LA AMNESIA DEL VOTO
Por qué condenamos la corrupción en la conversación y la perdonamos en la urna.
Hay una paradoja democrática: el ciudadano puede condenar la corrupción, el nepotismo, la mentira o el abuso y, llegado el día de la elección, votar por quien encarna exactamente aquello que decía reprobar. No siempre es mala memoria. A veces es algo más poderoso: recordamos perfectamente, pero perdonamos selectivamente.
Hace un tiempo hice un ejercicio informal entre varios amigos y conocidos que votan en Vitacura. Les propuse una elección hipotética: Raúl Torrealba, exalcalde investigado judicialmente por graves hechos de corrupción, frente a un candidato ficticio de izquierda progresista. El resultado fue revelador: aun conociendo los antecedentes del exalcalde, muchos volvían a elegirlo. No era una encuesta científica; sí una ventana a un mecanismo psicológico: para ciertos electores, el adversario ideológico resulta más intolerable que la falta ética del propio candidato.
La psicología política conoce bien el fenómeno. Se llama partidismo negativo: no votamos necesariamente porque admiremos a “los nuestros”, sino para impedir que ganen “los otros”. La investigación describe esa aversión como una identidad social capaz de generar hostilidad. Cuando la política deja de ser discusión y se transforma en pertenencia tribal, el corrupto propio deja de ser corrupto: pasa a ser “nuestro corrupto”. Y el adversario honesto continúa siendo, antes que honesto, adversario.
Opera también la disonancia cognitiva. Admitir que aquel a quien apoyamos mintió, robó o fue incompetente implica reconocer que quizá nos equivocamos nosotros. Al cerebro le incomoda revisar su propia biografía. Entonces fabrica atenuantes: “todos roban”, “los medios exageran”, “fue una operación”, “por lo menos hizo cosas”, “los otros son peores”. El hecho no cambia; cambia el estándar moral.
A ello se suma el sesgo de confirmación. Buscamos información que protege nuestras convicciones. Así, una misma conducta cambia de gravedad según la camiseta. El nepotismo ajeno es corrupción; el propio, confianza. La mentira ajena es engaño; la propia, estrategia. El insulto del contrario demuestra su bajeza; el del aliado fue “sacado de contexto”.
El episodio reciente de Camila Flores resulta ilustrativo. Utilizar “feriante” o “poblacional” como descalificación revela un clasismo difícil de conciliar con representar a ciudadanos que trabajan en ferias o viven en poblaciones. Aun así, algunos podrían volver a apoyarla si rechazan más a la alternativa. La identidad puede derrotar incluso al agravio personal.
Donald Trump ofrece un ejemplo formidable: regresó a la Casa Blanca en 2025 después de una condena penal, un conocido pasado con actos de corrupción y años de controversias. Su electorado no ignoraba necesariamente esos hechos; muchos los jerarquizaron por debajo de la economía, la inmigración, la identidad cultural o el rechazo a los demócratas. Javier Milei plantea en Argentina otra prueba hacia 2027: su eventual reelección dependerá no sólo de la evaluación de su gestión, sino de cuánto siga funcionando el rechazo al peronismo como cemento electoral.
Por eso el problema no es exactamente que el votante olvide. Es que recuerda con un balance de una contabilidad moral adulterada. La corrupción pesa diez kilos cuando pertenece al adversario y cien gramos cuando lleva nuestros colores. La democracia comienza a enfermar cuando el voto deja de juzgar conductas y pasa a defender identidades.
Tal vez la pregunta adulta antes de entrar a la urna no sea “¿quién representa a los míos?”, sino otra más incómoda: “¿votaría por esta persona si pensara exactamente lo contrario que yo?”. Si la respuesta es no, quizá no estamos eligiendo con criterio, sino obedeciendo a una tribu. Y cuando la tribu consigue absolver aquello que nuestra conciencia condena, la mala memoria es el menor de nuestros problemas.
@MisColumnas
El pánico como método: cómo José Manuel Astorga convirtió el desorden del Estado en una novela criminal
Cuando el escándalo real no alcanza, se fabrica uno mejor. Eso hizo José Manuel Astorga con el caso de los niños haitianos no ubicados en el preinforme de Contraloría: tomó un problema cierto y grave —desorden administrativo, bases de datos mal cruzadas, protocolos inexistentes entre organismos del Estado— y lo convirtió en una novela de tráfico infantil con villano político ya identificado de antemano: el gobierno de Boric.
Donde Contraloría habla de niños “no ubicados”, Astorga escribe “desaparecidos”. Donde el informe describe falta de coordinación institucional, él escribe “operación” que “debilitó el sistema desde adentro”. La distancia entre esas palabras no es de estilo: es la distancia entre una falla burocrática y un crimen organizado. Y esa distancia es exactamente lo que permite acusar sin tener que probar nada.
Los datos que Astorga decide no mirar son incómodos para su relato. De 105 niños revisados, 64 no aparecieron en la primera visita; la mayoría fue ubicada después, por cambios de domicilio, vecinos que no abrieron o familias temporalmente fuera. Solo un caso correspondía a una desaparición efectivamente denunciada. La comunidad haitiana, lejos de validar el pánico, declaró que no conocía denuncias de hijos extraviados. Incluso el ministro de Defensa de Kast, Fernando Barros, terminó admitiendo que no había antecedentes serios de tráfico, prostitución infantil ni órganos.
Nada de eso impidió que Astorga instalara imágenes de niños “metidos en aviones” y “hechos desaparecer”. Porque su objetivo no era informar: era producir una atmósfera. Y esa atmósfera cumple una función política precisa.
Aquí está lo que la prensa chilena se niega a discutir sobre sí misma: el pánico mediático no es un efecto colateral del sensacionalismo, es una herramienta de gobierno. Mientras el país discute una red de tráfico que la propia evidencia desmiente, no discute la reforma tributaria que beneficia a los más ricos, ni el secreto bancario que protege estructuras de crimen organizado, ni los recortes culturales, ni el desmantelamiento silencioso de la memoria histórica. Cada titular de pánico es un día menos de escrutinio sobre lo que el gobierno realmente está haciendo.
Astorga no defendió a los niños. Los usó. Construyó con su sufrimiento potencial una cortina de humo emocionalmente irresistible y políticamente rentable, desconectada de lo que sus propias fuentes —Contraloría, La Tercera, El País— estaban diciendo.
El verdadero escándalo nunca fue una red de tráfico ya probada. Fue un Estado incapaz de cruzar una base de datos. Pero esa verdad no vende portadas ni protege gobiernos. La mentira sí. Y mientras Chile siga confundiendo pánico con periodismo, seguirá sin ver lo que tiene justo enfrente: un país que se desarma mientras todos miran hacia el avión equivocado.
Comparto este video que lanzaron ayer Silvio Rodríguez y Chico Buarque; los fondos que se recaben serán donados a la Sala de Pediatría del Instituto de Oncología de Cuba, así que si queréis verlo, darle like y compartirlo con otras personas, es un pequeño grano de arena para aliviar la difícil situación en que se encuentran.
El vídeo es precioso y presenta esa Habana tan digna como empobrecida.
https://t.co/AVk6LbJAI7
Lamento profundamente que el presidente electo, José Antonio Kast, haya tomado la decisión de empañar la sana y orgullosa tradición republicana de realizar un traspaso de mando que ponga en el centro la continuidad del Estado y el bienestar de las chilenas y chilenos.
Chile merece que sus autoridades estén a la altura de lo que se les encomienda. Por eso, reitero mi disposición y de todo mi gobierno de continuar las conversaciones acordadas de traspaso con temas tan importantes como políticas de infancia, hacienda, comisión de Paz y Entendimiento, migración y todo el que sea necesario.
Avancemos juntos por Chile, y demos rápidamente por superado este ingrato episodio que no le hace bien a nuestro país ni a su gente. Nuestra mano está tendida.
"Están masacrando a un pueblo que ha luchado por la justicia, por la vivienda digna, por derecho a la alimentación, después de que nos los quitaran todo a nuestros hijos. EEUU no es la polícia del mundo, esto no es un presidente, es un pueblo digno".
El pueblo venezolano se echa a las calles a protestar contra el ataque terrorista y el secuestro de EEUU contra un gobierno enemigo de sus intereses, para saquear el petróleo y los minerales del pais
Senadores Pedro Araya (PPD) y Francisco Chahuan (RN) absteniéndose de votar la acusación constitucional de Ulloa, que en la práctica es lo mismo que votarla en contra... apoyando firme la corrupción judicial! 👍
El nazi de Paine borró todos las publicaciones que lo relacionaban con Fontaine y no le gustaría que se viralizara ésto 👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻👇🏻
El Fascista es un peligro!!!
Ésto es graviisimo!
#Kast#DerechaCorruptaYMiserable
¡Indignante! Como muestra este reportaje, los mismos que decían “con tu plata no” usaban justamente la plata de las y los trabajadores para financiar campañas sucias, promover el odio y atacar a quienes piensan distinto. Mientras decían defender tus ahorros en las AFP, en realidad los usaban para proteger sus privilegios.
https://t.co/qUpKg5toX0
Tras el fallo por el caso SQM, después de 10 años y que queda en nada, ¿cómo podríamos decirle a la gente que la justicia es igual para todos?
Imposible.
"Gaza es una mujer maltratada, su esposo Israel la golpea cada día, grita para que sus países vecinos la oigan pero nada, llama a la policía (ONU), redactan un informe pero nada... hasta que un día tras 20 años de palizas, apuñala a su marido y éste la mata".
Norman Finkelstein, profesor judío antisionista con familia exterminada en Auschwitz, defiende el derecho a defenderse del pueblo palestino.
Ojalá la TV le diera la misma cobertura al caso de Julia Chuñil, q a los portonazos o a las fiscalizaciones...pero no lo harán, porque es mujer mapuche, ambientalista y porque al parecer, el culpable sería un reconocido empresario forestal.
#JusticiaParaJuliaChuñil