Rafael_Narbona Bendita la sangre mesoamericana y española que dieron origen a la nación mexicana, con X, que nos da identidad entre los pueblos hispanohablantes. Letra que analiza con rigor cultural e histórico el Profesor Narbona. Como mexicano (con X), agradezco este conocimiento.
POR QUÉ MÉXICO SE ESCRIBE CON EQUIS
Ramón María del Valle-Inclán contaba que viajó a México porque se escribía con equis, pero Isabel Díaz Ayuso se empeña en utilizar la jota. La RAE recomienda utilizar la equis, pues considera que es más correcto, ya que pone de manifiesto que México fue creado por el pueblo mexica o azteca. Sin embargo, Díaz Ayuso considera que México no fue fundado por el pueblo mexica, sino por Hernán Cortés. Nacho Cano, admirador de la lideresa y autor del indigesto musical Malinche, suscribe esa interpretación y celebra que los colonizadores fueran españoles y no ingleses. Si los pérfidos hijos de Albión hubieran ocupado Tenochtitlán, capital del imperio azteca, habrían degollado a todos sus habitantes. En cambio, Hernán Cortés y sus aliados indígenas, mucho más compasivos, solo exterminaron a 240.000 nativos, sin hacer distinción entre hombres, mujeres y niños.
Ayuso y Nacho Cano reivindican la figura de Hernán Cortés como precursor de la Hispanidad. Al parecer, Cortés comprendió que el “descubrimiento de las Indias Occidentales” constituía uno de los momentos más gloriosos de la humanidad. Gracias al genio de España, un continente sumido en la barbarie y el paganismo pasó a formar parte de un Imperio cristiano donde no se ponía el sol. No creo que Ayuso haya leído a Ramiro de Maeztu, pero sí lo ha hecho la corte de políticos, plumíferos y pseudohistoriadores que elaboran su discurso y han convertido la provocación en una imagen de marca. Publicada en 1934, la Defensa de la Hispanidad de Maeztu describía la colonización española de América como una misión civilizadora. Los españoles habían creado una comunidad con una sola lengua y un solo credo. La fe católica había sido el elemento que había disuelto las diferencias étnicas, aglutinando a hombres y mujeres alrededor de la Cruz, símbolo de grandeza y abnegación. Maeztu opinaba que América y España se habían distanciado por culpa de la democracia y el liberalismo, pero esperaba que volvieran a estrechar lazos bajo la bandera de la Tradición.
Los ideólogos de Ayuso han modernizado su discurso, pero sin alterar el mensaje. España no debe sentirse mal por la conquista. En realidad, no destruyó nada. Al revés, fundó universidades e iglesias, sacando de su atraso a pueblos bárbaros y primitivos. El hecho de que perdieran la vida el 90% de los nativos solo es un incidente menor. Es cierto que la mayoría de las muertes se produjeron por culpa de enfermedades infecciosas como la viruela o el sarampión, pero se calcula que varios millones perecieron a consecuencia de las masacres, el trabajo forzoso en las minas y el régimen de servidumbre en las encomiendas. La población de lo que hoy es México central se redujo en poco más de un siglo de veinticinco millones a poco más de un millón. Hernán Cortés fue uno de los artífices de esta gran obra.
Entre sus grandes aportaciones, hay algunos eventos particularmente destacables. En 1519 ordenó una matanza preventiva en Cholula que acarreó el asesinato de 5.000 civiles, incluyendo mujeres, ancianos y niños. En 1525, torturó con aceite hirviendo a Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica, para que revelara la ubicación del tesoro real y, tiempo después, ordenó que lo ahorcaran con el pretexto de una supuesta conspiración, lo cual provocó la indignación de varios capitanes españoles, pues sabían que era una acusación injusta. Se sospecha que Cortés estranguló a su esposa, Catalina Juárez, tras una disputa conyugal, y es sobradamente conocido que esclavizó a miles de prisioneros de guerra marcándoles la mejilla con un hierro candente. A la luz de esta trayectoria, está claro que su principal preocupación era cristianizar y civilizar a unos salvajes.
Ayuso, una mujer con un bagaje cultural muy limitado, quizás desconoce algunos aspectos de la biografía de Hernán Cortés, pero si profundizara en ella, no modificaría su punto de vista, pues nunca le ha interesado la verdad. Al igual que otros líderes populistas, considera que la objetividad histórica es secundaria. Su prioridad es imponer su visión ideológica, aunque eso implique mentir, distorsionar o engañar. Ayuso insiste en escribir México con jota porque alguien le ha dicho que es una forma de subordinar la identidad mexicana a la colonización española. No le interesan las cuestiones filológicas, pero no le vendría mal saber que el topónimo “México” procede del náhuatl, el idioma de los aztecas. Significa “lugar en el ombligo de la Luna”. El sonido de la equis sería /sh/, un sonido que existía en el castellano antiguo y que se conocía como sonido fricativo prepalatal sordo. Alfonso X de Castilla, que fijó el canon del castellano en el siglo XII, estableció que el sonido /sh/ debía escribirse con equis y los colonizadores españoles del siglo XVI aplicaron esa norma a los sonidos del náhuatl, acordando que la tierra conquista debería llamarse Mexico (sin tilde). Sin embargo, el sonido fricativo prepalatal sordo /sh/ desapareció del castellano en el XVII. En su lugar, comenzó a utilizarse el sonido fricativo velar sordo, que corresponde a la jota y la ge.
En 1815, la RAE estableció en su Ortografía de la Lengua Castellana que todas las palabras que se escribían con equis y que se pronunciaban con /j/ debían ahora escribirse con jota, y no con equis. Esa decisión surgió en el contexto de lucha por la independencia y la equis, asociada a muchas palabras de origen prehispánico, se transformó enseguida en símbolo de liberación frente a la dominación española. A lo largo del siglo XIX se fundaron Academias de la Lengua en los países que iban logrando la independencia y ninguna admitió la posibilidad de escribir México con jota. Hasta 1992, la RAE no aceptó México como un término correcto y hubo que esperar a 2001 para que recomendara esa forma como la más adecuada.
Al igual que la tumba de Alejandro Magno, el expediente académico de Díaz Ayuso se halla en un lugar desconocido y nada indica que vaya a salir a la luz. Hasta que se resuelva este enigma arqueológico, aconsejaría a la presidenta de la Comunidad de Madrid que estudiara un poco y aprendiera que es más acertado utilizar el sonido fricativo prepalatal sordo en vez del sonido fricativo velar sordo cuando se habla de México. Quizás ya se lo haya soplado alguien y, en ese caso, su insistencia en escribir “Méjico” tal vez deba interpretarse como la manifestación de un ambicioso e inconfesable sueño: volver a conquistar América del Sur. Prefiero no saberlo. Sea como sea, el viaje de Ayuso a México nos ha puesto a todos en ridículo, pues muchos mexicanos pensarán con razón que España es un país de borregos, donde “solo se premia -como dijo Valle-Inclán- el robar y el ser sinvergüenza”. Nos queda el consuelo de saber que en la superpotencia situada al norte de México, esa que robó el 55% de su territorio, también se recompensa la imbecilidad y la vileza.
RAFAEL NARBONA
Publicado en La Bardem https://t.co/IS7wPznJzd
Desde hace medio siglo, el NARCO ha crecido alrededor del Estado mexicano y ha penetrado partes de él a través de los funcionarios corruptos.
Cambian los gobiernos, pero el Narco permanece –y corrompe a los funcionarios recién llegados.
Sabemos poco de esa zona donde el Estado y el Narco se articulan porque ahí se mata a los periodistas y porque por desgracia los partidos protegen a sus propios corruptos antes que a la verdad.
Algo parece haber cambiado.
Por sus propios intereses, Trump y Marco Rubio han decidido romper parcialmente las reglas no escritas que EUA practicó en torno al Narco, y hoy exigen al gobierno mexicano la entrega de ciertos jefes criminales y también de algunos funcionarios de altísimo nivel presuntamente vinculados con el crimen organizado.
Esto puede derivar en abusos e intentos de intervención política.
Pero también puede abrir una oportunidad histórica para México, si actuamos con lucidez y sin hipocresías.
Porque el problema de fondo no es quién denuncia. El problema de fondo es que sí existe una zona de contacto entre el Narco y sectores del Estado. Y mientras esa bisagra exista, México seguirá atrapado en una violencia interminable.
Lo primero es defender la soberanía nacional.
En eso la presidenta Claudia Sheinbaum tiene razón al exigir pruebas contra cualquier señalado. Ningún país puede aceptar acusaciones sin evidencia. El debido proceso y la soberanía son esenciales.
Y también debemos impedir que los partidos enturbien y compliquen el proceso: el Narco no pertenece a un solo partido: convertir este problema en una guerra entre izquierdas y derechas solo ayuda a la red criminal.
Recordemos en todo momento lo elemental: el enemigo común es el Narco y sus colaboradores dentro del Estado.
También debemos comprender que Trump y Rubio no actúan como árbitros neutrales. Ellos representan intereses políticos propios y favorecen abiertamente a la Derecha mexicana. Conviene no idealizarlos ni convertirlos en jueces morales.
Lo deseable sería construir un mecanismo claro: que el gobierno de Estados Unidos presente pruebas verificables contra presuntos narcos o funcionarios corruptos; que las autoridades mexicanas revisen esas pruebas con autonomía y legalidad; y que, cuando las evidencias sean sólidas, México actúe con firmeza contra criminales y cómplices.
Por el Bien del país, hablémoslo sin odio, desde la lucidez.
Este hombre se llama Mohamed Bzeek, vive en California y esa niña que tiene en brazos murió pocos días después de que le hicieran la foto, también en sus brazos. No era su hija. Era uno de los diez niños que han muerto bajo su cuidado. Porque Bzeek es padre de acogida y solo acoge a niños en estado terminal, para que no mueran solos.
Nació en Trípoli en 1954, antes de irse de Libia corría maratones. En 1978 entró en Estados Unidos con un visado de estudiante y allí se quedó. Vive en Azusa, una de esas localidades del extrarradio de Los Ángeles por donde circulan camiones y donde las casas tienen una pinta genérica, agrupadas sin llamar la atención.
En 1989 conoció a Dawn Rowe, que ya era madre de acogida desde principios de los ochenta, se casaron y empezaron a acoger juntos. En 1995 tomaron la decisión de dedicarse exclusivamente a niños con enfermedades terminales, los que nadie quería.
Me pregunto cómo fue ese momento exacto en que dos personas se sientan en una cocina y deciden que van a abrir su casa a los niños que se mueren, y en cómo esa decisión se toma, sin actas, sin nada que la registre, y sin embargo organiza el resto de una vida.
La primera niña que murió en su casa tenía un año, espina bífida, parte de la columna le crecía fuera de la piel. Murió el 4 de julio de 1991, mientras Mohamed se duchaba y Dawn preparaba la cena, él recuerda haber salido del baño y haber encontrado médicos en su salón. Lloró tres días.
Desde entonces ha acogido a unos ochenta niños, diez han muerto en sus brazos. El condado de Los Ángeles, cuatro millones de habitantes, lo llama cuando no hay nadie más. Lo llaman el padre de último recurso.
Muchos llegan sin nombre, nacen en hospitales y los abandonan, las familias no los nombran y en el papel pone "Baby boy", "Baby girl". Mohamed los nombra, les pone un nombre antes de que mueran.
Un nombre es gratis, cuatro sílabas, pero ese gesto, cuando se pone el nombre, decide si un niño que vivirá tres semanas existirá como persona o como registro administrativo.
Su hijo biológico, Adam, nació con osteogénesis imperfecta y enanismo, se ha roto casi todos los huesos del cuerpo. Dawn murió en 2015 de una enfermedad pulmonar y desde entonces Mohamed sigue solo, solo puede ocuparse de un niño a la vez. Cuando un periodista del Los Angeles Times entró en su casa en 2017 cuidaba de una niña de seis años con microcefalia, ciega, sorda, pies zambos, caderas dislocadas, no movía brazos ni piernas, tenía convulsiones. La había recibido con siete semanas de vida y le habían dicho que viviría unos meses. La sostenía durante las convulsiones y le hablaba aunque no oyera.
Sé que no puede oír, sé que no puede ver, pero le hablo, tiene sentimientos, es un ser humano.
En 2016, a Bzeek le diagnosticaron cáncer de colon, le pidió tiempo al médico, no puedo operarme todavía, tengo a un niño en casa que es terminal y tengo a mi hijo, que es discapacitado, no hay nadie más para ellos. En el hospital, ingresado, solo, dijo que por primera vez entendió lo que sentían los niños que cuidaba. Si yo a esta edad estoy asustado, cómo estarán ellos. Se operó y siguió.
Bzeek es musulmán practicante. Su historia se hizo internacional en febrero de 2017, justo cuando Trump firmó la orden ejecutiva que vetaba la entrada en Estados Unidos a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, Libia era uno de ellos. Ese mismo mes, en Azusa, el único padre de acogida de toda la ciudad de Los Ángeles dispuesto a llevarse a casa a los niños terminales era un libio musulmán.
Aunque mi corazón se rompa, dijo una vez, la muerte es parte de la vida, estoy con ellos hasta el final, los conforto, los quiero, quiero que sientan que tienen una familia, que tienen a alguien. Que no están solos.
Esta película solo dura 4 minutos, se grabó en tiempo récord y ganó un Oscar.
Merece la pena verla... Es fácil juzgar cuando no se está en los zapatos de otra persona...
El cortometraje se llama "¡No juzgues!", del director albanés Elvis.