Apartó la mano de Yusuke de su cabeza de un hábil manotazo. Si bien no había sido con mucha fuerza, era de los que picaban.
— ¿Te olvidas de que tengo seguridad?
— ¡Pero que manía con mandarme a la cama! No me da la gana, tonto.
La lengua le mostró, a la vez que tiraba de su parpado inferior a modo de burla.
No le ha dicho que es un lunni.
Expectante esperó a ver que deparaba el bolsillo. Realmente no esperaba que le fuera a haber traído algo, y lo había dicho por decir, pero quién sabe lo mismo el azabache había razonado.
Que decir, que la sorpresa fue nefasta.
— ¡Pero como te atreves! ¡Te mato!
—¡Pues sí que tengo un regalito para ti! Para que veas que me he acordado. —Revolvió su bolsillo derecho durante largo rato, como si aquello fuera un pozo sin fondo. Finalmente, le hizo una peineta—. Ahí lo llevas.
—¡Pues sí que tengo un regalito para ti! Para que veas que me he acordado. —Revolvió su bolsillo derecho durante largo rato, como si aquello fuera un pozo sin fondo. Finalmente, le hizo una peineta—. Ahí lo llevas.
Bueno, por esta vez le haría caso. Pero solo porque el pumpkin spice etcétera ese sí estuvo bueno.
Se hizo con un tenedor, y tomando el plato probó un trozo.
Pues sí que estaba rica.
— No esta mál... Pero la que hace Claude está mejor.
Postura corrigió, irguiéndose para así tratar de imponer respeto ante su titulo.
— ¿Ah? ¿Es que no lo has entendido? ¡Se trata de que me obedezcáis a mí, no yo a un tal "lunni"! Que no sé ni quienes son.
Ni con quién está discutiendo, pero eso pasa a un plano secundario.
— Pfft... pues vaya cutrez...
La mueca de asco se deshizo al escuchar nombrar aquella bebida del otro día, ahora sí que le interesaba más.
— ¿Sabe igual? ¿Al latte ese?
— ¡Pues lo que has oido! Muchas cosas, ¿Me has traído tu algo~?
A lo último, le ha ignorado. Por supuesto que se merece todos los regalos del mundo mundial.
— No quiero, si quisiera más regalos de mis sirvientes no me hubiera venido aquí. Ya me han aburrido.
Ha recalcado el más, a ver si ya que parece que no va a caer en la jugada de prestarle atención, pues le da envidia.
— ¡Yo quiero más, ve a buscarlas!
Mueca de disgusto, sin ningún tipo de disimulo, mostró al ver el trozo de tarta partido.
— ¿Una tarta de una verdura? Iugh.
Miró a sus lados, ¿Qué niño repelente habrían soltado por ahí? Porque definitivamente, ni se le ocurría que pudiera tratarse de él.
Pues nada, a otra cosa.