En 1995, Nicole van den Hurk, de 15 años, salió en bicicleta para ir a trabajar, pero nunca llegó. Semanas después encontraron su cuerpo en un bosque y el caso permaneció sin resolver durante 16 años.
En 2011, su hermanastro Andy entró en una comisaría y confesó haberla matado. Pero era mentira.
Lo hizo porque sabía que su confesión obligaría a la Policía a reabrir el caso y volver a analizar las pruebas con nuevas técnicas de ADN. El plan funcionó: el ADN no era suyo, sino el de un violador ya condenado, que acabó siendo detenido y sentenciado a 12 años de prisión.
Andy consiguió resolver el asesinato de su hermana fingiendo ser su asesino.