"Tras crecer en un mundo plagado por la violencia (...), escoger una vida en paz es tal vez la decisión más valiente que puede tomar la juventud."
Santiago Ortiz, egresado de @UniandesDerecho, durante la ceremonia de #GradosUniandes 2026 -2. #SomosUniandes#AlumniUniandes
Una universidad debería enseñar a convivir con la naturaleza. Impedir que las iguanas suban a los árboles transmite que la fauna estorba y hay que excluirla.
Los que estorban realmente son los humanos que hacen eso.
Está especie de frailejones es muy rara, porque son árboreos; tienen ramas; Se ven en muy pocos lugares. Por favor, miren esta escena tan sublime como triste. El acceso a este bosque ha estado cerrado durante muchos años. Son los bosques protegidos de Iguaque. Son sagrados, sobra decirlo. Hoy entramos a este místico lugar para evitar que el fuego devore un bosque que se ha formado durante millones de años. Escuchen la banda de loros de fondo, desesperados porque el roble enorme que habitan está en medio de fuego voraz. Pero acá estamos un junte tremendo de voluntarios, cuerpos de bomberos y defensa civil y helicópteros trabajando duro para salvar ese roble añoso y este bosque mítico de frailejones árboreos... Y lo vamos a lograr. Perdón que escriba tan a la ligera pero entenderán.
Leed con vuestros hijos. En todas las lenguas que podáis. Sacando tiempo de donde no lo haya. Y si muestran curiosidad por escribir, lo que sea, apoyadlos.
Está en juego (y en peligro) lo único que los salvará: la capacidad de entenderse y entender el mundo.
EL TERREMOTO DEL OLVIDO
Angel Maria Ocampo Cardona
El terremoto del 10 de agosto de 2026 no solo derrumbó edificios: derrumbó la ilusión de que nuestras ciudades podían seguir creciendo sin memoria. Lo que se vino abajo en Cali, Pereira y Manizales no fue únicamente obra de la naturaleza, sino el resultado acumulado de décadas de decisiones tomadas como si el territorio no tuviera historia, como si la tierra no recordara.
En Cali, la ciudad olvidó sus ríos. Se sabía desde los años 50 que la urbe debía crecer hacia el piedemonte y no hacia los humedales del Cauca. Lo dijeron Wiener y Sert, lo advirtió la Sociedad Colombiana de Ingenieros, lo repitieron expertos durante décadas. Pero la ciudad eligió olvidar. Se construyó sobre arenas finas, limos saturados y cauces enterrados. Se rellenaron humedales, se enderezaron ríos, se levantaron barrios enteros sobre suelos que nunca dejaron de ser agua. Cuando llegó el sismo, el subsuelo hizo memoria: los antiguos cauces respondieron como líquido y las estructuras mal calculadas cedieron. No fue sorpresa; fue consecuencia.
En Pereira se han vivido cien años de silencio sobre Egoyá. La quebrada Egoyá fue sepultada hace un siglo para “modernizar” la ciudad. En 1999, esa misma zona fue la más afectada por el terremoto. En 2026, la historia se repitió. La ciudad olvidó que bajo sus calles corre un río vivo, confinado, reclamando su espacio. Olvidó también las advertencias posteriores al desastre del 99: no levantar edificios de más de dos pisos en zonas vulnerables. La memoria se perdió y el riesgo volvió a ocupar su lugar.
En Manizales, la cordillera no perdona. Los primeros pobladores aplanaron el filo de la cordillera hace más de cien años para construir la avenida Santander. Sobre esa tierra movida se levantaron primero casas de dos plantas, luego edificios hasta de veinte pisos. La ciudad olvidó que la montaña tiene memoria, que la Falla de Romeral respira bajo sus pies, que el terreno removido nunca deja de serlo. El terremoto solo hizo visible lo que la geología venía diciendo en silencio.
Lo anterior nos dice que el verdadero epicentro del terremoto es el olvido. Lo que une a estas tres ciudades no es solo el temblor, sino la falta de una cultura de memoria histórica. Olvidamos los planes urbanísticos sensatos. Olvidamos las advertencias técnicas. Olvidamos los cauces, las fallas, los humedales. Olvidamos los desastres anteriores. Olvidamos que el territorio habla, y que cuando no lo escuchamos, grita. El desastre del 10 de agosto no fue solo natural: fue cultural. Fue el resultado de una sociedad que prefiere borrar antes que aprender, que confía más en el cemento que en la historia, que cree que la memoria es un lujo y no una herramienta de supervivencia.
La esperanza es que esta es una lección para que lo vivido no se repita jamás. Si algo debe nacer de esta tragedia es una conversación colectiva sobre la memoria. No una memoria nostálgica, sino una memoria activa: capaz de orientar decisiones, de frenar errores, de exigir responsabilidad. Una memoria que entienda que los ríos no desaparecen, que las fallas no se mudan, que los humedales no se vuelven roca por decreto. Una memoria que nos permita reconstruir no solo las casas caídas, sino la relación con el territorio que nos sostiene. Porque el verdadero milagro no será levantar muros nuevos, sino levantar una ciudadanía que recuerde.
Copiamos lo que nos llega desde Risaralda: Los pongo un poco en contexto de la situación actual en Pereira. El problema ya no es solo las construcciones caídas, los muertos o las personas en la calle. El problema ahora es que NO hay trabajo ni dinero para comprar mercado para las casas o suplir las necesidades básicas en muchos hogares, no importa el estrato social o la profesión. Solo en Pediatría, tenemos 5 pediatras sin casa, 11 con afectaciones graves de sus viviendas, Pero ahora tenemos 45 con afectación laboral. Esto debido a que hay 3 clínicas grandes cerradas, 3 funcionando a media marcha y muchos de los centros de salud de las diferentes IPS cerradas. El pasado 30 de Agosto cancelaron contratos de muchos de los colegas , a otros solo les pagaron hasta el 10 de Agosto y a otros les deben 3 meses de sueldo incluyendo seguridad social (Osea, no tienen ni servicio de salud). La verdadera necesidad en este momento está en no poder tener para el mercado de este mes. La situación en este momento y en los próximos meses realmente es muy compleja y el problema es que no se ve en las calles, está a puerta cerrada en cada casa.
Es por eso que la Regional de Pediatría de Risaralda, sigue recogiendo fondos para ayudar ahora no solo a esos que perdieron sus casas, sino ahora a los que tambien perdieron sus trabajos.
Todos los aportes suman y no saben el alivio para todos poder garantizar el mercado del mes mientras se buscan otras soluciones.
Si usas Gmail tienes que saber que hay una IA de Google leyendo tus correos ahora mismo. Contratos, extractos bancarios, informes médicos, todo. Se activó sola, sin pedirte permiso, y probablemente ni sabes que está encendida. No es solo Gmail: también analiza tus reuniones de Google Meet y tus chats.
Aquí tienes cómo apagarla, en 2 pasos que casi nadie completa 👇