⚠️ El problema no es solo la frase de Sam Altman. El problema es la visión antropológica detrás de toda la industria de IA.
Cuando el CEO de OpenAI dice que “un niño nacido hoy nunca será más inteligente que la IA”, no está haciendo únicamente una predicción tecnológica. Está redefiniendo el valor humano bajo parámetros computacionales. Inteligencia ya no como conciencia, moralidad, alma, creatividad o voluntad… sino como capacidad de procesamiento.
Ahí está la trampa.
Primero degradan al ser humano a una métrica técnica. Luego presentan a la IA como superior. Después justifican que sistemas algorítmicos administren educación, economía, seguridad, opinión pública y comportamiento social “porque son más eficientes”.
Esto nunca fue solo tecnología. Es una transición de autoridad.
La nueva religión tecnocrática necesita convencerte de que el ser humano es defectuoso, irracional e incapaz de gobernarse sin supervisión algorítmica. Por eso hablan tanto de “alineación”, “seguridad” y “riesgo humano”.
La IA no tiene conciencia, ni dignidad, ni alma. Pero ciertas élites sí quieren usarla para rediseñar la sociedad alrededor de vigilancia, dependencia y control conductual.
Y eso es exactamente lo que muchos todavía se niegan a ver.
Ojo con esto del “Gemelo Digital social”. Por ahora solo humo de marketing pero dejo algunas reflexiones iniciales sobre este obsequio a Palantir.
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El gobierno argentino acaba de anunciar el primer “gemelo digital-social”: un sistema de IA que integra datos de millones de personas para “simular, anticipar y optimizar” políticas públicas.
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La falta de información sobre los contratos, auditorías y límites del proyecto genera una profunda preocupación. El anuncio oficial se presenta con música épica y gráficos de IA, como si cruzar los datos de todos los argentinos y entregarlos a empresas extranjeras para “predecir el futuro” fuera algo inofensivo. Esa liviandad es parte del problema.
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Empecemos por lo básico: ¿de quién son esos datos? Son de todos los argentinos. De cada uno. De los que cobran una jubilación y los que pagan impuestos. De los que usan el sistema de salud público y los que tienen obra social. Almacena información de quienes reciben asistencia social y de quienes solo interactúan con el Estado para renovar el DNI. Nadie consintió ser materia prima de ningún modelo.
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La Corte Suprema lo acaba de resolver en Torres Abad c/ ANSES: el Estado no puede usar datos personales para fines distintos al que motivó su recolección sin que el titular lo sepa. Cuando alguien se atendió en un hospital público, dio sus datos para recibir atención médica. Cuando alguien se registró en ANSES, lo hizo para acceder a un beneficio. Ninguno de ellos autorizó que esos datos alimenten un modelo de IA. No hay zona gris.
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El anuncio convoca a “los principales actores del mundo” para construir “el primer modelo global”. Es urgente conocer quiénes son estas empresas, qué dice la letra chica y qué nivel de acceso tendrán a la información. Compañías como Palantir, con contratos activos con agencias de inteligencia y fuerzas armadas extranjeras, están sujetas al CLOUD Act: una norma que las obliga a entregar datos a las autoridades estadounidenses sin importar dónde estén almacenados.
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Eso significa que los datos de todos los argentinos quedan al alcance de una jurisdicción extranjera. Lo que el Estado sabe sobre cada uno de nosotros puede terminar en manos de un gobierno que no elegimos y ante el cual no tenemos ningún derecho, todo esto sin la mediación de una orden judicial argentina, sin aviso previo y sin posibilidad de recurrir la medida.
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Y una vez que la gestión pública depende de infraestructura extranjera, salir de ahí tiene un costo político y operativo que pocos gobiernos están dispuestos a pagar. Los datos, los modelos, los sistemas integrados: todo queda del otro lado. Pagamos dos veces: con nuestros datos y con nuestros impuestos. Y después quedamos atados.
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¿De qué datos hablamos concretamente? De historias clínicas. De deudas y situación patrimonial. De beneficios sociales. De registros judiciales. De comportamiento de consumo. De todo lo que el Estado sabe sobre cada uno de nosotros. Y potencialmente de lo que hacemos en nuestras casas: a qué le damos like, qué miramos, qué compramos. El anuncio no pone límites. Nadie preguntó hasta dónde llega.
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¿Qué significa “optimizar”? Siempre implica una función objetivo. Alguien decide qué se maximiza. En el anuncio esa decisión está escondida detrás de palabras como “desarrollo humano” y “autonomía”. Un sistema que cruza este volumen de datos sobre la población, manejado por empresas que responden a otras jurisdicciones, opera de manera fáctica como una herramienta de ajuste y control social, independientemente de la denominación que reciba.
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Hacen falta respuestas concretas sobre quiénes son los proveedores, bajo qué condiciones acceden a los datos, quién audita los algoritmos y qué pasa si algo sale mal. Esas respuestas tienen que estar en una ley del Congreso, no en un anuncio de 91 segundos con música épica.
This is the greatest video I’ve ever seen. No notes. The lifeless clanker carcass just laying there. No crowd reaction, anything. Just Billie Jean. Until its lifeless shell is shamefully dragged off. Purely amazing.
"No se roben mi obra"
Luego de que la descolgaran de la Rosada, el artista Helmut dijo que el Gobierno "no contesta los mails" y aseguró: "Les pido que me la devuelvan así se la puedo entregar a alguna institución pública que sepa valorarla más de lo que lo hacen ustedes".
“Somos veteranos de Malvinas, la universidad odontológica nos hizo TODOS los dientes a los veteranos de guerra, por eso venimos a bancarlos, nos devolvieron la sonrisa”
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Before Keanu Reeves became a Hollywood star, he worked as a reporter for CBC and covered a teddy bear convention in 1984.
The footage somehow makes him even more likable.