Lali cerró su segundo River con NO ME IMPORTA le rindió homenaje al Indio Solari con ji ji ji, hizo temblar el estadio con el pogo más grande del mundo y terminó la noche con el himno nacional. de esas postales que quedan para siempre en la historia de la música argentina. LARGA VIDA A LA GRAN BESTIA POP 🇦🇷👑🖤🛐 #LaliEnRiver
El testimonio del dia
Esto es el publico ricotero y no los fisuras que te quieren mostrar
"Odie mucho tiempo a TN y Clarin por haber criticado al peronismo, pero sabes que? Me compre una goma gigante para borrar mi grieta para todos los que no piensan como yo, asi crecemos como sociedad y pais, dejemos la grieta, cada uno que piense como quiera y como puede, construyamos una patria grande como decia el General San Martin"
Hay algo casi cíclico, y por momentos inquietante, en esa tentación de algunos exaltados de ambos lados de los Andes que imaginan que los desacuerdos entre Chile y la Argentina podrían resolverse por la vía de las armas. No es un desvarío reciente, ni tampoco una extravagancia limitada a la crisis de 1978, cuando sectores del gobierno militar argentino acariciaron la fantasía de un ataque. Esa pulsión viene de mucho más atrás.
A fines del siglo XIX, cuando la superioridad naval chilena comenzaba a erosionarse rápidamente, el clima era igualmente febril. En Chile, no pocos creyeron que era el momento de zanjar definitivamente la cuestión con la Argentina por la fuerza, antes de que el equilibrio se inclinara del otro lado. Y entre los más vehementes no se encontraba un militar, sino el propio embajador de Chile en Buenos Aires, Joaquín Walker Martínez.
Como recuerda el historiador estadounidense George von Rauch, Walker Martínez, en su correspondencia privada con el canciller La Torre y el subsecretario Phillips, dejaba traslucir una impaciencia casi febril. Se indignaba ante lo que percibía como maniobras dilatorias de la diplomacia argentina, pero también se desesperaba frente a un gobierno chileno que consideraba débil y excesivamente prudente. El tiempo, para él, corría en contra. En pocas semanas, advertía, la llegada de nuevos buques argentinos alteraría de manera irreversible la relación de fuerzas en el mar. Y entonces, ¿qué sería de Chile?
Su conclusión era tajante, casi brutal en su simplicidad: sólo una guerra inmediata podía evitar ese desenlace. «Una campaña marítima terminaría la contienda», escribía. «En tres meses más, las posibilidades en el mar nos serán contrarias».
En cierto modo, no se equivocaba en el diagnóstico. Entre 1896 y 1898, la incorporación por parte de la Argentina de cuatro cruceros acorazados puso fin a la supremacía naval chilena. Cuando Santiago intentó reaccionar, buscando créditos en Londres para recomponer su flota, se encontró con una realidad implacable: el financiamiento estaba cerrado. La carrera armamentista había llegado a su límite. Y fue precisamente esa imposibilidad de seguir escalando lo que empujó finalmente a ambos países hacia un entendimiento, completando y consolidando los acuerdos vigentes.
Décadas más tarde, en los años 70 del siglo XX, la tentación volvió a aparecer, esta vez del lado argentino. También entonces hubo quienes creyeron en la ilusión de una guerra rápida, decisiva, casi quirúrgica. Sabemos cómo terminó esa historia: no en combate, sino en una mediación que evitó una tragedia.
Por eso sorprende, o tal vez no tanto, escuchar hoy a algunos que, con liviandad alarmante, evocan escenarios de confrontación como si se tratara de una partida de ajedrez. Cualquiera con un mínimo de sentido común entiende que una guerra entre Chile y la Argentina no sería un episodio breve ni controlado. Sería el comienzo de una cadena de conflictos, de pérdidas irreparables, de generaciones marcadas por el duelo.
Nuestros países ya han recorrido ese camino de tensiones, de recelos y de equilibrios inestables. Y también han sabido encontrar, no sin esfuerzo, la senda del acuerdo. Esa es la verdadera enseñanza de la historia.
La única vía razonable es la del entendimiento, la cooperación y, por qué no decirlo, una cierta fraternidad rioplatense y andina. No es casual que en Santiago se haya erigido un monumento para honrar a quienes defendieron la patria frente a las invasiones inglesas de comienzos del siglo XIX. Ese recuerdo remite a un tiempo en que, antes de las fracturas, existía una comunidad más amplia, un destino compartido en el extremo austral del mundo.
Conviene no olvidarlo. Porque, más allá de las fronteras actuales, hay hilos históricos y culturales que vuelven a tensarse en los momentos decisivos. Y porque, frente a la tentación siempre renovada del conflicto, la verdadera inteligencia política consiste en preservar la paz entre naciones que, en el fondo, nunca han dejado de ser vecinas, y en cierto modo, hermanas.
@HoplitaPluma@glafferriere@jpberlinger
Siempre hay que recordar que 1/3 de los caidos en malvinas eran del NOA y NEA.Hoy en dia toda ese supuesto nacionalismo blanco diria que no son argentinos. Como toda la vida los que pusieron la cara por este pais fueron los "negros" y los pobres
@angelomichelo@afroargentino_x La gente empatiza más con el victimario criminalizado que con la víctima del racismo. El victimario se convierte en héroe.
Until fifty years ago, Argentina was richer than Spain—
(This Data Insight was written by @EOrtizOspina.)
In a recent Data Insight, I wrote about how Argentina was one of the richest countries in the world at the beginning of the 20th century. Today, I want to follow up with a striking comparison between Spain and Argentina.
The chart shows GDP per capita for Argentina and Spain over the last two centuries. These are historical estimates from the Maddison Project, and the data is adjusted for inflation and differences in the cost of living.
When Argentina declared independence from Spain in 1816, the two countries had very similar GDP per capita. By the late 19th century, Argentina had become richer than its former colonial power, and it stayed ahead for many decades. Spain then started growing faster in the 1960s, and by the mid-1970s it had caught up.
Continued economic growth in Spain after the 1980s drove the large gap we see today. It kept GDP per capita on a steep upward path into the 21st century. Argentina, by contrast, grew more slowly and went through several economic crises, visible on the chart.
Today, Argentina’s GDP per capita is closer to my home country of Colombia than to Western European countries like Spain. This helps us see how much of a difference economic growth can make within just a few generations.
The theme of the past century was humans vs their own capacity of self-destruction.
The theme of our decade is the human vs the technology. The state sovereignty vs the corporations powers in this battle runs as long as the corporations still control the technology.
This week, Anthropic delivered a master class in arrogance and betrayal as well as a textbook case of how not to do business with the United States Government or the Pentagon.
Our position has never wavered and will never waver: the Department of War must have full, unrestricted access to Anthropic’s models for every LAWFUL purpose in defense of the Republic.
Instead, @AnthropicAI and its CEO @DarioAmodei, have chosen duplicity. Cloaked in the sanctimonious rhetoric of “effective altruism,” they have attempted to strong-arm the United States military into submission - a cowardly act of corporate virtue-signaling that places Silicon Valley ideology above American lives.
The Terms of Service of Anthropic’s defective altruism will never outweigh the safety, the readiness, or the lives of American troops on the battlefield.
Their true objective is unmistakable: to seize veto power over the operational decisions of the United States military. That is unacceptable.
As President Trump stated on Truth Social, the Commander-in-Chief and the American people alone will determine the destiny of our armed forces, not unelected tech executives.
Anthropic’s stance is fundamentally incompatible with American principles. Their relationship with the United States Armed Forces and the Federal Government has therefore been permanently altered.
In conjunction with the President's directive for the Federal Government to cease all use of Anthropic's technology, I am directing the Department of War to designate Anthropic a Supply-Chain Risk to National Security. Effective immediately, no contractor, supplier, or partner that does business with the United States military may conduct any commercial activity with Anthropic. Anthropic will continue to provide the Department of War its services for a period of no more than six months to allow for a seamless transition to a better and more patriotic service.
America’s warfighters will never be held hostage by the ideological whims of Big Tech. This decision is final.
Si querés popularidad se oficialista. Si querés tener razón se opositor.
En argentina todo siempre termina invariablemente mal, y el baticinio del fracaso es pura haragañería del intelectual
Hay alguna manera que mi TL de X deje de mostrarme posteos antisemitas?
Compartí el video del fuego en la patagonia y ya tengo un profiling antisemita en el algoritmo