El gitano este: "Vamos a ver, q vosotros sois unos novatos en esto de pelear contra Inglaterra jajaj. Que españoles e ingleses hemos estado guerreando 400 años. Y el principal enemigo de España (de la Hispanidad) siempre fue Inglaterra"
Yo mañana:
Hacer six seven no es vivir en la actualidad. Vivir en la actualidad es reconocer la libertad de las mujeres a abortar, la de la gente homosexual a casarse y la de la gente a decidir una muerte digna.
la cosa no es que haga daño o no, es que los andaluces estamos hartos de que se nos trate como el culo del mundo todo el año pero cuando llegan nuestras fiestas y costumbres todo el mundo tiene sangre andaluza y usa nuestro traje regional como si fuera un disfraz, es de mal gusto
Que cada fiesta regional de este país se haya convertido en evento para tiktok es algo que me enerva.
Dejad a los locales vivir sus fiestas sin masificaciones ni videos.
“las niñas maduran más rápido”
no, a las niñas se las castiga antes, se las culpa antes, se las sexualiza antes y se espera que afronten la situación antes
a lot of people think this is unnecessary but i think jane austen projects SHOULD be remade every 10-20 years to remind people that she was the blueprint for the modern romance novel
«Un día soleado de la última semana de febrero, caminaba por el parque, disfrutando del triple lujo de la soledad, un libro y un clima agradable», Anne Brontë.
Un sistema que normaliza el machismo, blanquea discursos negacionistas y convierte la violencia contra las mujeres en debate ideológico. Cuando se cuestionan las políticas de protección y se legitima al agresor.
Durante 10 años, Gisèle Pelicot se levantó, puso la mesa, hizo café y vivió una vida “normal”. Sin saber que por las noches su esposo la drogaba para que decenas de hombres la violaran mientras él lo grababa. Cuando el caso explotó, no solo se derrumbó su matrimonio: se derrumbó la idea cómoda de que el mal siempre se ve venir.
Lo más brutal es esto: había videos, había pruebas, había culpables… y aun así hubo quien dudó. Jueces que hablaban de “escenas de sexo”. Abogados buscando “consentimiento” donde había sedación. Médicos que pensaron en Alzheimer, en ansiedad, en cualquier cosa menos en violencia. El proceso penal no solo juzgó a los acusados: también puso a prueba la dignidad de la víctima.
Por eso ella exigió un juicio público. No por morbo. Por justicia. Porque entendió algo que muchas sociedades se niegan a aceptar: la vergüenza no era suya. Era de ellos. Y cuando una mujer logra que la vergüenza cambie de bando, no solo gana un caso: abre una grieta en el sistema. Y por esa grieta entra, por fin, la verdad.