Tengo el gusto de compartirles la publicación actualizada de mi libro: “Manual de Derecho Procesal Constitucional” (3a. edición). Gracias otra vez Porrúa @libreriaporrua y Universidad Anáhuac México @anahuac por su confianza reiterada.
@recuerdosdetv@Memorabilia_Urb@eveyhugo96 A mi también. En los mejores momentos hasta $1 peso, y mira que alcanzaba. Mi raspado de ciruela favorito coronado con “La Lechera”: 1 tostón (ya se metió una cascarita a mi ojo).
Muy relevante esta tesis que conforme al principio "pro actione" limita la aplicación de la prohibición de efectos generales en amparos contra normas generales: https://t.co/ly499tKOB5.
Traigo una buena noticia: mi libro De la jurisprudencia al precedente ¡ya disponible en línea! y en Acceso abierto @IIJUNAM@ENID_IIJ 📷 📷 #FelizFinDeSemana https://t.co/H6O1wWu9v4
Presidenta @Claudiashein, apenas regresé a casa, al lugar que nunca debió convertirse en punto de partida para salir a buscar a mi hijo. Pero quiero decir algo sobre lo que dijo de nosotras ayer en la mañanera:
Le pido que no deje que las autoridades se distraigan investigando cómo le hicimos para ir a la CDMX, yo le digo:
Llegamos de la misma forma que llegamos a cada búsqueda: con los pesos contados, cansadas, con hambre, rezando y sin saber si comeremos. Pero ahí estábamos, luchando como cada día.
Ahora que lo sabe, pídale a la Fiscalía por favor, que en lugar de perder tiempo para saber cómo llegamos, se pongan a investigar cómo se fueron nuestros hijos.
En estos días en que la patria se envuelve en luces y clamores de júbilo, no he entregado mi ánimo por entero al canto de la fiesta.
No lo hago movido por rencor alguno, ni por vana pretensión de superioridad sobre los demás.
Lo hago porque un peso gravísimo oprime mi conciencia y no me permite cerrar los ojos mientras más de ciento treinta mil ausencias siguen latiendo, mudas y dolorosas, en las sombras.
No condeno a quienes hallan en el juego un breve respiro, un hilo de alegría común o un consuelo compartido en la adversidad. Cada corazón arrastra su propio duelo y busca, según su naturaleza, la forma de respirar.
Ni soy guardián de las alegrías ajenas, ni me arrogo el derecho de dictar cómo deben celebrarse los días de los hombres.
Sin embargo, algo se resiste en lo más profundo de mi ser: la facilidad con que una celebración colectiva tiende un velo luminoso sobre aquello que preferimos no mirar.
No se trata de apagar las antorchas de la fiesta, ni de convertir cada grito de triunfo en lamento.
Se trata de no permitir que el estruendo de la multitud ahogue por completo el eco tenue de quienes aún buscan, con linternas temblorosas, entre la tierra removida, las morgues silenciosas y la noche sin fin.
La indiferencia, oh ciudadanos, rara vez se presenta con el rostro torvo del desprecio. Con mayor frecuencia se acerca con voz suave y persuasiva: “Ahora no es el momento”, “dejemos que el pueblo disfrute”, “ya habrá tiempo después para el dolor”. Y es precisamente esa dulzura engañosa la que más debe inquietarnos; porque cuando el sufrimiento de los hermanos se convierte en algo que puede postergarse hasta que termine el espectáculo, entonces algo esencial de nuestra humanidad comienza a disiparse, como niebla al primer rayo del sol.
No pretendo que todos carguen el mismo peso que yo llevo. Solo sé, y lo afirmo con la libertad del hombre de bien, que en mi caso no quiero ser cómplice de esa normalización silenciosa que todo lo borra.
Prefiero soportar la incomodidad de recordar que, mientras muchos se entregan al regocijo, hay madres y padres que caminan aún con lámparas frágiles, hijos que ya no regresan y ausencias que ninguna victoria ni ningún clamor ha logrado sepultar.
Si algún día llega el juicio —ya sea el de los hombres o el de los dioses—, prefiero poder presentarme y decir con la frente alta: que no elegí la comodidad de apartar la mirada; que intenté, aunque fuera con voz pequeña y temblorosa en medio del estrépito, que el dolor de los otros no se volviera invisible solo porque afuera resonaba la fiesta.
No es esta una postura contra nadie.
Es, simplemente, una manera de no olvidar
#MT
#RefundarLaRepública
@willmourds Si, en términos de la Ley Federal de Radio y Televisión (México) de 1960 y su Reglamento todas las empresas concesionarias estaban obligadas a trasmitir el himno nacional a la apertura y el cierre de programación. Esta legislación estuvo vigente hasta 2014, ahora, lo desconozco.
Dentro del programa de educación continua de nuestra Maestría en Derecho Constitucional y Procesal Constitucional de la @BuoUniversidad, hoy recibimos al Dr. @RomanLazcano quien nos habló sobre el litigio constitucional y convencional sobre la reducción de pensiones de personas mayores.
@CarlosArteagaTo@EMILIAMDLAP Válgame, laboré muchos años en la Administración Pública -como directora de áreas jurídicas- y no pude desarrollar esa habilidad (saber de memoria las atribuciones de las autoridades responsables), pensaba que para eso eran las leyes y reglamentos.