🇳🇴 ESTA HISTORIA EMPEZÓ ANTES DE QUE ÉL NACIERA.
En 1997, un mediocampista noruego llamado Alf-Inge Haaland se paró frente al Brasil de Ronaldo, Romário y Roberto Carlos, y ayudó a vencerlo. Poco después, una rodilla rota le apagó la carrera antes de tiempo. Se volvió a casa, a Bryne, un pueblo de tractores y lluvia, cargando un fútbol inconcluso.
Tres años después nació su hijo. Le pusieron Erling.
El niño creció en ese pueblo donde no pasaba nada, pateando contra el viento del Mar del Norte, escuchando historias de un país que alguna vez había mirado de frente a los gigantes. Noruega no jugaba un Mundial desde 1998: Erling esperó el suyo, literalmente, toda la vida.
Se fabricó a sí mismo con una disciplina de monje: comía, dormía y entrenaba como un profesional desde antes de serlo. Lo llamaron robot, androide, máquina. Se equivocaron de palabra: las máquinas no heredan deudas.
Anoche, en Nueva Jersey, la saldó. Un cabezazo y un zurdazo letal para tumbar a Brasil, meter a Noruega entre los ocho mejores del mundo y firmar siete goles en el torneo. Ya integra un club de leyenda: es apenas el sexto hombre en la historia —el primero en 53 años— en llegar a 50 goles con su selección en menos de 50 partidos. Los otros cinco incluyen a Puskás, a Gerd Müller y a Pelé.
Contra Brasil, como el padre. Por el padre. El fútbol le debía un final a los Haaland y tardó veintinueve años en pagarlo.
Los vikingos ya pueden remar tranquilos: el cuento quedó completo. 🇳🇴⚡
Gracias, ministro @PalmaEdwin, por darnos la razón cuando advertimos que cualquier decisión sobre el futuro de Air-e Intervenida requiere análisis y estudios técnicos, jurídicos y financieros, y por admitir que estos no se alcanzarán a definir en lo que resta del actual Gobierno.
Más que ataques personales y sin fundamento, el país espera respuestas concretas: ¿por qué no se han pagado las deudas de Air-e Intervenida? ¿Por qué se obliga incomprensiblemente a los generadores a vender energía a la empresa intervenida sin que tengan garantía de pago, permitiendo el crecimiento de las obligaciones y trasladándole a las empresas la responsabilidad que es del gobierno? ¿Por qué nunca se presentó un plan integral de intervención?
Usted fue agente interventor de Air-e antes de asumir el Ministerio de Minas y Energía. Por ello, conoce de primera mano la magnitud de esta crisis y sus implicaciones y tiene una responsabilidad directa en la búsqueda de soluciones.
Desde septiembre de 2024, fecha de inicio de la intervención por parte del Gobierno, la deuda de Air-e pasó de cerca de $500 mil millones a $2,7 billones con generadores, transmisores y otros agentes del mercado, poniendo hoy en riesgo la estabilidad del sistema eléctrico nacional.
La @CGR_Colombia ha advertido sobre una caída del patrimonio de la empresa del 80%, una cartera morosa superior a $6 billones y una creciente dependencia de recursos públicos para garantizar la operación. Y la @PGN_COL ha cuestionado los continuos cambios de agentes interventores, la ausencia de información financiera consolidada y las presuntas irregularidades contractuales.
Aún tiene tiempo para actuar. La prioridad debe ser el pago de las deudas acumuladas, especialmente con las generadoras térmicas, fundamentales para la seguridad energética del país ante la llegada del fenómeno de El Niño.
También lo invitamos a revisar nuestra propuesta de un nuevo modelo de prestación del servicio en Atlántico, Magdalena y La Guajira. Porque, sin resolver los problemas estructurales del mercado, cualquier esquema de empresa, pública o privada, fracasará.
@IntergremialAtl@IntergremialMag@Camarabaq@CamComercioSM@ccguajira@ANDI_Atlantico
Mientras los mejores amigos de Cepeda (las FARC) volaron el oleoducto Caño Limón-Coveñas más de 1.500 veces en ~33 años, derramando ~3,7 millones de barriles de crudo y contaminando ríos, suelos y comunidades enteras (Catatumbo, Arauca, etc.), la izquierda calla o justifica “resistencia”.
Pero contra el #Fracking —una actividad legal, regulada y con estudios de impacto— montan campañas de terror ambiental. Doble moral pura 🤷🏻♂️
Sus afirmaciones carecen de fundamento técnico y regulatorio.
La estructura tarifaria de la energía eléctrica en Colombia está definida por el Costo Unitario de Prestación del Servicio (CU), regulado por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG):
Generación (G): ~30%
Transmisión (T): ~7%
Distribución (D): ~40%
Comercialización (C): ~13%
Pérdidas (PR): ~7%
Restricciones (R): ~3%
La CREG establece resoluciones específicas —como las Resoluciones CREG 119 de 2007, 015 de 2018 y 180, entre otras— que definen los costos reconocidos por componente, incluidos los asociados a la distribución (D) y a la comercialización (C).
Las empresas no fijan las tarifas de manera arbitraria, ya sean privadas o públicas. La CREG aprueba las fórmulas tarifarias, con una vigencia típica de cinco años, reconoce costos eficientes y establece criterios de remuneración regulada.
Melo y Espinosa (2005) encontraron diferencias significativas en la eficiencia técnica entre las empresas distribuidoras de energía en Colombia durante el período 1999-2003, con un potencial de mejora que evidencia la importancia de una gestión eficiente en contextos regulados.
Asimismo, Andrés et al., del Banco Mundial, analizaron 116 empresas distribuidoras privatizadas en diez países de América Latina y concluyeron que la privatización generó mejoras significativas en la productividad laboral, la eficiencia operativa y la calidad del servicio.
En la misma línea, estudios de ESMAP/Banco Mundial han documentado que la participación privada en la distribución eléctrica en América Latina y el Caribe ha contribuido a mejoras sustanciales en la productividad laboral, la reducción de las pérdidas y la modernización de las redes, en comparación con los modelos públicos tradicionales.
Un ejemplo claro es Codensa (actualmente Enel Colombia), que tras su privatización/capitalización en 1997 redujo significativamente sus pérdidas de energía, pasando de niveles cercanos al 24% a menos del 10% en los primeros años y alcanzando valores inferiores al 8% posteriormente, junto con una notable expansión del número de clientes y de la cobertura del servicio.
Por tanto, afirmar que la privatización de las empresas de distribución y comercialización de energía genera aumentos tarifarios drásticos ignora el mecanismo regulatorio vigente y los resultados de la literatura académica. Al contrario, las privatizaciones tienden a aumentar la eficiencia operativa, lo que puede traducirse en una reducción de las tarifas a mediano plazo.
Referencias:
Melo Becerra, L. A., & Espinosa, N. (2005). Ineficiencia en la distribución de energía eléctrica: Una aplicación de las funciones de distancia estocástica (Borradores de Economía No. 321). Banco de la República.
Andrés, L., Guasch, J. L., & Straub, S. (s.f.). The impact of privatization on the performance of the infrastructure sector: The case of electricity distribution in Latin American countries. The World Bank.
Energy Sector Management Assistance Program (ESMAP). (2005). Study on investment and private sector participation in power distribution in Latin America and the Caribbean region. The World Bank.
Estoy al lado de José Manuel porque lo conozco.
Y cuando digo que lo conozco, no hablo del ministro, ni del rector, ni del profesor, ni del hombre público.
Hablo de la persona.
Lo conozco desde que teníamos cinco o seis años. Desde el siglo pasado. Desde hace medio siglo.
Lo conocí mucho antes de los cargos, de los reconocimientos, de las entrevistas y de las fotografías oficiales. Lo conocí cuando ninguno de los dos tenía idea de lo que iba a hacer con su vida.
Y puedo contar algo que seguramente me va a costar un reclamo, de niños aprendimos a bailar juntos. Bueno… para mi defensa, yo sí aprendí. José Manuel estaba estudiando y faltaba a las clases de baile. Ahí falló.
Pero si algo he aprendido durante estos cincuenta años es que hay personas cuya esencia no cambia. Cambian las circunstancias, las responsabilidades, las canas y las arrugas. Pero no cambia lo fundamental.
Vivimos una época extraña. Una época en la que muchas personas creen conocer a alguien por un titular, una entrevista, una publicación o un video de treinta segundos.
Yo tuve otra fortuna.
Lo conocí cuando era un niño.
Lo he visto crecer, lo he visto estudiar, lo he visto asumir responsabilidades, lo he visto equivocarse y corregir. Lo he visto enfrentar momentos fáciles y momentos difíciles.
Durante medio siglo.
Por eso mi compañía no nace de cálculos, ni de conveniencias, ni de cuentas políticas.
Nace de algo mucho más simple.
Nace de saber quién es.
Porque los cargos se ocupan. La reputación se construye. Pero el carácter solo lo revela el tiempo.
Y cincuenta años dan para conocer el carácter de una persona.
@RestrepoJCamilo@tways El problema es que las térmicas del Caribe no tienen caja para comprar gas que deben pagar de contado porque el gobierno no les paga los $2 billones de pesos que les debe Aire Intervenida. A los hidroeléctricas les tocará comprar energía en bolsa para cumplirle a sus clientes
@ExtraNoticiasCo Ahora se rasga las vestiduras @PalmaEdwin cuando ha ignorado las advertencias hechas desde meses atrás sobre la amenaza de un apagón. Y pretende resolver la emergencia con regulaciones y no con pagar los $2.5 billones que le debe Aire a generadores y transmisores.
En el aniversario 213 de Barranquilla, quiero desearle…
🚎 🚍 Que TODOS los buses paren en paraderos, para que la movilidad se organice. Así como los de @transmetrobaq
Feliz cumpleaños querida mía 💜
📣 Todo lo que se les advirtió, está pasando
1️⃣ Si no se preocupaban por el déficit y la regla fiscal, las tasas subirían al 14%.
Hoy estamos pagando 14%.
2️⃣ Que con salarios mínimos e incertidumbre, la inflación se iba a desanclar. Todos los países pares están hsce tres años entre 2% y 4%.
Nosotros no bajamos del 5% y vamos rumbo al 6%.
3️⃣ Que gastar sin pensar en cuidar la inversión, el PIB solo tendría una mejora parcial hasta que se acabara la plata. Se acabó en dos años y ni siquiera llegamos al 3%.
4️⃣ Que el petróleo seguiría siendo un negocio que podía ayudar al país.
Hoy, con petróleo a USD 100, solo producimos lo que da Permian, que tampoco les gusta.
🙃 Pero por alguna extraña razón, los que no entendemos economía somos nosotros.
Iba a decir que lo RTVC es el símbolo de la degradación moral del gobierno Petro, pero luego me acordé de lo de Juliana Guerrero y después pensé en lo de la UNGRD y luego lo del niño Kevin y también la forma en que trataron el asesinato de Miguel y después recordé todo lo de la compra de congresistas y la sarta de mentiras habituales del presidente y luego la participación en campañas políticas con recursos de MinSalud y entonces me cansé de hacer la lista.
Ha sido un gobierno malo e inescrupuloso que no merece continuidad.
Lo más fácil para Oviedo habría sido ir por la alcaldía de Bogotá, pero eligió el desafío mayor: apostarle a ser el líder que puede poner a dialogar a todos los sectores en un país altamente polarizado, abriendo conversaciones improbables y buscando lo mejor de cada uno aún cuando a la mayoría de ciudadanos en este momento les resulte más cómodo y emocionante habitar la política desde un bando que le declara la guerra al otro. Al mejor estilo Mockus.
¿Es rentable electoralmente apuntarle al milagro de la reconciliación, de la cooperación y de la acción colectiva en esta Colombia dividida? ¿Será posible que Oviedo, con su personalidad única y su generosidad y alegría características, pueda ablandar las barreras que impiden la conversación entre el uribismo y el petrismo?
El verdadero cambio en este país se va a dar cuando emerjan líderes que le apuesten de manera decidida a la cooperación entre todos los sectores sociales, en lugar de profundizar la división entre ellos.
La decisión de Oviedo en este contexto me parece increíblemente corajuda y valiente. Qué maravillosa tarea la que tiene.
Fajardo: cuando perder es cuestión de método
Por: @PabloMuneraU
Hay personas que aran y aran, pero nunca cosechan; algunas, que entre más oyen, menos escuchan; y, otras, que entre más conocen, menos comprenden. Todo lo anterior ha pasado con Sergio Fajardo en su intención de ser presidente en la última década. Perder se le ha vuelto cuestión de método, porque ha elegido los caminos equivocados.
@sergio_fajardo no entiende –excusen el uso reiterativo que haré del término– que la Medellín que gobernó ayer no es la misma de hoy; y que Colombia no es igual a la Antioquia que administró. Por eso no debe hacer campaña de la misma manera ni pretender gobernar de la misma forma.
Sergio vive fuera de tiempo y de lugar, en una desconexión tremenda con la realidad. Instalado en el pasado, no puede pretender liderar el futuro de los colombianos con claridad.
Se nota en sus discursos, entrevistas y conversaciones. Son sosas, aburridoras; con respuestas, aunque honestas, prefabricadas. Sus salidas en redes son forzadas: no se parecen a él. Y no es solo cuestión de forma –como cree la mayoría– sino también de fondo.
No ha entendido –o por lo menos no ha incorporado en su propuesta de gobierno– que la prioridad de este país es combatir la desigualdad social y la exclusión, como lo han reconocido hasta dirigentes empresariales representativos del establecimiento, como Juan Carlos Mora, presidente de Bancolombia, en una entrevista reciente en A Fondo con María Jimena Duzán.
Al contrario, y so pretexto de que, según algunas encuestas, es la principal preocupación de los colombianos, su apuesta bandera es por la seguridad y el orden público, como aparece literalmente en los dos primeros banners de su sitio web: “Recuperar la fuerza pública será la prioridad de mi gobierno. Sólo con una fuerza pública sólida reconstruiremos este país”. Y acto seguido, en el tercer y último banner, un apéndice: “Acabaré con la impunidad de los corruptos”.
¿Cómo es posible combinar esto? Con todo lo que ha andado y gobernado, no se ha dado cuenta de que la corrupción en las fuerzas públicas es endémica y de las más difíciles de erradicar. Tampoco entiende Fajardo que buena parte de la plata gastada en milicia se pierde, por corrupción o porque la relación costo-beneficio es mínima; que es casi siempre un gasto y casi nunca una inversión.
Igualmente propone, como garante de la tranquilidad y de la paz, un Estado fuerte soportado en una fuerza pública sólida. No comprende que mientras no se erradiquen las causas de la violencia y se combata, a fondo, la desigualdad, no habrá fuerza pública que valga. Salvo que instaure un régimen autocrático, de miedo y terror, como el de Bukele en El Salvador, que funciona a corto plazo, pero que es una bomba de tiempo social y el germen de una violencia más atroz.
Pero, aún si cree que la seguridad es la prioridad, y que la inseguridad es más causa que síntoma de nuestros males mayores –la desigualdad, la corrupción y la polarización–, Fajardo no asimila que esta es una bandera que nunca le podrá quitar a la derecha. Será al Centro Democrático, que ahora posa como moderado, o del ultra de De la Espriella, que promete un “ejército democrático” y “destirpar” a la izquierda radical para agradar a la derecha reaccionaria, con la que se identifica, así una parte sea paramilitar y corrupta.
La seguridad tampoco ha sido el fuerte de Fajardo. Aunque son falsas las acusaciones que le hacen de consentir la “donbernabilidad” en Medellín –término utilizado en alusión al control paramilitar que alias "Don Berna" ejerció en la ciudad–, tampoco es cierto que el manejo de su gobierno de la reinserción haya sido ejemplar y transparente, como presume. La historia ha probado que no hubo soluciones estructurales desde su Oficina de Paz y Reconciliación, y por eso la mayoría de reinsertados terminaron reciclándose en otras estructuras delincuenciales.
Esto le debería servir de lección para entender que los problemas de seguridad no son fáciles de solucionar a través de la fuerza estatal, y menos cuando se enfrenta a estructuras delincuenciales transnacionales como las que ahora operan en el país. La estrategia debe ser más preventiva que curativa, sin renunciar a la fuerza, cuando corresponde.
Lo paradójico es que, como alcalde y gobernador, Fajardo se caracterizó y destacó, además de su apuesta por la educación y su lucha contra la corrupción, por la inversión en urbanismo social y sus políticas de dignidad, equidad e inclusión. ¿Por qué cambia ahora estas banderas por las de la seguridad? La mejor forma de no traicionar a los demás es no traicionarse: gane o pierda con las suyas.
No creo que el clamor colombiano en las encuestas sea la principal razón. Intuyo que pretende ahora ganarse el favor –y los votos– de la poca derecha a la que le fastidia De la Espriella, que tampoco es suficiente para ganar. Sigue sin entender Fajardo que su principal enemigo ha sido la derecha y no la izquierda ni el petrismo al que se ha dedicado a satanizar en esta campaña.
La derecha, que va a regresar al poder después de haberlo perdido por primera vez en 200 años de hegemonía, es la menos afanada en alternarlo y la más interesada en perpetuarse. Para ellos, Fajardo representa su principal amenaza porque no lo pueden convertir, como a Petro o a Cepeda, en el coco: en el fantasma socialista.
No entiende Fajardo que, aunque la mayoría de colombianos se identifican hace años con el centro político –como lo refleja la encuesta de Cifras y Conceptos publicada el diciembre pasado con un 45%– no encuentran un partido ni un candidato que los represente para votar por él.
El problema no es solo ni principalmente de fragmentación y desorganización electoral, como lo interpreta César Caballero, presidente de Cifras y Conceptos. El asunto, insisto, es de más fondo: no existe un proyecto ni una ideología de centro, que se defina más por lo que es y no tanto por lo que no es, para poder diferenciarse claramente de la izquierda y la derecha.
Se necesita, entonces, una ideología y un proyecto político propio del centro, como lo he expuesto en otras columnas en este medio y lo he tratado personalmente con el propio Sergio.
Un proyecto que incluya, entre otras, ideas y propuestas como el privilegio del diálogo sobre la fuerza en los conflictos –contrario a la apuesta actual de Fajardo–; el fortalecimiento de la clase media para reducir las desigualdades; el fomento del llamado capitalismo consciente, de economías solidarias y de nuevas economías, como las del deporte y el entretenimiento, para hacerle frente a las amenazas de la IA, a la avaricia del capitalismo financiero y a los subsidios paternalistas de los populistas.
Fajardo tiene una gran capacidad de entendimiento, como ha quedado demostrado en su éxito profesional y como gobernante. No obstante, como nos pasa a todos, ha caído en algunas trampas de la comprensión, sesgadas y cegadas por el ego. Una de ellas es no entender que hay cosas que uno no entiende, y la otra es no entender por qué los demás no entienden.
Cuando se cae en esas trampas, culpamos a los otros de nuestros fracasos y perdemos pragmatismo. A Fajardo le está pasando algo similar que lo sucedido con su amigo y copartidario Jorge Robledo cuando aspiró a la presidencia y a la alcaldía de Bogotá. Robledo tenía claro que la mayoría de los colombianos somos políticamente incultos –en lo que estoy de acuerdo– pero su discurso era refinado –en esto se diferencia de Fajardo–, para unas minorías que lo entendían y lo votaban, pero insuficientes para ganar. Pensaron como nunca y perdieron como siempre.
Así es Fajardo, prefiere tener la razón a ganar, y no es que lo deba hacer a cualquier precio. Si escuchara y aceptara los límites de su entendimiento, ganaría mucho. Pero no lo va a hacer, y los fajardistas que lo rodean, muchos de ellos amigos míos, no le ayudan, porque son, en buena parte, muy parecidos a él: un círculo cerrado del mutuo elogio y sensibles a la crítica, que se consuela inculpando a los demás de sus derrotas.
Fajardo debe entender que la superioridad moral e intelectual no se decretan, ni con títulos de doctorado: se demuestran en la cancha, en este caso, ganando, como lo hizo en Medellín y Antioquia, pero con otra estrategia, porque el terreno y la tribuna son diferentes.
Nunca en sus aspiraciones a la presidencia ha tenido mejores condiciones para ganar. Por una parte, hay un país que hará “lo que sea” para que no repita la izquierda; por otro lado, un candidato de derecha que genera zozobra como Abelardo De la Espriella, y otra sin suficiente ascendencia y respaldo en su partido como Paloma Valencia.
La próxima presidencia de Colombia se definirá en primera vuelta, porque si hay segunda –que hoy creo posible–, no será sino para refrendar la derrota de la izquierda. Lamentable que, por falta de humildad, entendimiento y conexión, un tipo decente y buen gestor como Fajardo –a quien he apoyado y votado–, nos deje al garete de un patán como De la Espriella.
Si quiere acabar con la impunidad y los corruptos, que empiece por derrotar a “El Tigre”, antes de que nos coma vivos.
Después de que medios reportaron la captura de Álex Saab, volvió a viralizarse en redes su relación con De la Espriella.
La desmarcada por parte del candidato presidencial no encaja del todo con la secuencia de hechos públicos alrededor del presunto testaferro de Maduro.
Va 🧵
¿En serio, Abelardo?
Por: @danysernam
En mi círculo —ese grupo que tiene acceso a mucha información y que, por eso mismo, debería ser más exigente—, @ABDELAESPRIELLA se ha convertido con sorprendente rapidez en el candidato preferido. Lo mencionan con entusiasmo, casi con alivio: “por fin alguien que habla claro”, “por fin alguien que no se calla”, “por fin alguien que enfrenta”. Y cada vez que lo escucho, surge en mí una pregunta honesta y necesaria: ¿de verdad, Abelardo?
No lo pregunto desde una posición ideológica ni desde un análisis detallado de su programa económico —que muchos de sus simpatizantes ni siquiera han leído—. Lo pregunto desde algo más básico y esencial: ¿qué tipo de liderazgo estamos dispuestos a normalizar para un país que ya está tan fracturado? Porque Colombia no necesita solo a alguien que administre. Necesita a alguien que sepa contener, que entienda la democracia como un espacio de convivencia y que valore el disenso como parte indispensable del sistema.
Me preocupa su forma de comunicarse. No es un estilo que invite al diálogo ni que busque persuadir: tiende más a descalificar y a imponer. Hay en su discurso un tono frecuente de burla hacia quien piensa distinto, una dificultad para reconocer al otro como ciudadano legítimo y no como adversario. Y eso importa mucho. Un presidente no gobierna solo con quienes lo apoyan: gobierna también con quienes lo cuestionan, con quienes lo incomodan. La democracia no se fortalece gritando más fuerte, sino construyendo un pacto de respeto mutuo.
Me preocupa también el uso recurrente del sistema judicial como herramienta de confrontación. No es habitual —ni saludable— que un político responda a la crítica con demandas por injuria y calumnia. Según registros documentados por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), entre 2008 y 2019 Abelardo de la Espriella fue denunciante en 109 casos de este tipo, la mayoría de los cuales no prosperaron. La FLIP ha advertido que este tipo de prácticas pueden constituir formas de acoso judicial (SLAPP): demandas costosas y desgastantes cuyo efecto principal no es corregir un daño, sino presionar, silenciar y generar autocensura en el debate público. No se trata de episodios aislados, sino de un patrón que merece ser examinado con atención.
Me inquieta, además, un relato que ha circulado durante años sobre su infancia. En una entrevista conocida, Abelardo contó una anécdota en la que describía cómo ponía voladores a un gato “para ver si volaba”, y lo narraba con un tono ligero, casi como una travesura divertida. Él mismo ha dicho después que ama a los animales y que era una historia de niño, pero la forma en que la contó —sin aparente reflexión sobre el sufrimiento implícito— deja una sensación incómoda. Cuando alguien aspira a la presidencia, estos relatos no se pueden archivar como simples recuerdos: dicen algo sobre la sensibilidad hacia el dolor ajeno.
Me inquieta también su trayectoria de defensas emblemáticas. No niego el derecho de cualquier abogado a asumir casos complejos, pero hay decisiones que dibujan un mapa ético. La representación de figuras como Alex Saab —vinculado al engranaje financiero del chavismo— o David Murcia —símbolo de uno de los mayores escándalos financieros del país— no son solo episodios profesionales: son elecciones que generan preguntas legítimas sobre los límites éticos con los que alguien se mueve en el poder.
Y me preocupa, finalmente, cierta proximidad discursiva con formas de autoritarismo que hemos visto en la región, su ambigüedad frente a regímenes que han restringido libertades y su tendencia a tratar el disenso como una amenaza más que como un derecho.
Por eso me desconcierta que tantos vean en Abelardo una esperanza, no tanto por un proyecto sólido de país, sino por una emoción: la rabia acumulada, el deseo de castigo, la sed de revancha. Pero un país no se reconstruye desde la indignación desbordada ni desde la intimidación. Se reconstruye desde la templanza, la ética y la capacidad de reconocer al otro como digno de respeto.
Y esto no se reduce a Abelardo. Me genera una profunda inquietud —y rechazo— que la supuesta “alternativa” sea alguien como Iván Cepeda: un político cuya trayectoria se ha construido más sobre la permanencia en el poder que sobre transformaciones reales y visibles, más sobre un discurso constante que sobre una rendición de cuentas clara y transparente. Cepeda representa, para mí, una continuidad del estancamiento: el poder que se prolonga sin mérito evidente, sin claridad en sus resultados y sin la capacidad de generar confianza amplia en el país. Su liderazgo me parece insuficiente para enfrentar los retos que tenemos por delante.
Por eso el dilema que nos presentan es falso. No se trata de escoger entre el estruendo de uno y la opacidad del otro. Colombia merece algo mucho mejor que ambos.
Quiero cerrar con esto, porque es lo más importante y urgente: Colombia no está condenada a elegir entre extremos ruidosos ni entre figuras que confunden liderazgo con espectáculo. Ya tenemos alternativas reales, mucho más preparadas, equilibradas, decentes y merecedoras de la confianza que les vamos a dar. Pero para que esas opciones se impongan, tenemos que dejar de premiar la confrontación por sí misma y dejar de resignarnos a la opacidad. Colombia merece respeto democrático, sensatez y humanidad. Y si de verdad queremos lo mejor para este país, es hora de mirar esas alternativas con atención, con esperanza y con la decisión firme de apoyarlas. Porque el poder que les vamos a dar no es un premio al ruido: es una responsabilidad que debe entregarse a quienes realmente estén a la altura.
"Tengo con @ABDELAESPRIELLA una diferencia abismal de vida, él a través de su profesión defendió a muchos criminales que yo llevé a prisión", dice el general Naranjo en @CaracolRadio
"Apoyaré a cualquier candidato que asegure libertades y derechos, y las propuestas del centro son decentes"
Ni las amenazas de abusar del sistema judicial, ni los videos estigmatizantes que difunde el movimiento político de Abelardo de la Espriella en los que deforma mi imagen, ni la lluvia de insultos regados por bots y fanáticos, ni la violencia política ejercida en mi contra por el candidato presidencial, su organización política y su abogado lograrán silenciarme. Las estrategias de intimidación a la prensa, en las que es experto el candidato, le han servido en el pasado para acallar cualquier debate en torno a su cuestionable vida pública. En esta ocasión, por el bien de Colombia, tendrá que ser diferente. #LosDanieles #LaFamiliaDMG https://t.co/MFVr9swp6w