Rector Peña, y el Estallido Social : Fue uno de los hechos + significativos de nuestra historia ...es un error mirarlo como fruto de conspiración delictual o maquinación de la izquierda ...causas del malestar siguen muy presentes en sociedad chilena
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A la gente se le olvida que la derecha no es para las mujeres, ni para los gays, ni para los trans, ni para los negros, y muchísimo menos para los pobres
🔴 SIEMPRE HAY UN TUIT DEL CANDIDATO KAST QUE CUESTIONA AL PRESIDENTE KAST.
Cuando el FMI proyectaba un crecimiento de 2,3% para Chile, Kast acusaba a Boric de encaminarse al «peor gobierno en los últimos 34 años», por un promedio de 1,7%.
Hoy, bajo su presidencia, la proyección señalada es de apenas 0,6%. Frente al 2,3 % de nuestros vecinos.
¿Qué diría el candidato Kast del presidente Kast si aplicara el mismo criterio?
Al flamante Ministro se le escapó que la baja del TAG será en Autopista Central, porque por allí pasan la mayoría de los "camiones". Supongo que fue el soborno para que los camioneros no hicieran olitas por el petróleo.
El Geógrafo y profesor, Marcelo Lagos tirando factos hasta los feriados:
"Por temas éticos te tienen que informar dónde vas a comprar. Cuando hay procesos naturales nadie es responsable. El privado compro barato, vendió caro y se fue. El problema que lo vea el Estado que se tiene que encargar de las obras de mitigación mientras el privado está con sus fondos en Cancún". 👊
CARTA ABIERTA AL SENADOR JAVIER MACAYA
Senador Macaya: @javiermacaya
Su declaración sobre la gratuidad universitaria merece una condena intelectual y moral. Preguntarse qué sentido tiene financiar la educación superior si los jóvenes no encuentran trabajo revela una concepción profundamente clasista de la sociedad. Más grave aún cuando proviene de quien legisla para millones de ciudadanos. Y para que no quede duda alguna, me refiero a usted.
Su argumento encierra una perversidad extraordinaria: como el mercado laboral no ofrece suficientes oportunidades, la solución sería cuestionar el acceso a la universidad. Aplicando semejante genialidad, si las políticas sanitarias consiguieran reducir las enfermedades, deberíamos dejar de formar médicos; y si disminuyeran los delitos, suspender la formación de policías. Una lógica deslumbrante: castigar el éxito de una política pública eliminando precisamente aquello que contribuye a sostenerlo.
La educación superior no es una fábrica de empleados. Produce conocimiento, pensamiento crítico, investigación y tecnología. Reducirla a una oficina de colocaciones laborales demuestra una pobreza conceptual alarmante.
Según la OCDE, en promedio, los adultos con educación terciaria obtienen ingresos alrededor de un 54% superiores a quienes completaron la educación secundaria superior. También presentan mayores tasas de empleo. Ningún título garantiza empleo; estudiar amplía oportunidades.
Corea del Sur no escapó de la pobreza manteniendo ignorante a su población. Singapur no se transformó en una economía avanzada preguntándose si convenía educar a sus ciudadanos antes de ofrecerles empleo. Hicieron precisamente lo contrario.
Pero su declaración plantea una pregunta incómoda: ¿recomendaría usted semejante austeridad educativa a los hijos de las familias más ricas de Chile? ¿O esa peculiar recomendación está reservada para quienes necesitan la gratuidad para ingresar a la universidad?
Porque ahí aparece el verdadero problema. Cuando los acomodados estudian, hablamos de inversión en capital humano. Cuando estudian los pobres, algunos comienzan a preguntarse cuánto cuesta mantenerlos en las aulas. Curiosa igualdad de oportunidades: para unos, la universidad es un derecho; para otros, un gasto prescindible.
La gratuidad no es una limosna estatal. Es un instrumento de justicia distributiva que reduce barreras económicas históricas. Sin ella, el patrimonio familiar pesaría más que el talento.
Cuando un joven de origen humilde se convierte en médico, ingeniero, profesor o científico, no solamente transforma su vida. Fortalece a su familia, su comunidad y al país.
Lo escandaloso no es que existan profesionales desempleados. Es que existan autoridades como usted capaces de utilizar ese desempleo como argumento contra su educación. Chile necesita innovación, productividad y mejores empleos. Esa responsabilidad corresponde a las políticas públicas y al sector productivo, no a los jóvenes que aspiran a superarse.
Su razonamiento dibuja una sociedad inquietante: universidades para quienes pueden pagarlas y expectativas modestas para quienes nacieron sin fortuna. Es la vieja fantasía oligárquica de una sociedad estratificada, donde el apellido abre puertas que el talento encuentra cerradas.
Usted puede discutir legítimamente el financiamiento, la calidad y la pertinencia de las carreras. Lo inadmisible es confundir una crisis laboral con un exceso de educación. La educación no garantiza movilidad social, pero es una herramienta estructuralmente fundamental.
El desarrollo exige ciudadanos educados, no súbditos agradecidos. Y el siglo XXI necesita universidades abiertas, no mentalidades encerradas en el siglo XIX.
Porque el problema de Chile no es que sus pobres estudien demasiado. Es que todavía existen quienes parecen considerar peligroso que estudien tanto como los ricos.
Atte.,
@MisColumnas
LA CIENCIA DE CALENTAR LA SILLA
La ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, ha decidido compartir una credencial profesional extraída de una fábrica de 1920: “Yo era la primera que llegaba al trabajo y la última que se iba”. Formidable. También el guardia nocturno puede pasar más horas en el edificio de una empresa que su gerente general. ¿Debería, por ello, dirigir la empresa?
El problema no es que la ministra haya trabajado mucho. El esfuerzo merece respeto. El problema comienza cuando la extensión de una jornada se exhibe como certificado de excelencia. Más aún para quien desarrolló parte de ese trabajo en Estados Unidos, un país donde se premia la productividad y la eficiencia. Confundir permanencia con productividad es tan absurdo como medir la inteligencia de una biblioteca por el número de horas que permanece abierta.
Un cirujano que resuelve una intervención compleja en dos horas no es menos competente que otro que demora ocho. Un programador que automatiza en una mañana una tarea que antes exigía tres días no merece una reprimenda por retirarse temprano. Y un bombero no es mejor porque el incendio dure más. Aunque, siguiendo esta curiosa doctrina, quizá convendría premiarlo por la cantidad de humo inhalado.
Imagine a un piloto anunciando orgulloso que su vuelo tardó catorce horas en vez de diez. O a un ingeniero que necesita seis meses para construir lo que otro realiza en tres, y exige una medalla por su extraordinaria permanencia en la obra. Bajo este criterio, el restaurante más eficiente sería aquel cuyo cocinero tarda una eternidad en servir el almuerzo.
La productividad tiene una definición bastante menos romántica: es la relación entre lo producido y los recursos utilizados. El tiempo es uno de esos recursos, no un trofeo. Si dos personas alcanzan el mismo resultado y una emplea la mitad de las horas, esta ha sido más productiva. No por flojera, sino por eficiencia. Una distinción elemental que debería resultar familiar en un ministerio dedicado al conocimiento.
La economía tampoco acompaña esa nostalgia del reloj marcador. John Pencavel, economista de Stanford, estudió los rendimientos decrecientes de jornadas prolongadas: después de cierto punto, sumar horas aporta cada vez menos producción y puede aumentar errores y fatiga. La OCDE también ha documentado esa relación. No es conspiración sindical: es evidencia.
Hay además una dimensión humana que el culto a la oficina suele omitir. Quien abandona su trabajo a tiempo puede cuidar a sus hijos, leer, estudiar, dormir, amar o simplemente vivir. Nada de eso es una falla ética. Convertir el sacrificio permanente en virtud laboral termina castigando a quien organiza bien su trabajo y premiando al que administra mal su agenda.
Lo más desconcertante es la cartera desde la cual se pronuncia semejante elogio. Ciencia significa cuestionar supersticiones con datos; tecnología significa hacer más con menos; innovación significa reemplazar procesos ineficientes por otros mejores. Y, sin embargo, su titular rescata como emblema personal una superstición gerencial: que la silla ocupada durante más horas vale más que el problema resuelto.
Ser la primera en llegar puede demostrar disciplina. Ser la última en irse puede revelar compromiso. Pero también puede indicar sobrecarga, mala planificación o una organización incapaz de distribuir tareas. Sin información sobre resultados, ninguna de esas hipótesis puede darse por cierta. La puntualidad no es un indicador de impacto, ni el agotamiento acredita talento.
Ministra, Chile necesita más investigadores que descubran, más empresas que innoven y más instituciones que resuelvan. No un campeonato nacional sobre quién apaga la luz. El progreso no consiste en habitar el lugar de trabajo: consiste en transformar lo que allí se hace.
Porque si el mérito se midiera por las horas que alguien permanece sentado, el mobiliario de oficina sería, por lejos, el trabajador más destacado del país.
@MisColumnas
Tremenda Pará de carro a Kast y Quiroz de vecina de Las Condes.
“Hay zonas muchos más humildes y se van a sumir en la pobreza, nosotros no porque mi marido es doctor, esto no puede pasar en otras regiones del país, el estudio de impacto ambiental no se puede posponer en este país ”
A todas las mujeres chilenas que trabaja de sol a sol
Que ganamos una miseria
Entérense que
A la Pía,le pasamos para que se entretenga $23.000.000 mensualmente
Y nadie la eligió
Sin embargo,este gobierno, va a eliminar el PRODEMU
La ley del embudo en todo su esplendor
Los tres grandes males de Latinoamérica:
La iglesia evangélica convertida en partido político.
El migrante que huye de la derecha y desde afuera vota por ella.
Y el pobre que cree que la derecha lo sacará de la pobreza.
No son cristianos los evangélicos que creen que... un hombre vulgar, avaricioso, racista y xenófobo, que ha sido condenado por abuso sexual, que incita a la violencia y al odio, y que nunca dice la verdad... fue enviado aquí por Dios. No, no son cristianos, son diabólicos.