Conozco a mucha gente que emigró para “tener una vida mejor”.
Y económicamente les fue bien.
Muy bien.
Pero mientras tanto:
• los padres envejecieron
• los sobrinos crecieron
• los amigos desaparecieron
• las cenas familiares siguieron sin ellos
Y un día se dieron cuenta de algo incómodo:
habían mejorado su calidad de vida…
pero se habían perdido parte de su vida.
En octubre del año pasado fue al SAIME en Caracas.
Meses antes pagué el equivalente a $25 por los datos filiatorios de mi abuelo. Nunca llegaron.
Ese día, la encargada de una de las dos únicas taquillas que atendían esos casos me fue pidiendo uno a uno documentos que esperaba que yo no tuviera. Los tenía todos en PDF y algunos en original.
Me hizo salir y entrar 17 veces para sacar copias que según ella necesitaba y como cada documento que me pedía, yo lo tenía, finalmente me dijo que debía llevar el acta de nacimiento de mi abuelo español nacido en España apostillada por el sistema venezolano.
Lo único que necesitaba de esos datos filiatorios era el número de Gaceta en la que mi abuelo solicitó la nacionalidad venezolana. Ella lo tenía pero, no sabía que eso era lo que yo necesitaba.
Salí y entré cada una de esas 17 veces pidiéndole a mi abuelo que por favor, me entregaran lo que necesitaba y por lo que había pagado.
Dentro de esos espacios oficiales, no me dejaban tener el teléfono en la mano, así que cada vez que me pedía un documento debía salir de las oficinas y revisar mi teléfono para buscarlo e imprimirlo.
La última vez que entré, ella, que fingía querer ayudarme, sacó dos papeletas en sus manos y comenzó a explicarme que yo necesitaba ir a Barquisimeto a que le cambiaran el nombre de mi abuelo del acta de matrimonio, pues en la que yo tenía, con fecha reciente, le faltaba uno de ellos.
Me dijo que luego debía ir al Ministerio de Exteriores para que me apostillaran ese documento y que una vez que lo tuviera, podía ir al SAIME y ella con gusto me daba los datos filiatorios.
Otro funcionario la escuchaba con cara de “te pasaste” y la interrumpió para decirle que así, con lo que yo tenía, podía tramitar el documento. Ella casi lo liquida con la mirada y comenzó una discusión un poco intensa con el.
Puso las papeletas en el escritorio y yo vi la huella digital del dedo de mi abuelo en uno de ellos. Sabía que ese era el comprobante de la cédula de identidad. Moví el papel con mis manos y prácticamente saltó ante mis ojos el número de la Gaceta que necesitaba.
Lo memoricé y me acerqué a mi hijo que estaba conmigo. Al oído, se lo repetí 3 veces y le dije: memorízalo. Sal y lo anotas en tu teléfono pero por favor, no lo olvides.
La mujer se dió cuenta de que estaba mirando el papel y con rabia lo quitó. Le dije: “disculpa, nunca había visto algo tan antiguo de mi abuelo y me dio curiosidad”. Una vez más pude ver el número y rogué no olvidarlo. Ella histérica lo apartó de mi vista.
Minutos después entró mi hijo y me dijo al oído que no solo lo había anotado sino que se lo había dicho a un amigo que nos esperaba afuera y este buscó el número de la gaceta en google y efectivamente, ahí estaba la solicitud de nacionalidad de mi abuelo.
La mujer seguía discutiendo con el otro funcionario, así que victoriosa me paré y le dije:
-Entonces ¿no se puede hacer nada?
-No. Debes traer lo que te dije.
Di un paso atrás y le dije: Gracias, no volveré. Ya tengo lo que vine a buscar.
Salí airosa. Me sentía bendecida. El corazón me palpitaba a mil por hora. No solo tenía lo que fui a buscar sino que además, me ahorré los $800 que nos estaban solicitando por encontrar ese número.
Recuerdo que publiqué en twitter como podía encontrar la Gaceta para imprimirla porque la que tenía era de google y estaba “dañada” por marcas de agua. Alguien que me leyó, en minutos me la encontró y me la envió a mi correo.
Espero que la funcionaria que me atendió ese día pueda leer este tweet porque me quedé con las ganas de decirle: Esto algún día acabará. Y fíjate, ya acabó.
Por cierto, me encantaría saber cuánto ganan esos funcionarios para que ella estuviera ataviada en oro, con iPhone último modelo y cartera de diseñador mientras cualquier otro funcionario público no tiene ni cómo dar de comer a sus hijos.
Espero que los negocios fraudulentos en el SAIME y en el Seniat, también lleguen a su fin.-
No hay problema en perdonar.
El problema está en olvidar.
Olvidar a quienes expulsaron a ocho millones de personas.
Olvidar a quienes reprimieron, torturaron y secuestraron.
Olvidar a quienes pactaron con la dictadura.
Verdad, justicia, reparación y garantías de NO repetición.
El juez Luis Francisco Ovalles Landaeta desacata la orden del 8 de enero y se niega a firmar la excarcelación de Nelson Piñero.
Esto no es justicia, es secuestro de Estado
🇻🇪🇺🇸 | URGENTE — Delcy Rodriguez:
“Extendemos la invitación al gobierno de Estados Unidos a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación”.
Amigos chavistas, it’s over.
Miren, violación del derecho. El TSJ se inventó un concepto que no existe en la Constitución. ¿Alguien va a denunciar el quiebre del derecho constitucional? ¿O es solo el internacional el que hay que denunciar?
En síntesis: Súperbigote ni siquiera se defendió. La Primera Combatiente jamás combatió. La “fabulosa” defensa antiaérea nunca respondió. La fanfarronería típica de Cabello “pueden entrar, pero no van a poder salir” se volvió humo. Los 4,5 millones de milicianos que estaban, según Maduro, activados para defender la “patria” ¿qué se hicieron? La fantasiosa narrativa del chavismo fue sepultada en 2 horas 20 mins.