CARACOLES
La sombra es el mejor invento del Sol. Así que fui a colocar la sombrilla en su base de hierro, en cuyo hueco había siete caracoles vacíos. En la mano, tintineaban, con el ruido alegre del que ha dejado algo en el mundo.
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Imposible hacer justicia en tan poco espacio a estas abejitas sin aguijón nativas de la península (m. beecheii) y a la misión de ‘Melipona Guardiana’, así que la mejor forma es con esta anécdota que escribió mi padre:
«Cuando le quitaron la corona a la reina»
Si algún día están en #Mérida, visítenlos y, si pueden, adopten una colmena; no se van a arrepentir.
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Se preguntaba un anónimo escoliasta de los Scholia vetera de la Odisea, en 10.19, qué necesidad tendría Eolo de encerrar todos los vientos adversos en un odre para asegurar la buena vuelta de Odiseo. El único viento que mandó a soplar fue el Céfiro. ¿No habría podido, simplemente, contener a los demás, puesto que suya era la potestad de incitarlos o reprimirlos? ¿A qué lo del odre? Y es que si uno lee la Odisea (y la poesía en general) con escuadra y cartabón, o con una tabla de Excel, corre el riesgo de volverse loco. Pero he aquí que nuestro lejano amigo acaba rindiéndose al final de su escolio, y nos regala una frase que merecería estar detrás de la felicidad de todo lector: ἀνεύθυνα τὰ τῶν μύθων, 'los mitos no rinden cuentas'. Así que no se las pidamos a los mitos, ni mucho menos a Homero.
El odre de los vientos es una imagen poética bellísima, pero también el catalizador de la catástrofe que vendría después. Cuando Eolo pone en manos de Odiseo un odre que encierra a los vientos adversos, le está regalando la garantía de su regreso. Será después la tripulación, cuando Odiseo haya quedado dormido presa de la fatiga, la que abra el odre como una caja de Pandora y arruine ese regreso. Precisamente cuando ya tenían a la vista Ítaca y las hogueras que hacían en la costa. Los vientos liberados desbaratarán esa promesa repentina, y no por obra de los dioses precisamente. La Odisea continúa.
Un vídeo donde leo el pasaje de Eolo en mi traducción de la Odisea (La Oficina 2024). Música de fondo: Philip Glass: Cuarteto de cuerda n. 3, "Mishima".
Algunas maneras de ordenar los libros, según Anne F. Garréta:
PRINCIPIO 1 (Russelliano):
Una bipartición simple de cualquier conjunto de libros puede hacerse según el siguiente principio:
- libros en los que uno recuerda haber encontrado al menos una vez la palabra “libro”;
- libros de los que no se recuerda que hayan podido contener la palabra “libro”.
PRINCIPIO 2:
- libros escritos sin la letra “e”;
- libros que, afortunadamente, no ofrecen la menor línea de diálogo;
- libros que prescinden de las descripciones en focalización interna;
- libros que abusan de la descripción en focalización interna;
- libros escritos sin verbos;
- libros escritos sin asignar a los personajes ninguna marca de género;
- libros escritos sin puntuación ni ortografía;
- libros sin interés.
PRINCIPIO 3:
- libros que uno imagina o sabe que formaron parte de la biblioteca de Kimbote, el anotador de 'Pálido fuego';
- libros que Rodolphe podría haber regalado a Emma, si hubiera sido Valmont y no Rodolphe;
- libros de las colecciones del Vaticano capaces de justificar el acto gratuito de Lafcadio;
- libros susceptibles de enviar de nuevo a Paolo y Francesca da Rimini al Infierno.
PRINCIPIO 4:
- libros que, de haber sido uno J.-J. Rousseau, solo habría leído con una mano (y que normalmente se leen con un ojo distraído);
- libros que, de tanto hablar de ellos o de tanto oír hablar de ellos, acaban saliendo por los ojos;
- libros escritos por escritores sin oído;
- libros que solo pueden leerse padeciendo un resfriado;
- libros rompepelotas;
- no brainers.
PRINCIPIO 5:
- libros escritos en una lengua cuando evidentemente fueron pensados en otra;
- libros supuestamente escritos en francés y que, sin embargo, parecerían traducidos de una lengua extranjera (probablemente ni siquiera indoeuropea) por una máquina de traducción automática;
- libros aparentemente escritos bajo el efecto de una indigestión de metafísica alemana;
- libros de los que no se sabe si fueron escritos (supuestamente en francés) por una máquina de traducción automática o bajo el efecto de una indigestión de metafísica alemana por una máquina de filosofía automática.
PRINCIPIO 6:
- libros en los que aparecen ballenas;
- libros que no presentan la menor ballenita;
- libros de los que han desaparecido, no se sabe por qué, las ballenas que uno imaginaba allí.
PRINCIPIO 7:
- libros supuestamente patéticos que te dejaron frío;
- libros supuestamente eróticos que te dejaron de mármol;
- libros violentamente anotados en los márgenes;
- libros que contienen al menos una frase que haría llorar si uno se atreviera a leerla en voz alta;
- libros de los que personas a las que uno desprecia han hablado mal (esos libros son inevitablemente respetables);
- libros que personas a las que uno admira consideran o han considerado valiosos;
- libros de los que al menos un personaje te inspiró alguna vez, al doblar una línea, aunque solo fuera una sospecha de deseo;
- libros tan mal escritos que se vuelven fascinantes.
PRINCIPIO 8:
Otra partición:
- libros hogareños;
- libros nómadas.
Entre estos últimos, se podrá distinguir:
- libros comprados en la otra orilla del Sena;
- libros que han cruzado al menos una vez un océano;
- libros que echaste cruelmente de menos una noche a las tres de la mañana, porque se habían quedado en la otra orilla del Atlántico;
- libros que muestran una inclinación evidente a migrar, a la primera oportunidad, debajo de las camas;
- libros que uno ha llevado varias veces al campo sin otra consecuencia que hacerles tomar el aire.
PRINCIPIO 9:
- libros entre cuyas páginas se han colocado, para secarlas y conservarlas, hojas, flores o gramíneas recogidas durante ciertos paseos;
- libros que contienen al menos una frase que uno sabe de memoria;
- libros que no dejaron el menor recuerdo;
- libros que uno recuerda haber leído en un sofá de color claro, en una habitación de una ciudad extranjera;
- libros que uno recuerda haber leído en un árbol, justo el día en que la rama se rompió, pero sin lograr recordar de qué hablaba.
PRINCIPIO 10:
- libros regalados por alguien a quien uno ama, amaba o ha amado;
- libros de los que uno habló con alguien a quien amaba;
libros de los que a uno le habría gustado hablar con alguien a quien amó;
- libros que uno imagina que podrían o podrían haber gustado a alguien a quien ama o ha amado;
- libros que uno sospecha que alguien a quien ama o ha amado ha leído, sin haberlo aclarado nunca;
- libros que uno jamás habría leído si alguien a quien ama o amaba no los hubiera señalado a su deseo;
- libros que uno querría o habría querido leer en la cama con alguien a quien ama o ha amado sin habérselo dicho nunca;
- libros sin relación alguna con el amor de nadie (pero de esos, ¿quién se acuerda?).
[Impensado / Desclasado
Biblioteca oulipiana]
En el sureste español cuentan que, cuando todo se seca, aún queda un arbusto que nunca abandona: Atriplex halimus, la orzaga de sal.
Dicen que salvó rebaños enteros en tiempos de sequía y que, si la plantas en la entrada, atrae la suerte: prospera donde nadie más puede.
#Etnobotánica #PlantasSilvestres #LosÁrbolesMágicos #LeyendasVerdes
📸 Krzysztof Ziarnek, Kenraiz
«Aprender a ver como los gatos», de Carlos Risco.
https://t.co/fvL4pJ4F9D
Con su ojo divino, equipado de un espejo de carne capaz de ver entre las sombras, el gato nos anima a confiar en nuestra vista de humanos. Ver en la noche también significa despertar la intuición y acceder al trasmundo. Pongamos ojos de gato.
El escritor Carlos Risco, que habita en soledad en una aldea gallega alejado de las ansiedades e inquietudes de la vida moderna, señala que el gato empieza a ser un dios en sus mismos ojos.
«Y los gatos ven en la noche porque la noche es suya. El gato, aún con nosotros, en nuestro regazo haciendo su papel de bicho domesticado, tiene un superpoder incomprensible, el de ver más allá, el poderse mover en el espacio una vez desaparece la luz del sol, que es cuando este planeta girante consigue descansar de la luz y podemos asomarnos al gran misterio del cosmos», añade.
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#gatos #ojos #borges #dioses #elhombreylodivino
El verbo griego 'chelidonízein' se refiere al gorjeo de la golondrina. Pero en Rodas también significaba 'cantar la canción de la golondrina', letrilla que los niños rodios, con la llegada de la primavera, repetían de casa en casa, disfrazados de golondrina y a cambio de un aguinaldo. Quién les iba a decir a aquellos críos que su juego y su canto iban a terminar citados en una obra titulada 'El banquete de los eruditos' ('Deipnosophistae'), de Ateneo de Náucratis. Pero gracias al bueno de Ateneo podemos leer hoy día esa canción, muestra impagable de la lírica popular griega de la Antigüedad.
He pasado un rato entretenido traduciéndola en un tono vagamente arromanzado. Y aquí les dejo esta primera versión. Feliz domingo.
"Los escritores no se limitan a dar algo que contemplar: enseñan a ver"
A. O'Hagan
"Solo se aprecia lo que se ha aprendido a ver".
Ernst Gombrich
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