En el CERN han identificado una nueva partícula similar al protón, una de las piezas básicas de la materia. La diferencia está en su interior. Un protón está formado por tres quarks ligeros. Esta nueva partícula también tiene tres, pero dos de ellos son quarks mucho más pesados, llamados charm. Ese cambio multiplica su masa aproximadamente por cuatro.
La materia se construye combinando piezas dentro de unas reglas. Cuando cambias los componentes, aparecen estructuras distintas con propiedades nuevas. Esta partícula pertenece a la familia de los bariones, donde también están protones y neutrones. Su valor está en que representa una configuración poco habitual, muy útil para estudiar con más precisión cómo actúa la fuerza fuerte, la que mantiene unidos los núcleos atómicos.
El reto es que estas partículas duran un instante. Se generan en colisiones de altísima energía y se desintegran casi de inmediato. Aun así, dejan señales que permiten reconstruir lo que ha ocurrido.
Cada hallazgo de este tipo sirve para comprobar si nuestras teorías siguen funcionando con precisión. Cuando encajan, refuerzan el modelo actual. Cuando aparecen desviaciones, se abre la puerta a nuevos avances. La física de partículas progresa acumulando este tipo de descubrimientos. Cada uno aporta una pieza más al mapa que describe de qué está hecho el universo.
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Los cerca de 30.000 trabajadores del sector nuclear de España, junto con nuestras familias, nunca olvidaremos los siete años de incertidumbre generados desde que esta irresponsable política impulsó el llamado “acuerdo” de cierre con las eléctricas bajo la amenaza de un cese inmediato de actividad. Se negó posteriormente a revisar el calendario, incrementó la carga fiscal y las tasas al sector en torno a un 72% para forzar el cierre patronal y dejó en una situación crítica a decenas de empresas con un prestigio internacional consolidado.
Tampoco olvidemos que todavía sigue activo el plan de cierre nuclear en España, que empieza el año que viene con el cierre de Almaraz 1.
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Hay una lógica profundamente perversa e hipócrita en el debate sobre el cierre de Almaraz.
Si la central cerrase, una parte relevante de su producción tendría que sustituirse con ciclos combinados de gas. Eso implica dos consecuencias previsibles: más emisiones de dióxido de carbono y, sobre todo, un aumento del precio marginal de la electricidad en el mercado mayorista. Cuando el gas entra con más frecuencia a fijar precio, el pool sube.
¿Quién gana con eso? Todos los productores que ya están en el mercado cobrando el precio marginal, incluidas muchas renovables inframarginales, que producirían lo mismo pero ingresarían más.
Si, por el contrario, Almaraz continúa operando y contiene el precio del mercado, algunos actores reclaman compensaciones públicas porque el entorno de precios les resulta menos favorable.
Es decir: si se cierra, ganan por la vía del mercado. Si no se cierra, piden ganar vía impuestos, que pagamos todos los españoles. Es decir: pagaríamos la electricidad más cara y más impuestos.
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#dubtechno
Zeno’s Paradox is a meditation on stillness within motion. Hypnotic cycles and raw textures dissolve the sense of linear time, evoking an infinite approach toward an unreachable point where movement exists, yet arrival is forever deferred.
En 1990, en la North Carolina State University, Carl Sagan lanzó una reflexión que hoy resulta incómodamente actual. Recordó que, durante la Guerra Fría, Estados Unidos fue capaz de gastar cantidades colosales de dinero, talento y recursos para afrontar una amenaza percibida como existencial. No porque fuera barato, ni fácil, ni inmediato, sino porque se entendió que no actuar era inaceptable.
Sagan planteó entonces una pregunta sencilla y devastadora: si fuimos capaces de movilizar ese esfuerzo frente a un enemigo geopolítico, ¿por qué no aplicar el mismo criterio ante un peligro real y demostrado como el calentamiento global? No hablaba de ideología ni de buenos deseos, sino de prioridades. De asumir que la prevención siempre es más racional, más humana y, a largo plazo, más barata que la reacción tardía.
Su mensaje no pedía heroísmos ni sacrificios épicos. Pedía sensatez. Invertir antes, actuar con la misma seriedad con la que se planificó la disuasión nuclear, y reconocer que la mayor amenaza para nuestra seguridad no siempre viene con uniforme, bandera o misil, sino con gráficos, datos y advertencias científicas ignoradas durante demasiado tiempo.
Treinta y cinco años después, el diagnóstico sigue siendo el mismo. Y la pregunta de Sagan, también. ¿Estamos dispuestos a tomarnos en serio la ciencia cuando el enemigo no es otro país, sino nosotros mismos?
Y como nota final, conviene detenerse un segundo en la forma. La claridad, la calma y la profundidad con las que Sagan era capaz de trasladar ideas complejas siguen siendo una lección magistral de divulgación. Un referente para cualquiera que entienda comunicar ciencia como un acto vocacional de responsabilidad.
Vídeo de The TinkLab en YouTube.
No lo dice una eléctrica. No lo dice un ingeniero nuclear. No lo dice un activista climático. Lo dice el Comité Económico y Social Europeo.
El EESC es uno de los órganos más sobrios de la Unión Europea 🇪🇺. No legisla, no gobierna y no se dedica a agitar titulares. Representa a la sociedad civil organizada: sindicatos, empresarios, consumidores, cooperativas, asociaciones profesionales. Un organismo que suele andar con pies de plomo y calculadora en mano.
Pues bien, ese organismo acaba de decir algo muy claro: la energía nuclear es clave para descarbonizar Europa.
Y esto es importante no tanto por lo que dice, sino por quién lo dice. El EESC no es un lobby, ni un foro ideológico. Es un espacio donde conviven sensibilidades muy distintas y donde el consenso es muy complejo. Cuando de ahí sale una afirmación así, significa que el debate ha superado la fase emocional y se ha asentado en la realidad del sistema eléctrico.
La realidad es incómoda, pero tozuda: descarbonizar exige electricidad limpia, abundante y estable. Y la nuclear cumple esas tres condiciones. Sin emisiones de CO₂ en operación, funcionando las 24 horas y sosteniendo el sistema cuando el viento no sopla o el sol se esconde. No es una promesa futura. Es algo que ya está ocurriendo.
Que el EESC lo diga de forma tan clara y contundente marca un punto de inflexión. Porque cuando incluso las instituciones más prudentes admiten que sin nuclear no hay transición energética viable, quizá el problema ya no sea la tecnología, sino seguir fingiendo que no lo sabemos.
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Atentos, porque esto jamás os lo contarán los falsos profetas del 100% renovables, ni los políticos ni los técnicos.
Un nuevo informe de The Rockefeller Foundation y Bayesian Energy concluye que integrar nuclear en los países emergentes podría reducir el coste total de su electricidad de hasta un 31% antes de 2050. No por ser la fuente más barata en solitario, sino porque abarata todo el conjunto del sistema al aportar la pieza que siempre falta cuando se pretende electrificar solo con renovables: potencia firme, continua y predecible.
Cuando la base es solar y eólica, hacen falta enormes inversiones adicionales en baterías, refuerzos de red, respaldo fósil o sobredimensionamiento de generación para cubrir las horas sin viento ni sol. La nuclear elimina gran parte de ese sobrecoste estructural: mantiene el sistema estable y permite que las renovables operen sin necesidad de inflar artificiosamente la infraestructura.
El informe plantea escenarios en los que la nuclear podría cubrir hasta el 30% de la generación eléctrica en regiones en desarrollo, combinándose con un fuerte despliegue renovable. Un papel protagonista lo tendrían los reactores modulares pequeños, diseñados para construcciones más rápidas, estandarizadas y adaptables a redes menos potentes.
El resultado no es una batalla entre tecnologías, sino una alianza pragmática: renovables para producir barato cuando hay recurso, nuclear para sostener el sistema cuando no lo hay. El objetivo no es escoger entre unas u otras, sino evitar que la obsesión por soluciones incompletas encarezca la transición energética precisamente allí donde la electricidad asequible es más necesaria para salir de la pobreza.
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«Si alguna materia puede calificarse como el ejemplo máximo y paradigmático de la prevalencia del fanatismo ideológico frente al sentido común y el interés de los países y de los ciudadanos, ese es el de la energía nuclear para un gobierno como el de la coalición sanchista cuya cerrazón, en este caso como en otros muchos, amenaza con castigar una vez más el bolsillo de los españoles por el aumento de la factura eléctrica además de poner en serio peligro el suministro con los apagones consecuentes». Por José María Triper.
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