La principal ocupación de un filólogo durante vacaciones es hacerle entender a su familia que nadie habla mal, que todas las variedades deben ser respetadas y que no hay que basar la lengua en prejuicios extralingüísticos.
“La ansiedad buena”: la ilusión antes de algo emocionante que vas a vivir, las mariposas en el estómago cuando estás conociendo a alguien, la abrumación de ver que las cosas están saliendo bien, la activación cuando estás viviendo algo muy bonito y no quieres que se acabe.
Lo peor es la ostia de realidad que nos damos cada Lunes de Pascua ,cuando esto vuelvo a estar vacío, y cada rincón que parecia especial y recién descubierto, vuelve a ser monótono y gris hasta la semana santa siguiente.