Podríamos escribir las tribulaciones cotidianas como si lleváramos varios días ingresados en un hospital a causa de una gonorrea. Y terminar en un monasterio.
“¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago,
que con fuego y con sal borró el latino”.
En “Límites”, Borges advierte sobre los peligros de la infiltración portorriqueña.