Sometimes I come across a post that I wonder how they managed to write down EXACTLY how I feel about something. This is that post.
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Starting today at 00:00, all shipments to the European Union are cancelled, with the only exceptions being Germany and Spain. This is because of the PPWR, the new Packaging and Packaging Waste Regulation. I thought this would never actually happen, because it goes against all logic, but the greed of the member states won in the end.
To understand in depth what has happened and why, read the full story on the blog:
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8 days ago, while jogging, I asked Claude to solve the Riemann Hypothesis
It didn’t. 1.5 days later, it proved >= 67% of the zeros are on the line (prev: 41.6%)
Still not sure what that means, but some analytic number theorists seem excited
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@nic_amadio It’s not the pan, it’s the chef! Sure stainless steel is nice and all but someone’s gotta know how to use it. It’s like if you saw a nice and crafted piece of code and you thanked the IDE :)
“UNA MANGA DE ENVIDIOSOS, DEL PRIMERO AL ÚLTIMO”: LA EDITORIAL DE UN DIARIO DE URUGUAY A LOS QUE APOYARON A INGLATERRA
Tras el triunfo de Argentina sobre Inglaterra en las semifinales, el semanario uruguayo Búsqueda publicó un duro editorial de su director, Andrés Danza, contra los uruguayos que hincharon por los británicos. En el texto apuntó contra la idiosincrasia uruguaya, a la que definió como envidiosa y desconfiada. También cuestionó las "cuatro estrellas" que se adjudica Uruguay, recordando que dos fueron en Juegos Olímpicos y las otras dos antes de que existiera la actual Copa del Mundo.
Editorial
"Argentinos orientales" fue como se definieron el 25 de agosto de 1825 los libertadores al firmar la Declaratoria de la Independencia del Imperio de Brasil en la Piedra Alta, Florida. Argentinos orientales se sentían aquellos 33 orientales —aunque eran bastante más que 33— que cruzaron el río para independizar a lo que consideraban su patria, ocupada por los portugueses. Lo que querían era formar otra provincia más para incorporar al proyecto de Provincias Unidas, que luego terminó siendo la República Argentina. La voluntad era esa. Por más que la historia posterior fue de separación entre ambos pueblos y que mucho tiempo después alguien sumó una coma en medio de las palabras originales (argentinos, orientales) como forma de maquillar la historia.
La gran ironía es que, pasados dos siglos, casi nadie tiene en cuenta ese embrión conjunto, al menos de este lado del Río de la Plata. Porque si hay algo que claramente la mayoría de los uruguayos no quiere ser es Argentina, y esa rivalidad se aviva aún más en tiempos de exceso de fanatismo futbolístico. Que conste que no son todos. Hay unos cuantos que sí se siguen sintiendo muy cerca de sus vecinos argentinos y se alegran por sus victorias. Pero no dejan de ser una minoría.
Después del triunfo de ayer miércoles, Argentina está otra vez en la final de un Mundial de fútbol, el evento deportivo más popular de toda la histor i a. Podría ser una alegría para muchos orientales, pero no lo es. Al revés, lo sufren; están deseando que se desmoronen de una buena vez. Raro y contradictorio, pero cierto.
La gran pregunta es por qué, de dónde viene esa especie de resistencia a los triunfos argentinos que se parece bastante al odio y a la envidia. Qué fue lo que pasó, si es que pasó algo. Porque, además, no es recíproco. Por más que unos cuantos argentinos no quieren a los uruguayos, la mayoría sí los valora positivamente, los siente muy cerca y así lo demuestra la historia y también el presente. Una parte importante de Uruguay se construyó gracias a la presencia de argentinos en su territorio, ese es un hecho evidente.
Una posible explicación de esa actitud tan mezquina con respecto a los argentinos puede estar relacionada con algo en nuestra idiosincrasia uruguaya, parecido a un complejo de petiso o de hermano menor. Somos un país pequeño, ubicado entre dos gigantes, como son Argentina y Brasil, y surgido luego de una negociación diplomática liderada por el inglés Lord Ponsomby, con la idea de instalar un estado tapón entre ambas potencias. Nacimos como nación a pesar de y mirando para los costados, y es probable que eso haya marcado nuestra historia.
De todas formas, con los argentinos hay una rivalidad especial, mucho más grande que con los brasileños. Se puede aducir que eso es responsabilidad de los argentinos, y especialmente de los porteños, que por su forma de ser un tanto avasallante y soberbia no son queridos en casi ninguna parte del mundo. Pero el tema con Uruguay va mucho más allá y tiene más que ver con nosotros, los uruguayos, y con esa deformación que tenemos de siempre estar mirando para afuera en lugar de hacerlo para adentro.
En definitiva, somos un pueblo envidioso y desconfiado. Tenemos esas dos características en el ADN y quedan mucho más de manifiesto ante situaciones extremas y en especial en tiempos de competencias que despiertan la atención mundial. Como no nos va bien a nosotros no queremos que le vaya bien a ninguno de los que tenemos cerca. Es como un consuelo que nos damos, como una forma de sentirnos un poco más aliviados.
También nos viene bien para seguir mirando hacia el pasado y subestimando al presente, sin asumir nuestras debilidades y errores.
¡Pero si tenemos cuatro campeonatos del mundo!, gritamos; más que ellos, que por ahora tienen tres. Lo que no mencionamos es que dos de esos campeonatos ni siquiera fueron Mundiales, sino Juegos Olímpicos y que los otros dos ocurrieron antes de que existiera la actual Copa del Mundo, esa que tiene un globo terráqueo de oro en su cima y que nunca ganamos.
Igual somos mucho más que ellos, insistimos. Porque tenemos la hazaña del Maracaná, porque fuimos la Suiza de América, porque tenemos estabilidad política y económica, índices mucho más bajos de corrupción y una clase política y dirigencia en los distintos rubros de mayor nivel. Somos los hermanos buenos, estamos del lado del río donde todo se puede hacer de mejor manera. Aquí es más fácil invertir, emprender, crecer. No hay grandes sobresaltos ni crisis ni escándalos a gran escala.
Todo eso puede ser verdad, pero lo que cada vez tenemos menos es sentido de autocrítica. El fútbol es un claro ejemplo, aunque eso también ocurre en otros planos, igual o más importantes. Esta es una buena oportunidad como para asumirlo de una vez por todas.
Lo que tiene la selección de Argentina en este Mundial son dos características fundamentales. La primera es una resiliencia y una rebeldía admirables. Nunca se da por vencida. La segunda es unión y autoestima elevada. Formó un equipo sólido, sin fisuras, en el que todos realmente creen en ellos mismos y tiran juntos para el mismo lado. Lo contrario a lo que está ocurriendo de un tiempo a esta parte con Uruguay.
Estaría bueno que los argentinos vuelvan a ser campeones del mundo. Lo digo sabiendo del riesgo de quedar como un traidor a la patria. Pero me parece muy importante poder abordar este tema desde otra perspectiva. Porque Argentina otra vez campeona del mundo significaría que no estamos tan lejos, que no es un imposible y que capaz que es hora de mirarlos desde otro lugar y de aprender de lo que ellos están haciendo, al menos en el fútbol.
Cuando el expresidente Jorge Batlle dijo, allá por 2002, al finalizar una entrevista con la cadena internacional Bloomberg que “los argentinos son una manga de ladrones, del primero al último”, se generó un gran escándalo. Tanto, que tuvo que viajar a Buenos Aires a pedir disculpas, con lágrimas en los ojos. Lo irónico es que, según encuestas que se divulgaron en ese momento, había una mayoría de argentinos que compartía esa afirmación.
Otros políticos le dieron la razón después, de l as dos orillas del Río de la Plata. Quedó como una de esas frases emblemáticas, por más que Batlle la haya dicho off the record, sin intención de que se difundiera, y porque estaban comparando a su país con Argentina en el peor momento de la crisis económica.
Pasaron 20 años y, en el medio, ellos vivieron de todo. Han subido y bajado como en una montaña rusa. Pero siempre logran mantenerse porque creen en ellos mismos y se concentran en sus propias virtudes y defectos en lugar de estar buscando las de los demás.
Nosotros no. Seguimos ocupados siguiendo al detalle sus vaivenes, de espalda a lo que nos pasa fronteras adentro. Mientras, les deseamos el mal en lugar de intentar saber por qué les va tan bien. Los envidiamos en lugar de aprender de ellos. Tratamos de destruirlos en lugar de construir con el ejemplo. Y así no se puede. Por más cerca que estemos, somos nosotros los que nos ubicamos cada vez más lejos.
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We're here to Connect Infinity 🧵👇🏻
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Spain is suffering its worst flood in decades after torrential rains struck the eastern province of Valencia. The death toll is climbing and people remain missing.
📸These images from Landsat-8 satellite illustrate the scale of the disaster, with images from October 8 and October 30.
Okay, after finally reading/puzzling through CrowdStrike's Root Cause Analysis (the way the 20 vs 21 inputs thing actually worked is confusing as hell) I can empathize a bit more with CS's people. And I finally think I can explain what happened here in layman's terms:
🧵
I have a mental illness that makes me think that people will change their minds if I present the correct arguments with the appropriate facts and data.