Lo que hizo el chavismo con la Universidad Simón Bolivar es vergonzoso. La mejor universidad de Venezuela y una de las mejores escuelas de ingenieros de Latinoamérica quedó en ruinas. Diezmaron a las mejores universidades públicas, pero con la USB se ensañaron por odio a la excelencia y meritocracia.
You study in the US, get an OPT, fall in love and get married, find a job, maybe even have a kid
And then to be a permanent resident you need to quit your job, move away from your family and somehow survive 6 months in a country you left 4 years ago
Ridiculous policy
Esta es mi hija Aranza de los angeles Hernández castillo de 20 años de edad,Aún sigue presa en una cárcel venezolana,Su único delito Ser hermana de un militar disidente,Exijo su inmediata liberación,Ella es inocente,,, Libertad para mí hija Aranza.
Darisbel Quintero Morillo and her husband Gilbert were living in Dallas and hoping to start a family. Darisbel learned that she was pregnant after she had been detained and locked away in an ICE prison.
She began experiencing bleeding and went to the hospital. She learned that she miscarried. As she was grieving the loss, ICE chained her to her hospital bed.
According to ICE’s own policies, she should never have been locked away while pregnant. What should have been a joyous time for her family became a nightmare under the Trump Administration’s cruel mass deportation machine. It is shameful.
Darisbel should be released immediately.
Según Resolución del Ministerio para la Salud, se me otorga la Jubilación, después de desempeñarme como Médico Especialista II, durante 51 años.
Me conceden como prestaciones sociales la cantidad de 699,50Bs=1.41$.
Eso es una burla y una falta de respeto a la condición humana.
Kevin González is only 18. He is suffering from stage 4 colon cancer and has days to live. He’s desperate to spend his last moments with his parents, but ICE detained his mom and dad after they tried to seek humanitarian asylum.
This is the total cruelty of Trump’s mass deportation machine. I'm asking for Kevin’s parents to be released immediately so that they can be with their son. https://t.co/iHU5ngZ5Bt
Lo que está pasando con los venezolanos en Estados Unidos no es un regreso voluntario y hay que decirlo con claridad, porque el relato que se está construyendo alrededor de este fenómeno no está siendo honesto. No están volviendo porque Venezuela mejoró. No están volviendo porque extrañan su tierra o porque la transición les da esperanza. Están volviendo porque la administración Trump les cerró todas las puertas al mismo tiempo y muchos simplemente ya no tienen donde más ir y les da más miedo quedarse en EEUU que volver a Venezuela.
Durante años, el TPS fue el mecanismo que permitió a cientos de miles de venezolanos mantenerse en Estados Unidos con una protección mínima pero real. No era la situación ideal, pero era suficiente para trabajar, para construir algo, para vivir sin el miedo constante a ser deportado. Eso desapareció. Y con ello desapareció también la única red de seguridad que tenía una parte enorme de la diáspora venezolana en ese país. Las deportaciones dejaron de ser una amenaza abstracta para convertirse en una realidad cotidiana que está afectando a familias concretas, a personas con años de vida construida allá, a gente que en muchos casos lleva más tiempo en Estados Unidos que en Venezuela, a jóvenes que tienen como primer idioma el inglés, muchos llegaron allí de niños o bebés, otros nacieron en ese país.
El problema es que regresar a Venezuela no es para la mayoría de ellos una primera opción sino la única que les queda. Algunos tienen la posibilidad de mirar hacia España, que aunque también está cerrando sus propias puertas, todavía ofrece algunas vías para venezolanos con vínculos familiares o con opciones para un visado de nómada digital o de estudiante. Pero no todos tienen los recursos para reubicarse en otro país, para esperar dos años sin papeles por una residencia, algunos tampoco tienen la energía para empezar de cero por tercera o cuarta vez en un lugar diferente. Y entonces Venezuela, con todo lo que eso implica, se convierte en el destino por descarte.
Lo que hace especialmente duro todo esto es que muchos de los que están regresando son personas que salieron de Venezuela precisamente porque allá no había futuro, que construyeron una vida en Estados Unidos con un esfuerzo enorme, y que ahora tienen que deshacer todo eso sin haber tomado esa decisión libremente. No es un regreso con maleta llena de experiencia y ganas de aportar. Es un regreso forzado, quizás más forzado que su salida, con la frustración de quien siente que el mundo le cerró todas las puertas al mismo tiempo.
Y mientras esto ocurre, el debate público sigue hablando de cifras de retorno y de gente que está volviendo como si fueran una señal de que Venezuela está mejorando. No confundamos las dos cosas. Que la gente regrese no significa que haya algo mejor esperándola. A veces significa simplemente que ya no había ningún otro lugar dispuesto a recibirla. Y esa es una distinción que le debemos a quienes están viviendo esto.
Delays don't fix the underlying problem: ICE is trying to open a massive detention center in a community that doesn’t want it & isn’t equipped to handle it.
The building was designed to be a warehouse, not a prison. @SecMullinDHS should scrap this unsafe & unnecessary project immediately.
https://t.co/LROz1f9rGv
Trump has fired 100+ immigration judges, replaced them w/ "deportation judges," ordered courts to stop granting bond & is pressuring judges to rule against immigrants. The result: immigration courts have become extensions of his mass deportation campaign https://t.co/LBpdzfw8vf
Two doctors serving their communities, saving lives. They came legally. Even under new management, Trump’s DHS is going after good people, not “the worst of the worst."
🇺🇸 El caso ha sido interpretado por colegas y organizaciones como un ejemplo de cómo las políticas migratorias actuales aún afectan a profesionales que cumplen con los requisitos legales
🔗 https://t.co/EZxiYr6L07