#VIDEO | Alfonso Herrera solo tiene 10 años y es sobreviviente del doble terremoto del #24Jun. Vivía en el piso 5 del edificio El Molino en Caraballeda, que se desplomó por completo en segundos. Su abuela Luz y su hermanito Christian, de 5 años, murieron, y Alfonso y sus padres, Daniel y Johana, quedaron gravemente heridos y en hospitales distintos: el niño en el Pérez Carreño y sus papás en el Vargas.
Dos meses después de la tragedia, Daniel y Johana aprovecharon un traslado para hacerse un examen y, realmente con mucho esfuerzo, visitaron a Alfonso. En el video se ve la reacción del niño cuando, finalmente y después de dos meses, puede abrazar a sus padres.
Alfonso tiene el pie izquierdo destrozado. “De hecho, cuando llegó al hospital no tenía piel y la primera reacción fue amputárselo pero un doctor decidió salvárselo”, cuenta Daniel. Desde entonces, ha sido sometido a injertos e intervenciones quirúrgicas. Su mano izquierda también está inutilizada. Sus papás, que desde 2016 tenían el emprendimiento de galletas Beikery La Guaira, permanecen hospitalizados y sin ingresos. Hay muchas formas en que se puede ayudar al pequeño Alfonso a recuperarse, y se pueden conocer en la cuenta de Instagram @ayudemosaalfonso
🎓Cristian Castro terminó la preparatoria a los 51 años
🥳El cantante cursó a distancia y finalmente se graduó en un evento al que asistió su madre Verónica Castro.
📚Ademàs el artista aseguró que continuará estudiando y quiere hacer la Licenciatura de Diseño Industrial.
"Delcy Rodríguez" es tendencia porque 2 días después afirmó haber tomado la decisión de militarizar el estado La Guaira.
Además, elevó las cifras a a 589 fallecidos y 2980 personas heridas.
Por otro lado, declaró que se han producido 214 réplicas luego de los terremotos.
@giannidcampos Es lo que la gente debe replicar, mis compañeros de trabajo y jefes son un 7, todos preocupados y se me pusieron a la orden. Me dejaron trabajar desde casa, me enviaron la laptop. Las cuentas con apodos, sin seguidores y sin fotos, no es Chile. Chile es más que eso.
Ángel Lozada es un chef 🇻🇪 que organizó un centro de producción para llevar alimentos a la gente que la necesita: damnificados, rescatistas, personas en hospitales, etc.
Ayuda a difundir y a etiquetar empresas que pudieran colaborar con ellos en esta labor.
Colaboremos.
Voy a decir algo que puede parecer superfluo, pero no lo es.
Una cosa que me llamaba poderosamente la atención de la Sra. Carmen es que la mayoría de las veces estaba lo más presentable posible, y con una actitud muy digna, con el rostro altivo pese a su agotamiento y
EL SIMIO NO ERA NEGRO, ERA NARANJO
Hay personas que creen que la civilización consiste en usar cubiertos correctos, saber pronunciar “sommelier” y tener una tarjeta corporativa con un cargo rimbombante bajo el nombre. Creen que la educación es usar corbata y que la sofisticación moral se obtiene acumulando millas LATAM y reuniones por Zoom.
Hasta que un día aparece un teléfono grabando.
Y entonces el barniz se derrite.
Eso fue precisamente lo interesante y profundamente revelador del episodio protagonizado por —Germán Naranjo Maldini—, ejecutivo chileno de una pesquera, que decidió convertir un conflicto circunstancial con un tripulante brasileño, en una exhibición pública de racismo de cloaca, homofobia de cantina y vulgaridad tribal. El repertorio incluyó insultos raciales explícitos, referencias al color de piel y, como toque final de una ópera moralmente miserable, imitaciones simiescas con onomatopeyas vocales dirigidas a un trabajador afrodescendiente.
Todo esto, en pleno siglo XXI
Lo fascinante del caso no es únicamente la ordinariez del episodio. Vulgaridad existe en todas partes. Lo verdaderamente interesante es la velocidad con que un hombre aparentemente integrado al mundo profesional descendió desde la estética del ejecutivo corporativo hacia la emocionalidad de un energúmeno prehistórico.
Porque ese es el punto incómodo de esta historia: el problema no es la falta de educación formal. El problema es exactamente lo contrario. El sujeto no proviene de la marginalidad cultural, sino del universo empresarial, de las reuniones estratégicas, de los PowerPoint con palabras como “Networking”, “Engagement” y “Benchmarking”.
Y sin embargo, bastó una situación adversa para que emergiera algo mucho más antiguo y primitivo.
Hay quienes intentaron explicar el episodio apelando al alcohol o a psicotrópicos. Una explicación tranquilizadora, casi terapéutica. Como si el racismo fuese una especie de alergia química pasajera y no una convicción degradante alojada en algún rincón profundo de la estructura mental.
Pero el alcohol no redacta pensamientos nuevos. El alcohol desinhibe. Abre compuertas. Reduce filtros. No inventa repertorios morales; simplemente deja al descubierto los existentes.
Nadie improvisa una secuencia coherente de insultos raciales en segundos si esas asociaciones no viven previamente dentro de él.
Y aquí aparece una verdad desagradable para ciertas élites latinoamericanas: hay personas que jamás dejaron realmente atrás la lógica colonial. Sólo aprendieron a maquillarla con LinkedIn, inglés funcional y camisas a medida.
El incidente además destruye otro mito bastante chileno: la idea de que el éxito económico equivale automáticamente a refinamiento humano. No. Existen individuos altamente competentes para vender pescado, administrar planillas Excel o dirigir equipos comerciales y que, simultáneamente, poseen una pobreza espiritual francamente devastadora.
La historia universal está llena de profesionales exitosos con una estructura ética miserable.
Pero quizá el detalle más brutal de este caso fue la absoluta incapacidad de comprender el tiempo histórico en que vivimos. En 2026, creer que uno puede desatar una descarga de racismo explícito en un espacio público sin consecuencias es una mezcla extraordinaria de arrogancia y estupidez estratégica.
Hoy las redes sociales funcionan como una plaza pública romana con almacenamiento infinito. Todo queda. Todo circula. Todo escala.
En apenas horas, el ejecutivo dejó de ser una persona relativamente anónima para transformarse en símbolo nacional de una forma particularmente vulgar de decadencia moral.
En su intento de degradar a otro ser humano tratándolo como un simio, terminó ofreciendo al país una demostración involuntaria de quién era realmente el espécimen primitivo que había perdido el control de sus impulsos más básicos.
El problema nunca fue el color de piel del tripulante brasileño. Al final el simio no era negro, era naranjo.
@MisColumnas
Ayer, en el encuentro de venezolanos con María Corina Machado en Santiago de Chile, hubo una escena que llamó la atención: muchas personas le entregaban a sus hijos pequeños para que los abrazara. Varias de esas escenas estuvieron rodeadas de lágrimas y mucha emoción.
Desde la psicología social, ese gesto tiene un significado profundo.
Cuando los adultos presentan a sus hijos a un líder político, están haciendo algo simbólico: están mostrando lo que más valoran. Es una forma de decir: “Esto es lo más importante que tengo, y quiero que su futuro sea distinto al presente que nos tocó vivir.”
Los niños representan el futuro. Por eso, en contextos de crisis o de transición política, estos gestos aparecen con más fuerza. No son sólo expresiones de afecto hacia un dirigente. Son una manera de depositar esperanza en que el país que obligó a millones a emigrar pueda cambiar.
También es una forma de reconocer liderazgo. En muchos momentos de cambio histórico, las sociedades buscan figuras que representen una posibilidad de futuro. En esos casos aparecen rituales espontáneos: abrazos, lágrimas, contacto físico. No es sólo apoyo político. Es confianza emocional.
Cuando el líder es una mujer, el gesto adquiere una capa adicional. Muchas veces se activa un imaginario maternal. Por eso el gesto de entregar a los hijos aparece con más frecuencia hacia líderes que son percibidos como figuras protectoras o morales.
En el caso venezolano hay un elemento adicional: la diáspora. Para millones de personas que tuvieron que irse del país, el encuentro con alguien que simboliza la posibilidad de cambio puede producir una catarsis colectiva. Las lágrimas no son sólo políticas; también expresan duelo, nostalgia y esperanza acumulada durante años.
Por eso escenas como la de ayer son tan potentes. No hablan únicamente de una dirigente política. Hablan de algo más profundo: del deseo de muchos venezolanos de que la próxima generación pueda vivir en un país distinto.
Desde una perspectiva sociológica, lo más revelador de este tipo de escenas no es el apoyo político en sí, sino la intensidad emocional.
Cuando una comunidad comienza a llorar colectivamente alrededor de un líder, suele indicar que la política ha dejado de ser un cálculo estratégico y se ha convertido en algo más profundo: Un proceso de reconstrucción moral de la comunidad.
Muchos amigos cubanos y nicaraguenses nos han dicho que ellos adolecen de tener algun tipo de liderazgo que pueda nuclear a la sociedad. Por eso valoran tanto el fenómeno que representa MCM.
No es un asunto de gustos personales: Es la mejor herramienta que tenemos en este momento.
Caracas, años 80. El gran Willie Colón murió hoy, 21 de febrero, a los 75 años en el Lawrence Hospital de Nueva York, EEU donde fue ingresado ayer con problemas respiratorios. En este video una de sus tantas presentaciones en Venezuela junto a Rubén Blades. Paz a su Alma