Cada elección responde quién gobierna. La siguiente pregunta es cómo seguimos viviendo y trabajando juntos para resolver los problemas de Colombia.
Gracias por acompañarnos. Escucharemos más. Lo haremos mejor.
Antonio Caballero no era un columnista sino un profeta:
PETRO: TEORÍA Y PRÁCTICA.
Por Antonio Caballero, Antonio Caballero
19 de mayo de 2018
Lo malo del candidato presidencial Gustavo Petro no es su programa, que es probablemente el más atractivo –o el que a mí más me atrae– aunque no el más serio: es un programa para cuarenta años de gobierno, y lo único que han tenido de bueno los gobiernos en Colombia es que por lo general han durado poco tiempo. Los más largos –el de Santos, el de Uribe, o el de Núñez por interpuestas personas en el siglo XIX– han sido más dañinos. Lo que no me gusta de Petro es su manera de ser. Petro es Petro. Y eso es lo malo que tiene Petro, un político megalómano que de sí mismo habla en una admirativa y mayestática tercera persona.
Lo malo de Petro no es su teoría: sino su práctica. La que le conocimos en sus años de alcalde de Bogotá, de ineptitud y de rencor, de caprichos despóticos y de autosatisfacción desmesurada. Su arrogancia, su prepotencia. Su personalidad paranoica de caudillo providencial, mesiánico, señalado por el Destino para salvar no solo al pueblo de Colombia de sus corruptas clases dominantes sino al planeta Tierra de su destrucción y a la especie humana de su extinción. Sus iniciativas de gobierno, que no eran populistas, como dicen, sino simplemente demagógicas: el arbitrario cierre de la plaza de toros bajo pretextos caricaturescos de “lucha de estratos” entre ricos y pobres; la compra de los inservibles camiones de basuras de segunda mano sin licitación ni consulta. Casi no lo conozco personalmente, pese a haber tenido durante tres años bajo su alcaldía un programa de televisión en Canal Capital; pero sé de su incapacidad para tener o conservar amigos: lo han denunciado como tramposo y desleal sus compañeros del M-19 (Antonio Navarro, Daniel García Peña), y los del Polo Democrático (Carlos Gaviria, Jorge Robledo, Clara López), que se sintieron todos engañados por él en su voraz ambición personalista. Reclamándose del pueblo, por supuesto, como es lo propio de los demagogos.
Fue, eso sí, un gran parlamentario, que hizo en el Senado magníficos debates de denuncia y de control político. Sabe hablar. Por eso es también el más hábil y el mejor de los candidatos en los debates televisados, tanto en las respuestas como en las propuestas. Pero es que encarnadas en su persona no creo en esas propuestas: no me parece que Gustavo Petro sea una buena persona, sincera y franca. Más bien lo veo como una mala persona, aunque se haya engalanado –de raponazo– con el indecente autoelogio de proclamar que sus candidatos al Congreso representan “la decencia”. No le creo ni “el amor” de que tanto habla. Ni “el saber” que pretende transmitir. Ni “la humanidad” que campea en los nombres de sus campañas. Todo eso me parece ficticio e impostado. Petro no inspira confianza.
Lo hizo mártir el procurador Ordóñez al destituirlo arbitrariamente de la alcaldía: un fanático a cuya elección por el Congreso él mismo había contribuido persuadiendo a sus colegas del Polo de que votar por tan conspicuo representante de la extrema derecha demostraba que el Polo no era de izquierda. Y en su caso personal es cierto que no lo era: aunque se pretenda de izquierda, Petro tiene un temperamento autoritario, inocultablemente de derechas, inspirado en el “cesarismo democrático” que inventó un intelectual lagarto en Venezuela para justificar la larga tiranía de Juan Vicente Gómez, y que copiaron luego Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en nombre, por supuesto, del pueblo. Y así lo confirma su anunciada convocatoria de una Asamblea Constituyente si gana las elecciones. Como las que han convocado todos los aspirantes a dictadores que ha tenido Colombia: Bolívar, Mosquera, Núñez, Reyes, Gómez, Rojas. Porque Petro gusta de equipararse con los mártires: en sus discursos del balcón de la alcaldía se comparaba con Sucre, Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán; y ahora clama en las plazas: “Todo candidato que no es de la clase política tradicional ha sido asesinado. No hay excepciones”. Pero se parece más a su tocayo el general Gustavo Rojas Pinilla, golpista dictador y jefe de la Anapo, de cuya pintoresca y demagógica “dialéctica de la yuca” copia su propia “dialéctica del aguacate”.
Me sucede a mí con Petro lo mismo que le pasaba hace un siglo largo a don Miguel Antonio Caro, que lo resumía así: “De los liberales me apartan las ideas. Y de los conservadores las personas”.
Iba a decir que lo RTVC es el símbolo de la degradación moral del gobierno Petro, pero luego me acordé de lo de Juliana Guerrero y después pensé en lo de la UNGRD y luego lo del niño Kevin y también la forma en que trataron el asesinato de Miguel y después recordé todo lo de la compra de congresistas y la sarta de mentiras habituales del presidente y luego la participación en campañas políticas con recursos de MinSalud y entonces me cansé de hacer la lista.
Ha sido un gobierno malo e inescrupuloso que no merece continuidad.
El problema no es solo “cuánto sube el salario mínimo”. El problema es quiénes pueden ganarlo.
Hoy: 1 de cada 10.
Nuestro objetivo: 3 de cada 10.
Eso se logra haciendo equipo con las pequeñas empresas, no castigando la formalidad. Y eso vamos a liderarlo en #LaGranConsulta.
Menú de fin de año: Asamblea Constituyente+emergencia económica + endeudamiento a tasas de interés desproporcionadas de la deuda pública + aumento desbordado del salario mínimo. Nada raro. Hace rato que este gobierno tiró al mar las llaves de la concertación y de la construcción de acuerdos. Ni siquiera los sindicatos que representan a trabajadores formales pidieron un alza de esas proporciones. Las consecuencias se verán y pagarán más tarde, y Petro, por supuesto, no estará para responder.
Seguro que millones de hogares que dependen de un salario mínimo mejorarán su calidad de vida pero no todo es fiesta. Los informales y desempleados tendrán más dificultades encontrando empleos decentes, las micro y pequeñas empresas se verán duramente golpeadas. El gasto público aumentará en varios billones de pesos sobre un déficit fiscal ya desproporcionado y alguien tendrá que pagarlo.
Ya conocemos la siguiente escena: cuando los jueces cuestionen una decisión improvisada, cuando el Banco de la República se vea obligado a encarecer los créditos y el próximo Gobierno deba apretarse el cinturón, la culpa será de ellos que "no lo dejaron", no de su irresponsabilidad.
No caigamos en la trampa. Si queremos mejorar realmente los ingresos de todos los colombianos, solo hay una solución y es política. Se aumenta la polarización de los extremos o Adelante con Fajardo. Cada día crece la Nueva Mayoría por fuera de los extremos.
Benedetti ahora vinculado al escándalo de “Papá Pitufo”. ¿Les va quedando claro todo lo que sabe? Peor aún, ¿todo lo que hizo?
No hubo cambio porque lo primero que debe cambiar es la forma de hacer política. Como se llega al poder, se gobierna.
Hoy a pocas horas del impacto casi simultáneo de Kirk y Milton, se publica uno de los trabajos académicos de la década, firman algunos de los mejores científicos vivos que tenemos, y dicen:
"Estamos al borde de un desastre climático irreversible". 🧵
https://t.co/5HshAe8ntp
Presidente, la verdad en el debate público, el respeto a los hechos y la honradez intelectual son una virtud republicana imprescindible. Ud. está incurriendo en varias falacias, mentiras e imprecisiones. Explico.
“Pides más dinero,” dice Ud. en su mensaje. Pareciera que Ud. ha estado desconectado del debate durante estos últimos días. Ayer su ministro de salud reconoció ante la Corte Constitucional que la UPC no alcanza. Hace unas semanas, Aldo Cadena, entonces presidente de la Nueva EPS, hizo la misma afirmación. El ministerio de hacienda, en el informe sobre el impacto fiscal de la reforma a la salud, pidió también más recursos. Dijo incluso que había que recortar el gasto de otros sectores para financiar la reforma y los mayores gastos del sistema. No solo lo pido yo, lo pide también su gobierno.
Yo he pedido también sensatez. Una conversación seria (esto no se trata de pescaditos de oro, ni de metáforas manidas, sino de la vida de los colombianos) sobre el financiamiento del sistema. Hay una constante en el mundo: los sistemas de salud tienen costos crecientes, necesitan más dinero dado el envejecimiento de la población, las nuevas tecnologías y las demandas de la sociedad. Ud. evade esa realidad compleja y habla simplemente de negociantes sedientes de dinero. La ideología extrema es una forma de ignorancia.
Repite Ud. que 363.000 personas murieron por culpa del sistema de salud. Miente nuevamente. Salubristas, epidemiólogos y académicos de muchas universidades (Ud. habla de la sociedad del conocimiento, pero desprecia a los expertos) han reiterado que Ud. está incurriendo en una interpretación falaz y que está al mismo tiempo ignorando la mejoría no solo del indicador de muertes potencialmente evitables, sino de todos los indicadores de salud pública durante los últimos años. La reiteración de una falacia no la hace verdadera.
Otra aclaración: La Nueva EPS no se creó después de la liquidación de Medimás, sino después de la liquidación del Seguro Social, por entonces la empresa más corrupta de Colombia. Siempre he reconocido que han existido malas EPS. Promoví la depuración con los problemas conocidos. Pero lo que su gobierno está haciendo es otra cosa, es la destrucción del sistema de salud con consecuencias previsibles: muchas vidas perdidas y paradójicamente mucha mayor corrupción. No quisiera ser fatalista, pero el manejo de la salud será uno de los grandes fracasos de su gobierno. No sobra insistir en que nunca es tarde para corregir el rumbo.
https://t.co/8Ciy7Ihj5R
@maaleejiss Pon una queja en la SIC por medio de la página web y verás cómo “escalan” el caso de rápido. A mí me pasó y en una hora me devolvieron el dinero.